IU cree que el "liderazgo fallido" de Irene Montero dificulta un pacto andaluz con Podemos

 

La cuenta atrás hacia el cierre del plazo legal para registrar coaliciones en Andalucía, fijado para el 3 de abril, ha intensificado la presión sobre Podemos, que en los últimos días ha evidenciado un creciente nerviosismo ante un horizonte electoral cada vez más incierto.

La formación morada ha acelerado contactos con Izquierda Unida en un intento de sellar una alianza de última hora que le permita evitar concurrir en solitario, un escenario que podría traducirse en una nueva pérdida de representación institucional.

Fuentes cercanas a las conversaciones reconocen que, aunque no existe una negociación formal confirmada, sí se han producido acercamientos discretos para explorar un acuerdo “in extremis”.

Esta fórmula, habitual en el espacio de la izquierda alternativa, parece sin embargo haber perdido credibilidad en esta ocasión.

La desconfianza acumulada y la falta de avances concretos han marcado una semana decisiva para el futuro político del bloque.

El contexto reciente ha resultado especialmente adverso para Podemos.

Los resultados obtenidos en Aragón y Castilla y León han evidenciado dificultades para articular candidaturas conjuntas, debilitando su capacidad de negociación.

Este precedente pesa ahora sobre Andalucía, donde el riesgo de repetir un escenario similar es elevado.

La negativa de Adelante Andalucía a integrarse en una plataforma común ha consolidado aún más la fragmentación del espacio político a la izquierda del PSOE.

En este escenario, el liderazgo de Antonio Maíllo ha cobrado relevancia.

El coordinador andaluz de Izquierda Unida ha trasladado abiertamente la responsabilidad a Podemos, insistiendo en que “la unidad depende exclusivamente de su decisión”.

Sus palabras reflejan la posición de una organización que, pese a defender la confluencia, exige condiciones claras y una voluntad política firme.

Desde el entorno de Por Andalucía también se ha reconocido que la suma de fuerzas sigue siendo clave para mantener opciones competitivas, aunque cada vez se percibe como más improbable.

“La unidad es necesaria, pero requiere confianza mutua”, apuntan fuentes del espacio, evidenciando las tensiones internas que dificultan un acuerdo.

 

 

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Por su parte, dirigentes de Podemos han intentado proyectar una imagen de optimismo.

Pablo Fernández ha defendido públicamente que “los contactos están abiertos” y que existe margen para el entendimiento.

Sin embargo, en la práctica, estos contactos no se han traducido en avances tangibles, lo que alimenta la percepción de que la formación actúa impulsada por la urgencia más que por una estrategia consolidada.

Este giro estratégico contrasta con la postura adoptada por Podemos hace apenas unos meses, cuando defendía concurrir en solitario en distintos procesos electorales, tanto a nivel autonómico como nacional.

Aquella apuesta por diferenciarse del resto de fuerzas de izquierda no ha dado los resultados esperados.

La pérdida de presencia en varias comunidades autónomas ha obligado a replantear la estrategia y ha dejado al partido en una posición más vulnerable.

“Queríamos marcar perfil propio”, admiten voces internas, aunque reconocen que la fragmentación del voto ha tenido consecuencias negativas.

Este cambio de rumbo ha sido interpretado por algunos de sus potenciales aliados como una señal de debilidad, lo que complica aún más las negociaciones en curso.

 

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El panorama andaluz refleja así una izquierda alternativa dividida, con dificultades para articular un proyecto común en un momento clave.

La falta de acuerdo no solo debilita las expectativas electorales del bloque, sino que también puede tener un impacto duradero en su capacidad de influencia política.

A medida que se acerca la fecha límite, el margen de maniobra se reduce.

Las decisiones que se tomen en los próximos días serán determinantes para definir el futuro inmediato de Podemos en Andalucía.

En este contexto, un dirigente cercano a las conversaciones resumía la situación con claridad: “Ya no se trata de crecer, sino de resistir”.

La semana arranca, por tanto, con una conclusión cada vez más compartida en el ámbito político: el riesgo de retroceso de Podemos ha dejado de ser una hipótesis y se perfila como un escenario real si no logra articular una alianza que le permita mantenerse en el tablero electoral andaluz.