La razón por la que Jesús estuvo muerto tres días es un aspecto profundamente significativo y simbólico dentro del cristianismo.

No se trata de una casualidad o de un simple dato histórico, sino de un cumplimiento profético y un acto fundamental para la redención de la humanidad. Aquí te explico por qué exactamente tres días fueron necesarios:
1. Cumplimiento de las Escrituras
El periodo de tres días en el que Jesús permaneció muerto no es solo un elemento narrativo, sino que es el cumplimiento de profecías del Antiguo Testamento. En el libro de Jonás, capítulo 1, versículo 17, se menciona que Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre de un gran pez, lo cual es una prefiguración de la muerte y resurrección de Jesús. Jesús mismo lo hace notar en Mateo 12:40, diciendo: “Así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, también el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el corazón de la tierra.”
Este patrón de tres días ya estaba establecido en la ley divina y en las profecías del pueblo de Israel, que anunciaban que el Mesías sufriría, moriría y resucitaría en ese plazo específico.
2. Confirmación de la Muerte Real
El tiempo exacto de tres días también tiene un propósito teológico muy importante: confirmar que Jesús estaba realmente muerto. En la cultura judía de la época, se creía que el alma de una persona permanecía cerca de su cuerpo durante tres días, pero después de ese tiempo, el cuerpo comenzaba a descomponerse. Jesús estuvo muerto durante ese periodo para que no quedara duda de su muerte. No fue un desmayo ni una aparente muerte, sino una muerte real, que fue confirmada por la descomposición del cuerpo.
Este periodo de tres días también tiene un simbolismo profundo en términos de redención. Si Jesús hubiera resucitado antes, se habría puesto en duda la realidad de su sacrificio. Los tres días eran necesarios para probar que la muerte había sido consumada y para mostrar que Él realmente venció a la muerte.
3. El Tercer Día Como Signo de Resurrección
En la Biblia hay un patrón constante de resurrección al tercer día. En Génesis, cuando Dios crea la tierra, en el tercer día surge la vida vegetal. En Éxodo 19, Dios se presenta al pueblo de Israel en el tercer día, y en Oseas 6:2 se predice que el pueblo sería resucitado al tercer día. Este patrón de vida que emerge después de tres días es un símbolo profético del resurgir de la vida.
La resurrección de Jesús al tercer día, entonces, no solo cumplió con los símbolos y profecías del Antiguo Testamento, sino que también significó el triunfo sobre la muerte y la garantía de que Él es el Señor de vivos y muertos. El tercer día no fue accidental, fue parte del diseño divino de salvación.
4. La Batalla Espiritual en el Infierno
Durante esos tres días, mientras su cuerpo yacía en la tumba, el espíritu de Jesús estuvo en una batalla espiritual en el reino de los muertos. Según 1 Pedro 3:18-20, Jesús descendió al infierno para predicar a los espíritus encarcelados y proclamar su victoria sobre el mal. No solo murió para pagar el precio de nuestros pecados, sino que también fue a vencer a las fuerzas demoníacas que gobernaban la muerte.
Este descenso y victoria sobre las fuerzas del mal fue un acto necesario para quitar las llaves de la muerte (Apocalipsis 1:18) y para romper la esclavitud del pecado y la muerte para siempre.
5. El Tercer Día: La Confirmación de la Esperanza Eterna
Finalmente, los tres días sirven para confirmar la esperanza de vida eterna para todos los creyentes. La resurrección de Jesús al tercer día nos asegura que nuestra resurrección también es posible. La muerte de Jesús fue necesaria para pagar por nuestros pecados, pero su resurrección al tercer día es la prueba viviente de que podemos tener vida eterna con Él.
Como dice 1 Corintios 15:20-22: “Pero Cristo ha resucitado de los muertos; Él es las primicias de los que durmieron. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” La resurrección de Cristo al tercer día marca el principio de nuestra victoria sobre la muerte.
La Resurrección: Un Acto de Poder Divino
En resumen, esos tres días no fueron simplemente un intervalo temporal entre la muerte y la resurrección. Fueron tres días de victoria espiritual en los que Jesús cumplió el propósito de Dios: derrotó la muerte, liberó a los cautivos, venció al mal y trajo esperanza para toda la humanidad.
Esos tres días fueron la batalla decisiva que cambió el curso de la historia, y que nos ofrece vida eterna a todos aquellos que creen en Él.