🏜️🔺 Esto lo cambia todo: la verdad incómoda sobre quién construyó realmente las pirámides, por qué no encajan en la historia oficial y qué civilización pudo existir antes de Egipto

La humanidad fue estafada: revelaron cómo fue la verdadera construcción de  las pirámides de Egipto y cambia la historia - El Cronista

La versión oficial es clara y tranquilizadora.

El faraón Jufu, conocido como Keops, habría ordenado construir la Gran Pirámide alrededor del año 2500 antes de nuestra era.

En unos veinte años, más de dos millones de bloques de piedra caliza habrían sido extraídos, transportados y colocados con precisión usando herramientas de cobre, trineos de madera y pura organización humana.

Caso cerrado.

Pero cuando se observa el monumento sin repetir el guion aprendido, surgen grietas difíciles de tapar.

Graham Hancock, periodista de formación y uno de los críticos más persistentes de la narrativa tradicional, lo resume con una frase sencilla: no cuadra.

Para él, la Gran Pirámide no encaja con la imagen de una civilización que apenas estaba comenzando a experimentar con arquitectura monumental.

El primer problema es el silencio.

Los egipcios documentaban obsesivamente sus logros.

En tumbas reales abundan jeroglíficos, textos religiosos, nombres, títulos y alabanzas.

Sin embargo, dentro de la Gran Pirámide no hay absolutamente nada.

Ninguna inscripción que mencione a Jufu.

Ninguna escena ritual.

Ninguna declaración de propósito.

Solo pasillos, cámaras colosales y piedra desnuda.

El supuesto sarcófago del llamado Cuarto del Rey es igual de desconcertante: una caja de granito lisa, sin decoración, sin nombre y completamente vacía.

Nunca se encontró una momia.

Nunca aparecieron objetos funerarios.

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Si fue una tumba, es la tumba más inexpresiva jamás construida por una civilización que adoraba la pompa funeraria.

La atribución a Jufu descansa casi por completo en unas marcas de cantera halladas en cámaras ocultas sobre la Cámara del Rey, descubiertas en 1837 por el coronel británico Howard Vyse tras usar explosivos.

No hubo testigos independientes del hallazgo original y los diarios de Vyse presentan inconsistencias.

Para Hancock, resulta inquietante que un monumento de esta magnitud se apoye en pruebas tan frágiles.

Pero incluso dejando de lado la cuestión histórica, el problema técnico sigue en pie.

La Gran Pirámide no es solo grande, es absurdamente precisa.

Está alineada con el norte verdadero con un margen de error de apenas 0,05 grados.

No el norte magnético, sino el eje real del planeta.

Lograr esa exactitud hoy requiere tecnología avanzada.

¿Cómo se hizo hace más de 4.500 años?

La base del monumento, que cubre más de 13 acres, está nivelada con una diferencia inferior a una pulgada.

Ingenieros modernos admiten que lograr algo así incluso hoy sería un desafío monumental.

No es improvisación.

Es planificación matemática extrema.

Luego está el encaje de los bloques.

Algunas juntas son tan precisas que no cabe una hoja de afeitar entre ellas.

Muchas piedras no son simples rectángulos; tienen ángulos complejos diseñados para distribuir peso y resistir terremotos.

Eso no parece fruto de ensayo y error.

El uso de herramientas de cobre plantea otro problema.

El cobre es blando, especialmente frente al granito.

Sin embargo, el corazón de la pirámide, la Cámara del Rey, está construida con enormes bloques de granito procedentes de Asuán, a más de 800 kilómetros al sur.

Algunos pesan hasta 80 toneladas.

Transportarlos, elevarlos y colocarlos con esa precisión sigue siendo un misterio sin una explicación concluyente.

Las teorías de rampas gigantes enfrentan obstáculos serios.

Una rampa capaz de elevar esos bloques hasta la altura necesaria tendría que haber sido colosal, incluso más grande que la propia pirámide.

No hay restos claros de ella.

Otras hipótesis, como rampas internas o sistemas de contrapesos, carecen de pruebas arqueológicas sólidas.

Cuando se hacen los cálculos, el problema se agrava.

Para completar la pirámide en veinte años, habría que colocar un bloque cada dos minutos y medio, día y noche, sin interrupción, durante dos décadas.

Manteniendo además una coherencia geométrica perfecta.

Para Hancock, eso no es ambicioso: es inverosímil.

La sensación de anomalía aumenta al observar las proporciones internas.

La relación entre la altura y el perímetro refleja el número pi.

La verdad oculta detrás de las pirámides de Egipto sale a la luz tras  nuevas investigaciones

Existen correspondencias con el año solar y con dimensiones del planeta.

Desde esta perspectiva, la pirámide parece menos una tumba y más un instrumento de conocimiento construido en piedra.

Y entonces aparece la Esfinge.

Tallada directamente en la roca viva, muestra un patrón de erosión que no encaja con el viento y la arena.

El geólogo Robert Schoch observó profundas hendiduras verticales y superficies redondeadas típicas de erosión por agua.

El problema es que Egipto no ha tenido lluvias intensas desde el final de la última glaciación, hace más de 10.

000 años.

Si la Esfinge muestra ese desgaste, tendría que ser muchísimo más antigua de lo que dice la historia oficial.

Anterior incluso a la civilización egipcia dinástica.

Eso implicaría la existencia de una sociedad organizada y capaz de trabajar la piedra a gran escala en una época que consideramos prehistórica.

Hancock conecta esta idea con un posible cataclismo global ocurrido alrededor del año 10.

500 antes de nuestra era, un periodo de cambios climáticos abruptos que pudo haber devastado una civilización avanzada.

Desde esa perspectiva, las pirámides no serían el inicio de la historia, sino los restos de algo anterior, heredados y reinterpretados por los egipcios.

Incluso descubrimientos modernos parecen alimentar el misterio.

En 1993, un robot detectó una puerta sellada dentro de uno de los conductos de la Gran Pirámide.

La exploración se detuvo.

En 2017, tomografías de muones revelaron un enorme vacío oculto sobre la Gran Galería.

El hallazgo se anunció… y luego, silencio.

Para Hancock, el patrón es claro.

Cada vez que algo amenaza con alterar la narrativa establecida, la investigación se frena.

Él no afirma tener todas las respuestas.

Su mensaje final es más inquietante: tal vez no estamos dispuestos a hacer las preguntas correctas.

Si una civilización avanzada pudo existir antes y desaparecer casi por completo, entonces la idea de progreso lineal se vuelve frágil.

Quizá las pirámides no fueron tumbas.

Quizá fueron mensajes.

Advertencias talladas en piedra para sobrevivir al tiempo, al agua y al olvido.

Y si eso es cierto, entonces el mayor misterio no está en el pasado… sino en lo poco que sabemos sobre nosotros mismos.

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