😢 ¡Impactante Revelación! El Conductor de Yeison Jiménez Cuenta los Últimos Momentos del Ídolo
La historia de las últimas horas de Jason Jiménez comienza el viernes a las 4:10 de la tarde, cuando el artista aterrizó en el aeropuerto de PaiPa, Boyacá.
Allí lo esperaba Rodolfo, quien por azares del destino terminó siendo su guía y confidente en esos momentos finales.
Mientras esperaban que la aeronave regresara con el resto de su equipo, Jason se mostró tranquilo, disfrutando de un café y compartiendo palabras sencillas con quienes lo rodeaban.
Una vez reunido su equipo, emprendieron un largo viaje por carretera hacia Málaga, Santander, a bordo de una camioneta Toyota.
Al llegar al hotel Big Ben pasadas las 11 de la noche, el cansancio era evidente, pero el compromiso de Jason con su público permanecía intacto.
Esa noche, el concierto en el estadio de Málaga se convertiría, sin saberlo, en su última gran presentación.
El frío de Santander era intenso.
Al bajar del vehículo, Jason dejó una ruana en el asiento, pero decidió ponérsela tras darse cuenta de la necesidad de protegerse del clima.
Apenas en la segunda canción, hizo una seña a Rodolfo pidiéndole la prenda, un regalo del alcalde de Santa Sofía.
Con humildad y respeto por la cultura regional, realizó el resto del concierto con la ruana puesta, entregando su alma en cada verso.
La mañana del sábado comenzó de forma pausada.
El equipo desayunó en el hotel y a las 10:00 am iniciaron el retorno hacia Paipa.
Durante el trayecto, Jason dejó ver su lado más humano, expresando un deseo particular: quería comida casera, específicamente una trucha, el plato típico de la región.
Rodolfo lo llevó a un restaurante local donde le prepararon exactamente lo que deseaba.
Durante el camino, también se detuvieron en una tienda para comprar bocadillos con queso, compartiendo como amigos mientras el paisaje boyacense pasaba por la ventana.

Lo que más atesora Rodolfo son las conversaciones íntimas que tuvo con Jason durante esas horas.
El artista habló con profunda ilusión sobre su familia, mencionando especialmente a su madre, su esposa y sus hijos.
No era solo un cantante exitoso, sino un hombre que planeaba su futuro inmediato, incluyendo una cita importante el lunes festivo para grabar un video de una canción dedicada a la selección Colombia para el mundial de fútbol.
A las 4:00 pm, la camioneta llegó nuevamente al aeropuerto de Paipa.
En medio de las prisas, Rodolfo se bajó rápidamente para ayudar con las maletas.
Jason, en un último acto de generosidad, le devolvió la ruana doblada y le agradeció por todo.
Al despedirse, Jason se quitó su propia cachucha y se la puso a Rodolfo, abrazándolo con fuerza.
Sus últimas palabras fueron un reconocimiento a su labor y una promesa que el destino no permitiría cumplir: “Usted maneja muy chimba, mi hermano.
Mañana entonces nos vemos aquí mismo”.
Jason ingresó a la terminal y abordó la aeronave junto a sus cinco compañeros.
La tragedia ocurrió en un pestañeo.
Solo 22 minutos después de que Rodolfo lo dejara en la puerta del aeropuerto, la avioneta se accidentó, terminando con la vida del artista y su equipo en un hecho que generó luto en todo el país.

La historia de Jason Jiménez no solo es la de un cantante que alcanzó la fama, sino la de un hombre que, en sus últimos momentos, demostró ser cercano y auténtico.
Su conexión con la música y su gente lo llevaron a dejar un legado imborrable.
La letra que un día regaló a John Alex Castaño, conocido como “El Rey del Chupe”, resuena en el corazón de sus seguidores, recordando que la amistad y la música son eternas.
La partida de Jason Jiménez deja un vacío en la música popular, pero su esencia y su legado vivirán en cada nota que se interprete en su honor.
La historia de su vida, marcada por la humildad y la pasión, nos recuerda la fragilidad de la existencia y la importancia de valorar cada momento.