🚨 ¡Harfuch Captura a “El Mantecas” en un Operativo Ép*co: ¿Quién Lo Vendió? 💥
La madrugada del 18 de enero de 2026, el silencio espeso de la sierra de Mocorito fue roto por un sonido que heló la sangre de los habitantes: el rugido de helicópteros Black Hwk sobrevolando a baja altura.
Eran las 4:30 de la mañana cuando un amplio despliegue de fuerzas de la Secretaría de Marina inició un operativo que, según fuentes oficiales, llevaba semanas gestándose en absoluta confidencialidad.
El objetivo era claro: “El Mantecas”, uno de los operadores más buscados del narotráfico en el noroeste de México.

Mientras el cielo permanecía oscuro y el frío de la madrugada calaba hasta los huesos, las unidades de élite avanzaban por caminos de terracería, evitando cualquier ruido que pudiera alertar a los vigías.
La tensión era total.
En las comunidades cercanas, algunos habitantes despertaron sobresaltados, con la sensación de que algo grave estaba a punto de ocurrir.
No se equivocaban.
A las 4:30 en punto, la orden fue ejecutada.
Los helicópteros descendieron y sus potentes luces barrieron la zona.
Minutos después, se escucharon las primeras detnaciones.
No eran disparos aislados, sino el inicio de un enfrentmiento que se extendería durante varias horas.
Los sic*rios que resguardaban a “El Mantecas” respondieron al avance de las fuerzas federales, pero pronto quedó claro que estaban rodeados.
Fuentes cercanas al operativo aseguran que la estrategia fue precisa y contundente.
No hubo improvisación.
Cada movimiento estaba calculado para evitar fugas y reducir riesgos.
La instrucción era clara: asegurar al objetivo y neutralizar cualquier resistencia.
No había margen para errores.

Tras un intenso intercmbio, las fuerzas del orden lograron ingresar a la vivienda donde se ocultaba “El Mantecas”.
El hallazgo sorprendió incluso a los agentes más experimentados.
El presunto líder criminal fue encontrado escondido detrás de un ropero, armado y sin posibilidad de escape.
Junto a él, otros ocho hombres fueron detnidos.
La captura se concretó sin bajas oficiales entre las fuerzas federales.
Con el amanecer, la magnitud del operativo comenzó a hacerse visible.
Las autoridades aseguraron teléfonos móviles, documentos, credenciales falss y listas manuscritas con nombres y claves.
Este material reveló la existencia de una estructura criinal mucho más amplia y organizada de lo que se pensaba inicialmente.
Analistas de inteligencia iniciaron de inmediato el cruce de información.
Entre los nombres que comenzaron a aparecer figuraban operadores conocidos en la región, como Ceferino Espinoza Angulo, alias “El 14”, y otro personaje identificado como “El Músco”, señalado como un mando con mayor peso dentro del cárel.
Estos vínculos refuerzan la hipótesis de que “El Mantecas” no actuaba solo, sino como parte de una red perfectamente coordinada.

La reacción en la zona no se hizo esperar.
Al salir de sus casas, los pobladores encontraron impactos de bala, vidrios rotos y huellas evidentes del operativo.
El miedo se mezclaba con el alivio.
Para muchos, la captura representaba un respiro momentáneo; para otros, el temor a repres*lias seguía latente.
Pero más allá del golpe táctico, una pregunta comenzó a circular con fuerza: ¿quién lo entrgó? La rapidez y efectividad del operativo han llevado a especular sobre una posible traición interna.
Fuentes no oficiales sugieren que información clave habría sido filtrada desde el interior de la propia estructura criinal, lo que explicaría la precisión del despliegue.
Especialistas en seguridad advierten que la caída de “El Mantecas” podría generar una reconfiguración inmediata en la región.
Cuando un operador cae, otros buscan ocupar su lugar.
El ciclo se repite.
Por ello, aunque el gob*erno celebra la captura como un éxito, el verdadero desafío apenas comienza.
La violencia en Sinaloa no se explica solo por nombres y capturas.
Se trata de un fenómeno profundo, alimentado por la pobrza, la corrpción y la falta de oportunidades.
Las comunidades atrapadas en medio del conflicto siguen pagando el precio más alto, viviendo entre la incertidumbre y el silencio impuesto por el miedo.
La historia de “El Mantecas” es un recordatorio incómodo: detener a un hombre no significa desmantelar un sistema.
Sin una estrategia integral que ataque las raíces del problema, cada captura será solo un capítulo más en una historia que parece no tener fin.
Hoy, la sierra de Mocorito permanece en calma tensa.
Pero la pregunta sigue en el aire: ¿fue este el inicio de un cambio real o solo otro episodio en una guerra que se reinventa constantemente? El tiempo —y las próximas capturas— lo dirán.