La muerte de Jason Jiménez en un accidente aéreo conmocionó a Colombia y destapó una historia marcada por sueños premonitorios, un antecedente de falla mecánica y una investigación que hoy busca esclarecer posibles negligencias.
Colombia aún no se repone del impacto que dejó la muerte de Yeison Jiménez, uno de los artistas más queridos de la música popular.
El 10 de enero de 2026, una avioneta que había despegado desde Paipa, Boyacá, con destino a Medellín se estrelló minutos después del despegue.
En el accidente murieron seis personas, entre ellas el cantante de 34 años.
Días después, su madre, doña Luzmery Galeano, decidió hablar públicamente y compartir una verdad íntima que conmovió al país entero.
En el homenaje realizado el 14 de enero en el Movistar Arena de Bogotá, ante más de 11.
000 personas, doña Luzmery subió al escenario acompañada de su nieta Taliana, de siete años.
Frente a los seis ataúdes dispuestos en el recinto, pidió primero un minuto de silencio “por estos seis angelitos que se fueron al cielo”.
El lugar quedó en un silencio absoluto, cargado de dolor colectivo.
Con la voz entrecortada, la madre del cantante recordó a su hijo más allá de la fama.
“Mi hijo siempre se fue diciendo: ‘Mi mamá es una guerrera, mi mamá es una berraca, mi mamá nunca nos acostó con hambre’”, expresó con orgullo.
Luego confesó una de las frases más desgarradoras de la noche: “Hasta ayer, con todo el dolor de mi alma, yo decía: ‘No voy a poder cumplirle a mi hijo, no sentía fuerzas’”.
Reconoció que estuvo a punto de no subir a ese escenario, vencida por el dolor, hasta que la mano de su nieta le devolvió el valor.

En ese mismo homenaje, doña Luzmery pronunció palabras que quedaron grabadas en la memoria del país: “Hijo mío, vuela tranquilo, ve al cielo, porque acá está tu heroína, acá está tu mamá, esa mujer berraca”.
El público respondió entre aplausos y lágrimas, entendiendo que presenciaba una de las expresiones más puras del amor de madre.
También reveló un momento íntimo y honesto de su duelo.
“Cuando esto pasó, peleé con Dios.
Me pregunté cuál era su voluntad”, dijo, dejando ver la profundidad de su dolor.
La confesión, lejos de generar controversia, humanizó aún más su testimonio y reflejó el proceso de fe y cuestionamiento que atraviesa una madre tras perder a su hijo.
La historia de Yeison Jiménez estuvo marcada por señales que hoy muchos interpretan con un peso distinto.
El propio artista había contado en entrevistas que tuvo tres sueños premonitorios relacionados con accidentes aéreos.
En uno de ellos, relató: “Dios me dio tres señales y yo no las entendí, no las capté”.
Meses antes de su muerte, el cantante vivió un grave incidente aéreo provocado por una falla mecánica tras una salida del taller.
“Empiezo a mirar los paneles, todo fallaba… frente a nosotros solo estaba la montaña”, recordó entonces.
El piloto logró aterrizar de emergencia, pero el episodio dejó secuelas emocionales profundas en Yeison, quien atravesó una depresión y buscó ayuda psicológica.
Doña Luzmery sabía de esos miedos, de esos sueños y de ese accidente previo.
La noche anterior al siniestro, sostuvo una larga conversación telefónica con su hijo.
“Mamá, si algo me llegara a pasar, por favor cuida a mis hijos”, le dijo Yeison, según relató ella misma.
Aunque intentó tranquilizarlo, esas palabras se convirtieron, horas después, en una promesa de vida.
Yeison dejó tres hijos: Camila, Taliana y el pequeño Santiago, nacido apenas meses antes del accidente.
En el escenario, su madre juró cuidarlos.
“En lo que Dios me preste la vida, estaré pendiente de tus hijos, de tu esposa, como la guerrera que no te va a defraudar”, afirmó con firmeza.
Durante los días posteriores, surgieron rumores y especulaciones en redes sociales sobre la vida personal del cantante.
Doña Luzmery respondió con serenidad y un mensaje claro: pidió que su hijo fuera recordado “como un soñador, como el niño que salió de la pobreza y cumplió su sueño, como el hijo que amó a su madre y nunca olvidó sus raíces”.
Rechazó los chismes y defendió la memoria del artista que nació en Manzanares, Caldas, trabajó desde niño en Corabastos y llegó a llenar escenarios como El Campín con más de 40.000 personas.

La investigación sobre el accidente sigue en curso.
La aeronave, una Piper PA-31 Navajo fabricada en 1982, está siendo analizada por posibles fallas mecánicas.
Las autoridades revisan el historial de mantenimiento, el peso de la nave, las condiciones del aeropuerto y la experiencia del piloto.
Para la madre de Yeison, ninguna investigación devolverá a su hijo, pero sí espera que se conozca la verdad.
En medio del dolor, doña Luzmery anunció la creación de la Fundación Yeison Jiménez, Soñadores sin Límites, un proyecto destinado a apoyar a niños de escasos recursos que sueñan con la música.
“Quiero que el nombre de mi hijo esté asociado con esperanza, con oportunidades, no con tragedia”, declaró con determinación.
La industria musical colombiana también ha reaccionado.
Artistas cercanos al cantante han hablado del impacto de su muerte y de la necesidad de priorizar la seguridad.
Sus canciones siguen sonando, pero hoy pesan distinto, cargadas de memoria y significado.
Yeison Jiménez no solo dejó un catálogo musical exitoso; dejó una historia de superación y un legado humano que su madre se ha propuesto cuidar.
En el Movistar Arena quedó claro que, aunque su voz se apagó, el amor de doña Luzmery, su “heroína”, seguirá sosteniendo su memoria y guiando a quienes ven en su historia una prueba de que los sueños, incluso nacidos en la pobreza, pueden hacerse realidad.
