🚨 ¡Luis Alberto Posada Rompe el Silencio! Confiesa Verdades Inéditas Sobre Yeison Jiménez y Su Inquietante Presentimiento.
Luis Alberto Posada abre su corazón y nos lleva a un viaje a través de sus recuerdos con Yeison Jiménez.
“Minutos antes de que Yeison viviera uno de los momentos más delicados de su vida, yo ya tenía un nudo en el pecho”, confiesa.
“No sé cómo explicarlo, pero los que hemos vivido la música desde adentro sabemos cuando algo no está bien”.
Compartieron giras, camerinos y conversaciones largas en la madrugada.
A través de estas experiencias, Posada revela que Yeison no solo era un artista en ascenso, sino también un hombre consciente de los riesgos que enfrentaba.

“Recuerdo que en varias charlas, Yeison me confesó que había soñado repetidamente con un accidente aéreo, que se veía envuelto en una tragedia que incluso imaginaba como la noticia corriendo por todos lados”, dice Posada.
Aquellas palabras, que en su momento parecían ser solo un mal presentimiento, ahora adquieren un significado aterrador.
“Él lo decía tratando de restar importancia, como si fueran pensamientos que uno tiene cuando vive tan rápido.
Pero yo sabía que Yeison no hablaba por hablar”.
Luis Alberto describe cómo cada vez que Yeison tenía que subirse a una avioneta, se notaba distinto, más callado y reflexivo.
“En una ocasión, antes de un viaje, me miró serio y me dijo: ‘Si algún día me pasa algo, que la gente sepa que hice todo con el corazón’.
Esa frase se me quedó clavada”, recuerda Posada.
Era evidente que Yeison tenía una intuición muy fuerte sobre su vida y su carrera.
El día del accidente, Yeison iba rumbo a cumplir compromisos, como siempre lo hizo, con disciplina y una obsesión por no fallarle a su público.
“Yo sabía que viajaba con su manager y parte del equipo, y recuerdo que horas antes habíamos cruzado un par de mensajes hablando de trabajo y de la vida, nada fuera de lo normal”, relata Posada.
Sin embargo, había un tono profundo en la conversación que indicaba que algo importante estaba en juego.

Cuando la noticia del accidente comenzó a circular, Luis Alberto sintió que el cuerpo se le enfrió.
“Fue como si el tiempo se hubiera detenido y todas esas conversaciones que habíamos tenido cobraran un sentido brutal”, dice.
“Yeison no era solo un artista, era un hombre sensible, muy consciente de la muerte, alguien que no le huía a esos temas”.
A menudo, antes de subirse a un avión, Yeison lo llamaba sin una razón clara, solo para hablar de música o preguntar cómo estaba.
“Hoy entiendo que buscaba anclarse, sentirse acompañado”.
Posada reflexiona sobre cómo, a pesar de su fama, Yeison mantenía una humildad que lo caracterizaba.
“Siempre saludaba a todos, siempre agradecía, siempre recordaba de dónde venía”.
Recuerda el día en que Yeison lanzó “Mi promesa” y llenó el Campín en solitario.
“Entendí que no solo había cumplido un sueño personal, sino que había marcado un antes y un después para la música popular”.
Detrás de su éxito, había un hombre que vivía entre aeropuertos y camerinos, pensando siempre en la siguiente canción.
“Había noches en las que llegaba agotado, se sentaba a mi lado en silencio y hablábamos como dos amigos de toda la vida”, cuenta.
“Me confesaba que la fama no lo hacía sentirse invencible, que había miedos que no se van con los aplausos”.
Posada intentaba aconsejarlo, recordándole que el cuerpo y el alma también pasan factura.

El día del accidente fue un golpe seco, demasiado rápido para procesarlo.
“Mientras el país trataba de entender lo que había pasado, yo solo pensaba en su risa, en su manera de llamarme para contarme una idea nueva”.
La noticia dejó una oscuridad extraña, no solo en el cielo, sino en el ánimo de millones de personas que crecieron, sanaron y lloraron con sus canciones.
Yeison se fue dejando melodías que hoy duelen distinto, letras que suenan como despedidas anticipadas y recuerdos imborrables.
“Era un hombre nacido del pueblo, hecho a pulso, que llegó a lo más alto sin disfrazarse ni olvidar quién era”, dice Posada.
“Aunque su voz se apagó de una forma que nadie esperaba, su historia, su música y su verdad siguen vivas en cada persona que alguna vez encontró consuelo en una canción de Yeison Jiménez”.
Con el paso de las horas, Luis Alberto comprendió que todo había ocurrido en cuestión de segundos.
“Ese viaje que Yeison emprendió con la ilusión de seguir cumpliéndole a su gente terminó de manera abrupta en un lugar silencioso, lejos de los aplausos y de las tarimas que tanto amaba”.
Él no piensa en Yeison como la noticia que recorrió el país, sino como el hombre disciplinado y obsesivo con su trabajo, el artista que se ganó el respeto del público porque jamás fingió ser alguien distinto.

“Venía de días durísimos, de presentaciones una tras otra, de horas interminables en carretera y aeropuertos, compartiendo con su equipo algo más que trabajo.
Compartía confianza, sueños, cansancio y silencios”, recuerda Posada.
“Días antes me dijo que estaba agotado, pero que no sabía decir que no, porque sentía una responsabilidad enorme con la gente que compraba una boleta para verlo”.
A medida que el país empezó a entender la magnitud de lo ocurrido, Luis Alberto sentía que el tiempo se rompía.
“Jason se fue siendo joven, siendo cercano, siendo esa voz que muchos sentían propia y dejó un dolor que no distingue edades ni lugares”.
La música de Yeison Jiménez, que alguna vez resonó en cada rincón, ahora se siente como un eco de lo que pudo haber sido.
Luis Alberto Posada concluye su conmovedora confesión recordando la esencia de su amigo.
“Jason no solo se fue un artista, se fue una voz que hablaba por muchos.
Su ausencia duele porque no solo se fue un cantante, se fue un referente, un hombre que trascendió los escenarios y se convirtió en ejemplo y guía para muchos jóvenes que veían en su historia una posibilidad real de salir adelante”.

La historia de Yeison Jiménez no es solo la de un artista que dejó un legado musical, sino también la de un hombre que vivió intensamente, que soñó y que, a pesar de las adversidades, nunca dejó de luchar por lo que amaba.
Su música seguirá resonando en los corazones de quienes lo admiraron y lo recordarán como un símbolo de perseverancia y pasión.