Empleado de Costco robó $34 millones a un Cártel y desapareció para siempre sin dejar rastro 🥚

En una madrugada del 15 de marzo de 2021, un empleado de Costco en Tijuana, México, llevó a cabo un robo audaz que dejaría a muchos boquiabiertos.

 

 

A las 4:10 a.m., el estacionamiento de Costco estaba desierto, excepto por una camioneta Honda Pilot blanca que se movía lentamente entre los espacios vacíos.

El conductor, Miguel Ángel Herrera, un hombre de 42 años y padre de familia, apagó el motor y extrajo una maleta deportiva negra de 23 kg.

Dentro de esa maleta había suficiente dinero en efectivo para comprar 500 casas en el barrio más caro de la ciudad: 34 millones de pesos mexicanos.

Este dinero, sin embargo, no le pertenecía a él; era propiedad de uno de los cárteles más violentos del país.

En menos de seis horas, cuando se descubriera el robo, comenzaría la cacería más intensa en la historia del crimen organizado en la frontera.

Pero Miguel no era un criminal común; era un empleado de Costco sin antecedentes penales, un hombre que había ejecutado el robo más audaz de su vida utilizando solo su uniforme de trabajo y su conocimiento de los sistemas de la empresa.

¿Cómo logró un empleado común robar millones a un cártel y desaparecer sin dejar rastro? La respuesta se encuentra en los detalles que nadie vio venir.

Miguel llevaba 14 años trabajando en el mismo Costco, comenzando como auxiliar de bodega y ascendiendo a supervisor de inventarios gracias a su excepcional memoria fotográfica.

Conocía cada rincón de la tienda, cada cámara de seguridad y cada rutina de los guardias.

 

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Su vida era predecible, pero Miguel tenía una curiosidad compulsiva que lo llevaba a investigar cualquier irregularidad en sus rutinas.

Todo comenzó el 28 de febrero de 2021, cuando notó algo extraño en la rutina de entregas de una empresa llamada Distribuidora del Pacífico.

Los repartidores llegaban a las 3 a.m. y nunca interactuaban con el personal de seguridad, además de que siempre pagaban en efectivo por multas de estacionamiento.

Miguel decidió observar más de cerca y descubrió que la empresa no entregaba productos de limpieza, sino que recogía dinero del locker de empleados número 412, que oficialmente estaba vacío.

Al investigar, encontró fajos de billetes de 500 pesos cuidadosamente empacados en bolsas de vacío, descubriendo que Costco estaba siendo utilizado como centro de lavado de dinero.

Miguel se dio cuenta de que cada semana pasaban aproximadamente 2 millones de pesos por ese locker, lo que representaba más de 60 millones de pesos en efectivo en los últimos ocho meses.

Ahora que sabía la verdad, se convirtió en un testigo peligroso para el cártel y se enfrentó a dos opciones: reportar el descubrimiento a las autoridades o permanecer en silencio.

Sin embargo, Miguel encontró una tercera opción: usar su conocimiento del sistema de Costco para robar el dinero.

Pasó una semana estudiando cada detalle de la operación y descubrió una ventana de 17 horas entre el depósito y la recogida del dinero.

El domingo 14 de marzo sería el día perfecto para llevar a cabo su plan.

Miguel llegó al Costco a las 4 a.m., dos horas antes de que llegaran los guardias del turno matutino, y utilizó su llave maestra para acceder al locker.

Con la maleta deportiva lista, se dirigió al locker 412 y encontró seis bolsas de vacío llenas de billetes de 500 pesos, organizados con precisión militar.

Con una eficiencia sorprendente, Miguel transfirió el dinero a su maleta, pero no contaba con que alguien más estaba en el edificio.

Se encontró con Roberto, el supervisor de mantenimiento, pero logró mantener la calma y la conversación natural.

Después de que Roberto se alejó, Miguel completó la transferencia y salió del edificio, explicando a los demás que iba al gimnasio.

Con su tarjeta de empleado, registró su salida y condujo a casa, donde preparó su escape.

Miguel le dijo a su esposa Carmen que debía ir a Los Ángeles por un problema legal urgente y se despidió de su familia, prometiendo regresar pronto.

A las 6:45 a.m., salió hacia la frontera, eligiendo la ruta más congestionada para no levantar sospechas.

Con documentos legítimos, cruzó la frontera sin problemas y se dirigió a un área de descanso donde realizó cambios en su apariencia y apagó su teléfono celular.

Miguel había estudiado cómo desaparecer en la era de la información y utilizó efectivo para comprar un nuevo teléfono y reservar habitaciones de hotel.

Su plan era simple: moverse constantemente y evitar cualquier patrón que pudiera ser rastreado.

Mientras tanto, en Tijuana, los repartidores llegaron a Costco y encontraron el locker vacío.

La reacción del cártel fue inmediata y brutal; comenzaron a interrogar a todos los empleados con acceso nocturno.

Miguel, que en ese momento estaba en Riverside, se dio cuenta de que había subestimado la rapidez de la investigación.

A las 9 de la mañana, su nombre apareció en la lista de sospechosos y los sicarios llegaron a su casa, donde Carmen explicó que él había salido hacia Los Ángeles.

Miguel, sintiendo la presión, decidió llamar a su esposa y pedirle que se fuera con los niños a casa de su hermana en Guadalajara.

Desapareció completamente el 18 de marzo de 2021, y su Honda Pilot fue encontrado en Las Vegas sin rastro de violencia.

La investigación del FBI no logró avanzar sin la cooperación del cártel, y Miguel fue declarado muerto en ausencia después de siete años.

Sin embargo, se reportaron avistamientos ocasionales de un hombre que pagaba en efectivo y evitaba cámaras de seguridad.

Miguel Ángel Herrera logró lo imposible: robar millones de pesos a un cártel y desaparecer sin dejar rastro.

Su historia es un recordatorio de que, a veces, los enemigos más peligrosos no son los de afuera, sino aquellos que conocen mejor el sistema y pueden destruirlo desde adentro.

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