Carlos Vives compartió un emotivo testimonio sobre la profunda amistad y las conversaciones íntimas que mantuvo con Yeison Jiménez antes de su fallecimiento.

Carlos Vives, uno de los íconos de la música colombiana, rompió su silencio en un emotivo video donde comparte su vínculo con Yeison Jiménez, quien falleció hace apenas 16 días.
Durante años, la relación entre ambos artistas había estado envuelta en rumores y miradas cómplices, pero nunca había sido expuesta públicamente.
En este espacio íntimo, Vives revela detalles que pocos conocían sobre su amistad, que se fortaleció en momentos cruciales.
“Recuerdo aquella llamada inesperada que me hizo justo antes de que todo cambiara”, confiesa Carlos, con la voz entrecortada.
Aquella conversación, aunque breve, dejó una huella profunda en su memoria.
“Cada palabra que intercambiamos tenía un peso emocional que aún resuena en mí”, añade, mientras sus ojos reflejan la nostalgia de esos momentos compartidos.
La conexión entre Vives y Jiménez no era solo profesional; era una amistad sincera y discreta, forjada en el silencio y la comprensión mutua.
“Lo que me impulsó a marcar ese número en ese instante fue la necesidad de hablar con alguien que realmente entendía la intensidad del éxito y el peso invisible del reconocimiento”, explica Vives, rememorando la profundidad de sus charlas.

Yeison tenía una claridad sorprendente para su edad.
“Él sabía que la vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos”, dice Vives.
“Siempre hablaba desde una calma que intimidaba, como quien sabe que cada elección deja una huella que no se borra”.
Esta sabiduría, que Jiménez compartía en sus momentos de introspección, se convirtió en una lección disfrazada de conversación.
“Me confesó que la fama no siempre protege y que mantener el equilibrio interno es fundamental”.
Vives recuerda cómo, a medida que se acercaban los viajes largos, Yeison se volvía más introspectivo.
“Él absorbía cada detalle a su alrededor, meditando sobre lo frágil que es todo.
Me dijo en varias ocasiones que esos trayectos lo llevaban a reflexionar sobre lo rápido que uno puede perderse en el mundo sin aviso”.
Esta sensibilidad y capacidad de reflexión eran parte de su esencia, algo que Vives valoraba profundamente.
Una de las conversaciones más memorables que compartieron fue sobre la marca que Jiménez quería dejar en el mundo.
“No surgía del ego, sino de un profundo agradecimiento”, relata Vives.
“Quería que algún día se entendiera que cada melodía estaba cargada de verdad”.
Con estas palabras, Jiménez dejó claro que su música era un reflejo de su alma, un acto de sinceridad que trascendía el simple entretenimiento.

La admiración que Vives siente por su amigo es palpable.
“No era un adiós explícito, pero había un peso en sus palabras que se queda en el pecho y no se olvida”, dice, recordando la última vez que se vieron.
Intentó reconfortarlo, recordándole todo lo que aún tenía por delante, pero comprendió que Yeison tenía una visión única de la vida.
“Él percibía realidades que pocos logran sostener sin perderse en ellas”, añade Vives, con un tono de respeto.
Carlos también reflexiona sobre cómo Jiménez vivía cada día con una urgencia serena, dejando huellas que permanecen.
“Era un hombre que sabía que la vida no siempre regala segundas oportunidades”, afirma.
“Su entrega total, admirable y dura, era la esencia de lo que representaba”.
Este compromiso con su arte y su público lo convirtió en un artista único, capaz de tocar la vida de quienes lo escuchaban.
El impacto de Yeison Jiménez en la música y en la vida de Carlos Vives es innegable.
“Lo que más me marcaba de él no eran los aplausos ni los titulares, sino su entrega absoluta a cada momento”, confiesa.
“Su música era un puente, un lenguaje que unía vidas, y cada canción era un fragmento de su propia historia compartido sin reservas”.
Hoy, al recordar a su amigo, Carlos Vives no lo hace desde la pena, sino desde la admiración.
“Hay artistas que desaparecen, pero hay almas que, aunque no estén, continúan acompañando”, reflexiona.
La autenticidad y la pasión que Jiménez aportó a su música siguen vivas, resonando en cada nota y en cada corazón que se dejó llevar por su arte.
“El legado de Yeison no se mide solo en premios o canciones, sino en cómo enseñó a entregarse sin miedo y a mantenerse auténtico frente a la fama”, concluye Vives.
En su emotivo relato, queda claro que la memoria de Yeison Jiménez perdurará en la música y en el corazón de quienes lo conocieron, recordándonos que lo más valioso muchas veces se encuentra entre lo que no se dice.