Denuncian presuntos sobrecostos millonarios en la construcción de garitas en Cartagena, cuyo valor habría sido muy superior al precio real estimado.

En un reciente escándalo que ha sacudido a la ciudad de Cartagena, se han denunciado sobrecostos significativos en la construcción de garitas en las playas, las cuales, según las autoridades, estaban diseñadas para durar 30 años.
Sin embargo, la realidad es que ya han comenzado a colapsar, generando una ola de indignación entre los ciudadanos y cuestionamientos sobre la gestión pública.
El alcalde de Cartagena, en un intento por defender la inversión realizada, afirmó:
“Estamos buscando el estado ideal. Las garitas que se construyeron en administraciones pasadas costaban muy poco, pero se dañaban al año. Nosotros hemos hecho una inversión de calidad que dure en el tiempo”.
Sin embargo, el concejal Javier Julio Bejarano no tardó en responder a estas afirmaciones.
“El sobrecosto estaría estimado en más de 4,000 millones de pesos porque aseguran que estas garitas tienen un valor real de 50 millones de pesos, pero fueron contratadas por 250 millones”, declaró Bejarano, quien ha estado al frente de las denuncias.

Las cifras son alarmantes.
Según informes, el plan Titán de Distri Seguridad pretendía gastar más de 7,600 millones en 23 garitas, lo que implicaría un costo unitario de 330 millones de pesos por cada infraestructura.
“¿De verdad cree que esa infraestructura vale 330 millones?”, cuestionó Bejarano, al tiempo que mostraba imágenes de las garitas dañadas.
En su defensa, el director de Distri Seguridad, Jaime Hernández Amín, insistió en que “las estructuras tienen una vida útil de 30 años”, justificando así el elevado costo.
Sin embargo, la realidad parece contradecir estas afirmaciones.
Las garitas, que supuestamente debían resistir fenómenos naturales, han sucumbido ante la fuerza del mar.
“Hoy la realidad los golpeó y una garita colapsó, y hay otras en grave riesgo”, lamentó Bejarano.
Esta situación pone en tela de juicio la calidad de las obras y la transparencia en la gestión de los recursos públicos.

La denuncia se agrava al considerar que el contrato fue firmado el 2 de julio de 2024 con una duración inicial de tres meses, pero terminó extendiéndose el doble de tiempo.
El valor final del contrato alcanzó los 7,656 millones de pesos, y aunque el número de garitas ascendió a 23, el precio unitario se disparó.
“Cada garita nos terminó costando finalmente 246 millones de pesos solo en costos directos”, reveló Bejarano.
Las críticas no solo se centran en el costo, sino también en el proceso de subcontratación que ha caracterizado estas obras.
“Aún peor es que estos sobrecostos vienen de una elevada subcontratación”, explicó Bejarano, quien ha solicitado documentación adicional a la administración para esclarecer el uso de los fondos públicos.
“Los precios, como indicó el politólogo Sebastián Blanco, son en un alto porcentaje costos de gerencia y no de la obra directa”, añadió.
La situación se complica aún más al considerar que Edurbe, la entidad encargada de la supervisión, cobró un 6% del valor total del contrato por gerenciar el proyecto, mientras que el contratista se llevó un 20% de administración junto con un 5% de utilidad.
“En otras palabras, cada una de las 20 garitas nos iba a costar inicialmente a los cartageneros 189 millones de pesos más una suma millonaria sobre costos de gerencia, administración y utilidad”, subrayó Bejarano.

La indignación de los ciudadanos es palpable.
“Los recursos públicos se cuidan y se respetan. Por eso quiero anunciar que una vez regresemos a sesiones ordinarias, estaré citando a debate de control político por este tema para garantizar que los recursos de estas garitas no se pierdan”, afirmó Bejarano, mostrando su compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas.
Mientras tanto, el alcalde y otros funcionarios intentan minimizar el impacto de las críticas, pero la evidencia es clara: la calidad prometida no se ha cumplido y los cartageneros están pagando las consecuencias.
“Es como comprar un vaso desechable o un vaso de vida. Alguno tienes que lavarlo todos los días y ya te va a durar casi que para siempre”, comparó Hernández Amín, tratando de explicar la diferencia entre la inversión a corto y largo plazo.
A medida que las denuncias se multiplican y la presión sobre la administración local aumenta, queda claro que este escándalo de sobrecostos en las garitas de playa es solo la punta del iceberg en un problema mucho más profundo de gestión y transparencia en Cartagena.
La comunidad exige respuestas y, sobre todo, soluciones que garanticen que el dinero de los contribuyentes no se malgaste en obras que no cumplen con su propósito.