El departamento de Boyacá se encuentra sumido en una profunda e inesperada oscuridad este jueves, 15 de enero de 2026.
Los terrenos de cultivo de la vereda Romita, situados en el límite geográfico entre los municipios de Paipa y Duitama, se han transformado en un epicentro de dolor y rigor forense.

Lo que hace apenas unos días era un paisaje bucólico de labranza, hoy es una escena dantesca donde las autoridades de criminalística y la Aeronáutica Civil trabajan contra reloj para desentrañar las causas del siniestro aéreo que le arrebató la vida al ídolo de la música popular, Yeison Jiménez, y a otras cinco personas.
La cronología del desastre comenzó con un estruendo que rompió la calma habitual de la tarde boyacense.
Maximiliano Panqueva, administrador de la finca donde impactó la aeronave, relató con voz temblorosa los últimos instantes del vuelo.
Según su testimonio, todo comenzó con un sonido mecánico inusual, una especie de zumbido fuera de ritmo que alertó a los trabajadores del campo.
“La avioneta venía a una altura muy baja.
Vimos cómo hizo un giro forzado hacia la derecha y luego se sintió un golpe seco”, explicó Panqueva.
El relato del testigo es clave para los investigadores: tras el primer impacto, hubo una aceleración repentina, un intento desesperado del motor por recuperar sustentación que elevó la nariz de la avioneta momentáneamente, antes de caer definitivamente en picada.
El acceso al lugar del siniestro supuso un reto mayúsculo para los organismos de socorro.
El terreno escarpado obligó a los vehículos de emergencia a abrirse paso entre la maleza, guiados únicamente por las columnas de humo que aún emanaban de los metales retorcidos.
Mauricio Estupiñán, otro testigo que transitaba por la vía que conduce a la vereda, describió una escena de parálisis absoluta.
“La aeronave sobrevoló tan cerca de mi camioneta que tuve que detenerme.

Fue un golpe y de inmediato prendió y estalló”, recordó con horror.
La velocidad de la explosión, alimentada por el combustible, hizo que cualquier intento de rescate inmediato fuera estéril.
En las últimas horas, la controversia sobre si la aeronave logró o no realizar la maniobra de despegue ha sido zanjada por el alcalde de Paipa.
En una declaración conjunta con el director de la Aeronáutica Civil desde la zona de impacto, el mandatario confirmó que la avioneta sí despegó del aeródromo Juan José Rondón.
“Estamos a aproximadamente un kilómetro de la cabecera de la pista.
Es necesario aclarar esto para detener las especulaciones: el avión alcanzó a estar en el aire antes de que la tragedia se desencadenara”, sentenció el burgomaestre.
Esta confirmación redirige la investigación hacia lo que ocurrió en ese minuto y medio de vuelo fatídico.
Las piezas de la avioneta han comenzado a “hablar” a los expertos.
El director de investigaciones de la Aeronáutica Civil señaló que el estado de los motores y la posición de las hélices tras el impacto proporcionan una línea investigativa específica.
“Partimos de una base sólida: la aeronave era navegable, había volado el día anterior y contaba con sus certificados vigentes”, afirmó el capitán a cargo.

Sin embargo, la dinámica del impacto —un primer golpe seguido de un rebote y un incendio total— sugiere que la velocidad y la actitud de vuelo en el momento del colapso serán los factores determinantes para entender si se trató de una falla mecánica súbita o de un error de maniobra bajo condiciones críticas.
Mientras las labores de criminalística avanzan bajo la mirada atenta de los vecinos y campesinos de la vereda Romita, el país intenta asimilar la pérdida de un artista que estaba en la cúspide de su carrera.
Los habitantes de la zona, a pesar de la distancia impuesta por el cordón policial, se mantienen en los alrededores como una muestra espontánea de respeto y cariño hacia las víctimas.
“Es un momento de mucha angustia, de no poder hacer absolutamente nada”, se lamentan quienes llegaron primero al sitio con la intención de prestar ayuda.
El copiloto de la aeronave dejó, irónicamente, un último rastro digital: un video publicado en sus redes sociales minutos antes del despegue donde se registraba el ascenso inicial, lo que hoy se suma al acervo probatorio de la fiscalía.
Este material, junto con los videos grabados por aficionados desde tierra, conforma el rompecabezas visual que los peritos analizan cuadro por cuadro.
La concentración de los restos en un área específica de la vereda Romita indica que no hubo una desintegración en el aire, sino un choque violento contra el suelo que selló el destino de los seis ocupantes.
Hoy, 15 de enero de 2026, el sentimiento en Boyacá es de una consternación profunda.
Las autoridades han advertido que la investigación será exhaustiva y que no se descarta ninguna hipótesis, desde el factor humano hasta variables meteorológicas locales.
El alcalde de Paipa ha reiterado su compromiso de brindar todas las facilidades para que la verdad salga a la luz, mientras el sector de la música popular se prepara para despedir a uno de sus hijos más queridos.
La vereda Romita, marcada ahora por la tragedia, queda como el último escenario de un hombre que voló hacia la eternidad intentando cumplir con su destino.