🎤 SE ACABÓ LA MENTIRA: Juan Fernando Fonseca confiesa la verdad de Yeison Jiménez y su muerte

Juan Fernando Fonseca rompe el silencio y revela el lado más íntimo y vulnerable de Yeison Jiménez, marcado por tensiones internas, presiones del éxito y una sensibilidad profunda que pocos conocían.

 

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Pocos imaginaban que Juan Fernando Fonseca rompería el silencio, y mucho menos que lo haría sin filtros.

Sus palabras llegan como un golpe directo a la narrativa que durante años se construyó alrededor de Yeison Jiménez.

Aquí empiezan a encajar piezas que siempre estuvieron fuera de foco: conversaciones tensas, decisiones tomadas a puerta cerrada, disputas internas y episodios que jamás llegaron a los reflectores.

Fonseca se adentra en los quiebres que desgastaron vínculos, en las luchas por el timón del proyecto, en la presión constante que impone el éxito y en controversias que por mucho tiempo solo se susurraron entre camerinos y giras.

“¿Lealtades rotas? ¿Verdades maquilladas para sostener una imagen? ¿Quién movía realmente los hilos cuando todo estaba en juego?” se pregunta Fonseca, reconociendo que lo que se revela no busca agradar ni tranquilizar.

Cada fragmento de su relato incomoda y arroja luz sobre decisiones que marcaron un antes y un después, aunque decirlo frente a una cámara tenga un precio alto.

Quienes han caminado por dentro de este negocio aprenden a leer las señales cuando algo deja de encajar, cuando el aplauso ya no logra disimular las grietas.

A Yeison lo conocí fuera del escenario, lejos del personaje público y del ruido de la fama.

“Coincidimos en momentos íntimos, sin cámaras ni testigos, cuando las charlas se volvían crudas y no había razón para fingir”, recuerda Fonseca.

No eran diálogos sobre hits o cifras, sino sobre el peso de las decisiones, el desgaste emocional y la exigencia constante de sostener un nombre en la cima.

“Por fuera parecía indestructible, pero por dentro cargaba una claridad que inquietaba”, añade.

 

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En más de una ocasión, Yeison soltó comentarios que entonces dejé pasar, ideas insistentes y presentimientos.

“No hablaba desde el miedo, sino desde una aceptación silenciosa, como si ya estuviera enfrentando realidades que los demás preferían ignorar”.

Y cada vez que el tema giraba hacia los viajes, especialmente cuando había que subirse a una avioneta, algo en su mirada cambiaba.

“Me confesaba que cuando estaba en el aire la mente se le aceleraba, que la quietud del cielo empuja a pensar en lo que uno suele dejar a un lado”.

Una llamada que aún resuena en la memoria de Fonseca fue antes de uno de esos viajes.

Yeison dijo que llamaba para saludar, pero era evidente que necesitaba desahogarse.

“Ocurriera lo que ocurriera, deseaba que quedara claro que cada paso que dio lo hizo desde el cariño profundo por su música y por la gente que lo acompañó”.

No sonó a un adiós explícito, pero sí a esas palabras que se quedan suspendidas y pesan más de lo habitual.

Con los años, Fonseca entendió que Yeison guardaba mucho más de lo que decía, que elegía con cuidado qué soltar.

“Yo intentaba anclarlo a todo lo bueno que todavía lo esperaba, empujarlo a mirar hacia adelante, aunque al mismo tiempo notaba que tenía una sensibilidad tan fina que a ratos estremecía”.

Solía decirme que la idea de morir no lo atormentaba.

“Lo que realmente le pesaba era partir con asuntos sin resolver, con emociones a medio camino, con verdades calladas por no generar ruido”.

 

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Cuando ocurrió aquel accidente que casi lo cambia todo, muchas de nuestras charlas cobraron otro sentido.

“Ese día viajaba como siempre, cargando con la presión de responderle a los demás antes que a sí mismo”.

Habían intercambiado mensajes horas antes, conversaciones normales en apariencia, pero que hoy se sienten distintas.

“Hablábamos de proyectos, del cansancio acumulado, de lo rápido que se va la vida cuando uno se entrega por completo”.

La noticia de su muerte fue un impacto helado.

“Sentí como si el mundo se hubiera detenido para obligarme a recordar todas esas palabras que Yeison fue sembrando sin saber cuánto pesarían después”.

Fue entonces cuando entendí que hay artistas que no solo componen desde la intensidad, sino que parecen intuir lo que se aproxima.

“Yeison iba más allá del éxito y los escenarios”.

Tenía una sensibilidad profunda y no esquivaba los temas difíciles.

“Hablar con él sobre la muerte no tenía carga oscura ni exagerada.

Era una charla serena, casi reflexiva, como quien acepta que la vida es finita y decide no ignorarlo”.

En varias ocasiones, justo antes de subirse a un avión, me llamaba sin un motivo claro.

“Terminábamos hablando de proyectos que aún no tomaban forma, de canciones que seguían siendo ideas”.

 

FONSECA en Orlando-NativoRock-Home

 

Con los años, Fonseca comprendió que en esos instantes Yeison buscaba algo auténtico, una presencia que lo anclara.

“Solía decir que la fama es inestable, que todo lo que parece firme puede desvanecerse de un momento a otro y que por eso lo único verdaderamente importante es estar en paz con uno mismo cuando el ruido se apaga”.

Lo ocurrido lo evaluarán otros, pero Fonseca se queda con la impresión de que Yeison llevaba tiempo sintiendo más de lo que decía, interpretando señales y silencios que muchos eligen ignorar.

“Desde muy joven entendió que la música popular iba más allá del espectáculo.

Era una manera de abrirse por completo, de exponer temores, cicatrices y verdades difíciles de nombrar”.

La partida de Yeison dejó un vacío imposible de llenar, el de un hombre que vivía para cantar, que cada día se movía pensando en su próximo encuentro con el público, sin imaginar que aquel viaje marcaría el final de su camino.

“Lo que siguió fue el resultado natural de una entrega absoluta, escenarios que parecían inalcanzables, multitudes que cantaban cada canción como si fuera propia y un reconocimiento que superó cualquier expectativa imaginable”.

Hoy, aunque su ausencia deja un silencio difícil de aceptar, la marca que dejó permanece intacta.

Porque se construyó desde la verdad, no desde la apariencia, y eso es lo que realmente perdura.

 

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