En una de las operaciones más contundentes contra el crimen organizado en el corazón de la Ciudad de México, las autoridades federales y capitalinas asestaron un golpe directo a la Unión Tepito con la captura de Manuela Eunice “N”, alias “La Mane”, una de las figuras más poderosas y atípicas de esa organización criminal.
El operativo, encabezado por Omar García Harfuch, no solo desmanteló una célula clave dedicada al narcomenudeo, la extorsión y el lavado de dinero, sino que dejó al descubierto un entramado de violencia, control territorial y crueldad que se extendía por al menos 40 manzanas del centro de la capital.
La madrugada del domingo 18 de enero de 2026 marcó el inicio del fin para el imperio criminal que La Mane había construido durante años.
Mientras la ciudad dormía, helicópteros comenzaron a sobrevolar las colonias Morelos, Guerrero y zonas cercanas a La Lagunilla.
A las 3:14 de la mañana, de manera perfectamente sincronizada, elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, la Fiscalía capitalina, la Secretaría de Marina y la Guardia Nacional irrumpieron en tres inmuebles estratégicos que funcionaban como casas de seguridad, centro financiero y bodega de distribución de droga.
La figura de La Mane destacaba incluso dentro de un mundo dominado históricamente por hombres.
A sus 34 años, controlaba directamente una célula de la Unión Tepito que operaba en las alcaldías Venustiano Carranza y Cuauhtémoc.
No delegaba las decisiones más delicadas: cobraba extorsiones personalmente, ordenaba ejecuciones y mantenía contacto directo con proveedores de cocaína provenientes de Guerrero.
Su nombre circulaba desde hacía tiempo en los informes de inteligencia federal, descrita como fría, calculadora y extremadamente discreta.
Esa discreción fue, durante años, su mayor protección.
A diferencia de otros líderes criminales, no ostentaba lujos en redes sociales ni aparecía en fiestas rodeada de símbolos del narcotráfico.
Su único distintivo visible era un tatuaje de lealtad a la Unión Tepito, una marca que dentro de la organización representaba compromiso absoluto y que rara vez portaban mujeres.
Ese perfil bajo le permitió sobrevivir mientras otros capos caían uno tras otro.
La investigación que llevó a su captura fue larga y minuciosa.
Durante meses, analistas de inteligencia fueron uniendo fragmentos de información: nombres que se repetían, direcciones aparentemente inconexas, transferencias bancarias imposibles de justificar con actividades legales.
La pieza clave llegó con la interceptación de comunicaciones cifradas entre La Mane y sus proveedores en Guerrero.
Tras semanas de trabajo técnico, los especialistas lograron descifrar mensajes que revelaron las ubicaciones exactas de sus principales inmuebles.
El despliegue fue masivo.
Más de 140 elementos participaron en el operativo, apoyados por drones con cámaras térmicas que confirmaron la presencia de personas dentro de los objetivos antes de la irrupción.
García Harfuch coordinó todo desde un centro de mando móvil, consciente de que un solo error podía alertar a los “halcones” que la Unión Tepito mantiene en azoteas y esquinas del barrio.
Cuando los agentes ingresaron a la casa de la colonia Morelos, encontraron a La Mane en una habitación sin ventanas, sentada al borde de la cama y completamente vestida.
No opuso resistencia, no gritó ni intentó huir.
Su expresión, relataron los elementos, era de una calma inquietante, como si hubiera anticipado ese momento desde hacía tiempo.
Junto a ella fue detenido Guillermo “N”, su pareja sentimental y principal operador de violencia, vinculado con homicidios y extorsiones.
En el departamento de la colonia Guerrero cayó María Marisol “N”, encargada de las finanzas de la célula.
Ahí se halló el corazón administrativo del grupo: libretas con registros detallados de extorsiones, tarjetas bancarias a nombres falsos, documentos apócrifos y grandes cantidades de efectivo.
Daniel “N”, responsable del empaquetado y distribución de droga, también fue detenido en ese punto.
En la bodega cercana a La Lagunilla, Gastón “N”, operador logístico y enlace con proveedores, intentó escapar, pero fue interceptado a pocos metros.
Cinco detenidos en menos de diez minutos.
Sin embargo, lo más revelador vino después.
En los cateos se aseguraron aproximadamente 2. 5 kilogramos de cocaína de alta pureza, marihuana en distintas presentaciones y siete armas de fuego.
Al menos cuatro de esas armas, según pruebas preliminares de balística, estarían relacionadas con homicidios no resueltos cometidos en la zona durante los últimos dos años.
Las libretas de extorsión estremecieron a los investigadores.
En ellas se documentaba con precisión un sistema de cobro que afectaba a cientos de comerciantes: fondas, talleres, puestos de mercado, papelerías y tiendas de abarrotes.
Cada nombre tenía asignada una cuota semanal y anotaciones sobre castigos para quienes se retrasaban.
Ese esquema generaba millones de pesos mensuales, obtenidos mediante amenazas y violencia.
Pero hubo un hallazgo que marcó emocionalmente a los propios agentes.
En una habitación pequeña y húmeda de la casa de la colonia Morelos, encontraron a un mono araña encadenado, visiblemente desnutrido.
El animal, víctima colateral del poder criminal, se convirtió en el símbolo inesperado del operativo.
Fue rescatado y trasladado a un centro de rehabilitación, donde especialistas confirmaron que sobreviviría, aunque con secuelas por el maltrato sufrido.
La conferencia de prensa, realizada horas después, mostró la magnitud del golpe: droga, armas, dinero y evidencia exhibidos ante las cámaras.
García Harfuch fue claro al señalar que la captura de La Mane no significaba el fin de la Unión Tepito.
La organización opera con una estructura horizontal, compuesta por decenas de células que se adaptan rápidamente a la caída de un líder.
Aun así, subrayó que se trataba de un avance significativo.

En las colonias donde La Mane ejercía control, la captura generó una mezcla de alivio e incertidumbre.
Algunos comerciantes notaron la ausencia inmediata de cobradores; otros temieron que el vacío de poder atrajera a grupos aún más violentos.
Esa es la paradoja constante en la lucha contra el crimen organizado: cada golpe debilita una estructura, pero también reconfigura el mapa del delito.
Hoy, La Mane enfrenta un proceso judicial que podría mantenerla en prisión durante décadas.
Sus colaboradores también encaran cargos graves, y las investigaciones continúan a partir de los teléfonos encriptados y documentos incautados.
El operativo del 18 de enero de 2026 no resolvió todos los problemas estructurales que alimentan al crimen, pero dejó claro que incluso en los territorios más disputados, el Estado aún puede golpear con precisión.
A veces, ese golpe no solo se mide en kilos de droga o armas aseguradas, sino también en vidas —humanas y animales— que logran ser rescatadas de la sombra del poder criminal.