Diana Riveros relató con profundo dolor el último abrazo y beso que Diógenes Quintero dio a su esposa e hija antes de abordar el vuelo de Satena que se estrelló en Norte de Santander.

Diana Riveros, la esposa del congresista Diógenes Quintero, quien trágicamente perdió la vida en un accidente aéreo de Satena en Norte de Santander, compartió su desgarradora experiencia en una entrevista con Noticias Caracol.
Con lágrimas en los ojos, recordó el último beso y abrazo que su esposo tuvo con su hija antes de la tragedia.
“Dormimos juntos, abrazados.
Se despertó, me hizo un café, después nos vimos, nos dimos un beso, un abrazo”, relató Diana, mientras recordaba la calidez de esos momentos.
El accidente ocurrió cuando Quintero se dirigía a Ocaña para cumplir con su agenda política.
“Ayer me llaman, pero como a la 1:30 a decirme, ‘No aparece el avión, no aparece’”, explicó Diana.
La angustia fue creciendo cuando, a las 3:30, recibió la devastadora noticia de que la avioneta había sido encontrada estrellada y que no había sobrevivientes.
“Desde ahí, el equipo de trabajo, amigos se trasladaron al lugar.
Ellos mismos me pidieron autorización para cargarlo”, añadió, visiblemente afectada por la pérdida.

Diana destacó la dedicación y amor que Diógenes tenía por su familia.
“Él se despidió de mi hija, le dijo que estaba muy hermosa, que era una reina.
No se medía en palabras ni en expresiones de amor”, recordó.
La conexión entre ellos era profunda, cimentada en la política y en un compromiso compartido por los derechos humanos.
“Nos unieron los derechos humanos.
Yo trabajaba en la personería, él era defensor del pueblo.
Empezamos a cruzarnos en algunas reuniones y ahí nos enamoramos desde el primer momento”, relató, con una mezcla de nostalgia y tristeza.
La conversación también tocó los sueños que compartían.
“Él estaba superentusiasmado con este proceso.
Cuando terminemos la campaña y pasemos este proceso, nos vamos a viajar.
Te lo prometo”, le había dicho a su hija.
Diana enfatizó que tenían muchos proyectos de vida juntos, sueños que ahora se desvanecen con la ausencia de Diógenes.
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En medio de su dolor, Diana expresó su deseo de que los homenajes a Diógenes se realicen en su región natal, en Cúcuta y Ocaña, donde él había dedicado gran parte de su vida a servir a la comunidad.
“Quiero que estemos en Cúcuta y que estemos en Ocaña.
En esos dos lugares es donde yo quiero tenerlo a él”, afirmó con firmeza.
Para ella, es fundamental que la gente que más lo amaba y lo conocía pueda estar presente en esos momentos de despedida.
“Era un hombre maravilloso.
El que lo conoció sabía el gran ser humano que era, además de su inteligencia y capacidades”, reflexionó Diana.
La tristeza era palpable en su voz, y su amor por Diógenes brillaba a través de cada palabra.
“Era una nobleza, era paz. Muy triste, muy triste, la verdad”, concluyó, mientras su mirada se perdía en recuerdos de un futuro que ya no será.
La historia de Diógenes Quintero es un recordatorio de la fragilidad de la vida y la fortaleza del amor familiar.
Su legado, tanto en la política como en su hogar, perdurará en la memoria de quienes lo conocieron y lo amaron.
