Algo realmente extraño está ocurriendo en Marte y los científicos ya no pueden ignorarlo: gases que aparecen de noche, lagos ocultos bajo el hielo y señales que podrían reescribir la historia de la vida en el universo 🧬🔴🌌

Descubren un extraño agujero en Marte que descoloca a la ciencia

Hace más de 4.500 millones de años, Marte no era el páramo frío que conocemos hoy.

Era un mundo sorprendentemente similar a la Tierra primitiva.

Una atmósfera espesa lo envolvía, protegida por un campo magnético poderoso.

Ríos caudalosos surcaban su superficie y enormes lagos y mares ocupaban vastas regiones.

Durante sus primeros mil millones de años, Marte fue un planeta dinámico, húmedo y químicamente activo, un escenario ideal para que la vida pudiera surgir.

Los volcanes marcianos no solo moldearon el paisaje.

También liberaron calor, minerales y compuestos químicos esenciales.

Imagina fuentes termales burbujeando en la superficie, entornos ricos en energía donde las primeras protocélulas podrían haberse formado.

Los cambios cíclicos entre periodos húmedos y secos habrían actuado como un filtro natural, favoreciendo moléculas cada vez más estables y complejas.

No solo pudo surgir la vida: pudo haber evolucionado con rapidez.

Pero ese paraíso no duró.

Cuando el campo magnético de Marte colapsó, el planeta quedó indefenso.

Los vientos solares comenzaron a erosionar su atmósfera, arrancándola poco a poco.

El agua líquida desapareció, congelándose en los polos o escapando al espacio.

La superficie se transformó en un desierto estéril.

Han encontrado algo extraño en Marte… ¡y no es vida!

Sin embargo, la gran pregunta permanece: si la vida apareció antes del colapso, ¿logró encontrar refugio?

Uno de los lugares más intrigantes es el cráter Jezero.

Hoy parece una cuenca polvorienta, pero hace 3.

500 millones de años fue un lago inmenso alimentado por ríos.

En su interior yace un delta fosilizado, una estructura que en la Tierra es experta en preservar vida.

El rover Perseverance ha recolectado más de 20 muestras de roca, perforando apenas centímetros bajo la superficie, y ha encontrado minerales y moléculas orgánicas atrapadas en sedimentos antiguos.

Aunque estas moléculas no prueban vida por sí solas, su sola presencia enciende todas las alarmas.

Pero Jezero plantea un dilema inquietante.

Carece de evidencias claras de actividad hidrotermal, considerada clave para el origen de la vida.

Esto abre otra posibilidad: que la vida no surgiera allí, sino que migrara desde otros entornos más energéticos antes de que Marte se volviera inhabitable.

Aquí entran en escena los manantiales volcánicos olvidados.

En regiones como Columbia Hills, el rover Spirit descubrió depósitos de sílice opalina, una señal inequívoca de actividad hidrotermal pasada.

En la Tierra, estos entornos están repletos de vida microbiana y son expertos en preservar microfósiles durante millones de años.

Estos oasis volcánicos marcianos pudieron haber sido refugios cálidos incluso cuando el planeta comenzaba a congelarse.

Y cuando la superficie ya no ofreció salvación, la lógica apunta hacia abajo.

Muy abajo.

En Marte, como en la Tierra, el subsuelo podría ser un santuario.

Bajo kilómetros de roca y hielo, la radiación no penetra y las temperaturas son más estables.

En nuestro propio planeta, existe una biosfera profunda donde microorganismos sobreviven sin luz solar, alimentándose de reacciones químicas lentas pero constantes.

Marte pudo haber desarrollado algo similar.

Marte: el robot Perseverance de la NASA detectó un objeto extraño en el  planeta rojo - Infobae

La posibilidad se vuelve aún más perturbadora con el descubrimiento de lagos subglaciales en el polo sur marciano.

Detectados por el radar MARSIS de la sonda Mars Express, estos cuerpos de agua líquida estarían atrapados bajo kilómetros de hielo, mantenidos en estado líquido gracias a altas concentraciones de sales.

En la Antártida, lagos similares albergan vida microbiana aislada durante millones de años.

Si en Marte ocurre lo mismo, el planeta rojo podría no estar completamente muerto.

Y entonces está el metano.

Desde que el rover Curiosity lo detectó, este gas se ha convertido en uno de los mayores enigmas marcianos.

Aparece en picos irregulares, sobre todo durante la noche, y desaparece con la luz del día.

En la Tierra, el metano suele ser una firma biológica.

También puede tener origen geológico, pero en Marte su comportamiento es demasiado extraño para ser ignorado.

El metano se destruye rápidamente por la radiación solar, lo que significa que si lo vemos hoy, algo lo está produciendo ahora.

Podría tratarse de reacciones químicas profundas entre agua y minerales calientes.

O podría ser algo más inquietante: microorganismos subterráneos liberando gas como parte de un metabolismo extremadamente lento.

Si es así, el metano sería el susurro de una biosfera oculta, un mensaje químico que asciende desde las profundidades.

Incluso si su origen es geológico, indicaría que Marte sigue siendo internamente activo, con zonas de calor y energía capaces de sostener entornos habitables.

Cada delta fosilizado, cada lago enterrado, cada emisión fugaz de gas apunta a la misma idea perturbadora: Marte no es un cadáver planetario, sino un archivo vivo de su pasado… y quizá algo más.

Bajo el polvo rojo podrían esconderse respuestas que cambien para siempre nuestra visión de la vida en el universo.

Porque si Marte tuvo vida, o si aún la tiene, entonces la pregunta ya no es si estamos solos.

La pregunta es cuántos mundos han estado vivos sin que lo supiéramos.

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