🚨 ¡Impactante Revelación! FBI Toma el Control del Caso Briana Genao y Descubre Pruebas que la Policía Ignoró: ¿Qué Ocurrió Realmente?
El 3 de enero de 2026, la noche se tornó trágica en Iztapalapa cuando Roberto Hernández, un repartidor de 52 años, fue brutalmente atropellado por un Honda City azul que no se detuvo.
La escena del accidente fue escalofriante: Roberto, un hombre común que trabajaba arduamente para mantener a su familia, fue arrollado sin piedad.
El conductor, Gaby N, una enfermera de 43 años, no solo lo impactó, sino que continuó su camino, arrastrando su cuerpo durante 2 kilómetros.
Este acto de deshumanización no solo dejó a su familia devastada, sino que también planteó serias preguntas sobre la seguridad y la justicia en la Ciudad de México.

La brutalidad del accidente fue exacerbada por el hecho de que Gaby N abandonó la escena sin hacer una llamada de emergencia, sin intentar ayudar a la víctima, como si nada hubiera pasado.
El vehículo continuó su marcha hasta que un tope obligó al auto a detenerse, liberando el cuerpo de Roberto en el pavimento.
En ese momento, Gaby N bajó del auto, vio el cuerpo sin vida de Roberto y, en lugar de buscar ayuda, volvió a subirse al vehículo y desapareció en la oscuridad.
Este acto de cobardía no solo dejó a una familia destrozada, sino que también planteó serias preguntas sobre la impunidad que rodea a los conductores en la Ciudad de México.
La desaparición de Gaby N y su familia, que huyó del país días después del accidente, añade un giro inquietante a la historia.
¿Por qué una profesional de la salud, con una carrera estable, huiría como una criminal? Las especulaciones comenzaron a surgir: ¿estaba bajo la influencia de alcohol o drogas? Vecinos afirmaron haberla visto visiblemente alterada al regresar a su hogar, recogiendo documentos y ordenando a su familia que negaran su presencia.
Este comportamiento sugiere que Gaby N sabía que había cruzado una línea y que las consecuencias podrían ser severas.
El caso de Roberto Hernández no es un incidente aislado; refleja un patrón más amplio de impunidad en la Ciudad de México.
En el último año, la ciudad ha visto un aumento alarmante en los atropellos donde los responsables se dan a la fuga.
Según datos de la Fiscalía capitalina, en 2025, se registraron 342 casos de homicidio culposo por accidentes viales con fuga, y solo el 18% resultó en detenciones.
Esto plantea la inquietante cuestión de si Gaby N creía que podría evadir la justicia.
La cultura de la impunidad parece haber alimentado su decisión de huir.

La falta de acción por parte de las autoridades también es preocupante.
A pesar de que el Periférico Oriente es conocido por su alta incidencia de accidentes viales, no hay operativos nocturnos permanentes.
Empleados de empresas de la zona mencionan que, después de las 10 de la noche, esa área se convierte en “tierra de nadie”, donde los semáforos se ignoran y las velocidades superan los 100 km/h.
La negligencia de las autoridades al no implementar medidas de seguridad adecuadas pone en riesgo a los ciudadanos que transitan por esa vía.
La intervención del FBI en el caso de Briana Genao ha puesto de relieve la necesidad de una revisión exhaustiva de cómo se manejan estos incidentes.
La aparición de nuevas pruebas que la policía local no había considerado plantea serias interrogantes sobre la eficacia del sistema de justicia.
¿Están las autoridades realmente comprometidas con la búsqueda de la verdad, o están encubriendo algo más siniestro? La presión sobre la policía local aumenta, y la comunidad exige respuestas.
El funeral de Roberto fue un evento conmovedor, con cientos de personas asistiendo para rendir homenaje a un hombre que representaba a muchos trabajadores honestos en la ciudad.
Las camisetas blancas con la leyenda “Justicia para Roberto” simbolizaban no solo el luto, sino también la rabia contenida de una comunidad que exige respuestas.
Durante el sepelio, las palabras fueron genéricas, pero el dolor y la frustración eran palpables.
Nadie mencionó la negligencia criminal ni la impunidad sistémica que rodea a casos como este, lo que refleja una cultura de silencio y miedo.

Mientras tanto, la investigación avanza lentamente.
La Fiscalía General de Justicia ha confirmado que se está trabajando en la reconstrucción de los hechos y en la búsqueda de Gaby N, pero el tiempo corre y la presión aumenta.
Cada día que pasa sin avances concretos refuerza la percepción de que el sistema de justicia está fallando a sus ciudadanos.
La comunidad de Iztapalapa espera respuestas, y el eco de su demanda por justicia resuena en cada rincón de la ciudad.
Las preguntas persisten: ¿Logrará la policía encontrar a Gaby N y llevarla ante la justicia? ¿O su caso se convertirá en otro ejemplo de impunidad en un sistema que a menudo falla a sus ciudadanos? La historia de Roberto Hernández es un recordatorio de la fragilidad de la vida y la lucha constante por justicia en las calles de Iztapalapa.
La verdad sobre lo ocurrido esa noche sigue en la penumbra, y la comunidad espera respuestas.

La intervención del FBI podría ser el rayo de esperanza que necesitan para desentrañar este caso, pero el tiempo corre y la presión aumenta.
La lucha por justicia continúa, y la voz de la comunidad se alza, exigiendo que se haga justicia por Roberto y por todos los que han sido víctimas de un sistema que a menudo protege a los culpables.
La historia de Roberto Hernández no es solo un caso más; es una llamada a la acción, un recordatorio de que la lucha por la justicia es una responsabilidad colectiva que no debe ser ignorada.