El Desgarrador Adiós de Luz Mery Galeano a su Hijo Yeison Jiménez

Luz Mery Galeano despidió a su hijo Yeison Jiménez en una ceremonia cargada de dolor, fe y fortaleza, donde su testimonio conmovió a todos los presentes.

 

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El dolor se sintió en cada rincón del Movistar Arena, donde cientos de personas se reunieron para despedir a Yeison Jiménez, un ícono de la música que dejó una huella imborrable en la vida de quienes lo conocieron.

Su madre, Luz Mery Galeano, tomó el micrófono con manos temblorosas y una mirada firme que reflejaba la mezcla de tristeza y fortaleza que la caracterizaba.

En ese momento, todos comprendieron que no estaban a punto de escuchar un discurso cualquiera, sino un testimonio desgarrador de amor y pérdida.

“Hoy despedimos a Jason Jiménez, un amigo, un hijo, un hermano que llenó de música y alegría nuestras vidas”, comenzó Luz Mery, su voz apenas un susurro.

La sala se llenó de un silencio profundo, cargado de respeto y dolor.

“El vacío que ha dejado es inmenso, pero también el recuerdo de su risa y su bondad”, continuó, mientras las lágrimas comenzaban a asomarse en sus ojos.

 

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Luz Mery pidió un minuto de silencio, no solo por su hijo, sino por los seis que partieron junto a él.

“Los llamo angelitos”, dijo, convencida de que ahora cumplían una misión divina.

Sus palabras resonaron en el aire, un intento de encontrar sentido en una tragedia que parecía no tenerlo.

“La vida me ha quitado todo de golpe”, confesó, dejando entrever la fragilidad de su corazón.

“Pero me siento bendecida por haber sido su madre”.

Recordó cómo Yeison siempre decía que su madre era una guerrera, una mujer incansable que nunca permitió que a sus hijos les faltara un plato de comida.

“Me siento pequeña ante esta pérdida”, admitió, su voz quebrándose.

“Dudé de la fortaleza que él siempre me atribuía”.

Pero a pesar del dolor, Luz Mery se mantuvo en pie, hablando directamente a su hijo: “Ve tranquilo, Jason. Puedes volar sin preocuparte por nada”.

 

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Con cada palabra, Luz Mery compartió su lucha interna.

“Cuando todo ocurrió, peleé con Dios.

Le reclamé, le pregunté dónde estaba su bondad”, expresó, dejando claro que la pérdida había sacudido los cimientos de su fe.

“Agradezco a Dios por haberme elegido para traer al mundo a Jason.

Su paso por la vida no fue en vano”, dijo con firmeza, recordando el legado que su hijo había dejado.

La madre de Yeison prometió cuidar de los hijos de su hijo y de su esposa, asegurando que mientras Dios le prestara vida, estaría ahí firme, como la guerrera que él siempre vio.

“No puedo fallarle, no puedo defraudarlo”, afirmó, su voz resonando con una fuerza inesperada.

“Lo ocurrido ha trascendido fronteras; no es solo un país el que llora, son miles de personas en diferentes lugares del mundo”.

Mientras hablaba, el ambiente se tornó más pesado, más íntimo.

Luz Mery recordó la última vez que vio a Yeison sonreír y cómo cada pequeño momento se había convertido en un tesoro invaluable.

“Daríamos todo por volver a esos instantes”, dijo, su voz llena de nostalgia.

“Pero hoy, aquí, siento que mi corazón se ha partido”.

 

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El silencio se apoderó de la iglesia, un silencio que no era común, sino sagrado.

Luz Mery continuó, “Hay heridas que no se cierran, que solo se aprenden a vivir con ellas”.

Su testimonio no solo resonó en quienes conocían a Yeison, sino en cualquier madre que ha perdido un hijo.

“El amor que siento es demasiado grande para caber en una sola frase”, expresó, y cada palabra se sintió como una punzada en el corazón de los presentes.

A medida que el funeral avanzaba, Luz Mery compartió su agradecimiento por el amor del público, pero dejó claro que “ningún aplauso reemplaza un abrazo de su hijo”.

Con cada lágrima que caía, se hacía evidente que su dolor era compartido por muchos.

“Jason dio todo por su gente, por su música, por su familia”, reflexionó, mientras la realidad de su ausencia se hacía más palpable.

Finalmente, cuando la ceremonia llegó a su fin, Luz Mery se despidió de su hijo con una promesa silenciosa: “No dejaré que su historia se apague.

Lo recordaré con amor”.

Con cada paso que dio al salir, se sentía el peso del amor que la sostenía, un amor que, aunque herido, nunca se extinguiría.

La historia de Yeison Jiménez no terminaba con su partida; continuaría viva en cada persona que lo recordara, en cada canción que siguiera sonando, y sobre todo, en el corazón de su madre, quien aún rota, se mantuvo de pie.

 

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