419 Armas, Miles de Detenidos y un Cartel Acorralado: El Cerco que Cambió Guanajuato

419 Armas, Miles de Detenidos y un Cartel Acorralado: El Cerco que Cambió Guanajuato

3,086 personas detenidas, 352 millones de pesos incautados, 419 armas de fuego aseguradas.

Durante los últimos 18 meses, Guanajuato se ha convertido en el epicentro de una ofensiva sin precedentes contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Esta operación coordinada ha logrado cifras históricas y marca un antes y un después en la lucha contra el crimen organizado en el Bajío.

Mientras el CJNG intentaba consolidar su dominio territorial en uno de los estados más disputados de México, las autoridades estatales y federales tejían el cerco más grande ejecutado contra esta organización criminal.

 

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Operativo tras operativo, cateo tras cateo, detención tras detención.

No fueron redadas aleatorias; fue una estrategia milimétrica diseñada para desarticular la estructura operativa del cartel en la región.

Desde la captura de distribuidores mayores con arsenales que incluyen lanzagranadas, hasta el desmantelamiento de redes completas de narcomenudeo que operaban en colonias residenciales.

Los números hablan por sí solos: 570,000 dosis de drogas retiradas de las calles, 1,967 vehículos robados recuperados, 910 mandamientos ministeriales cumplimentados.

Cifras que la Secretaría de Seguridad del Estado cataloga como históricas para la corporación.

Pero detrás de cada estadística hay una operación compleja.

Detrás de cada detención, semanas o meses de inteligencia, y detrás de cada golpe al CJNG, una respuesta violenta que ha costado vidas y ha generado episodios de terror en las carreteras del Bajío.

Esto no es solo una crónica de éxitos policiales; es la radiografía de una guerra territorial donde el Estado mexicano decidió recuperar el control de una de las regiones más estratégicas del país.

Una batalla que ha logrado reducir los homicidios en un 56.1% entre febrero y agosto de 2025, pero que también ha desatado la furia de uno de los cárteles más violentos y mejor armados de México.

Para entender la magnitud de esta ofensiva, primero necesitamos comprender por qué Guanajuato se convirtió en un campo de batalla prioritario para el CJNG.

Guanajuato no es cualquier estado; es el corazón geográfico de México.

Sus carreteras conectan el occidente con el centro del país: la autopista México-Guadalajara, la ruta León-Querétaro, los accesos hacia Michoacán y Jalisco, todas cruzan territorio guanajuatense.

Controlar estas arterias significa controlar el flujo de drogas hacia mercados clave y hacia la frontera norte.

La industria automotriz y manufacturera de la región genera miles de millones de pesos anuales.

Esa actividad económica legítima se convirtió en el objetivo perfecto para las actividades criminales complementarias: extorsión, robo de combustible y lavado de dinero.

Ciudades como León, Celaya, Irapuato y Salamanca no solo son centros industriales, son también plazas donde el control territorial significa millones en ganancias ilícitas.

Durante años, el CJNG intentó arrebatarle estas plazas a grupos locales y al Cártel de Santa Rosa de Lima.

La violencia que generó esa disputa colocó a Guanajuato como el estado más violento de México en varios años consecutivos.

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En 2024, algo cambió.

Las autoridades estatales decidieron que recuperar el control no era opcional, era imperativo.

Los números presentados por la Secretaría de Seguridad del Estado de Guanajuato en diciembre de 2025 no son casuales.

Son el resultado de una estrategia sostenida durante 18 meses.

3,086 personas detenidas vinculadas al crimen organizado.

Para dimensionar esta cifra, estamos hablando de un promedio de 171 detenciones por mes, cinco o seis arrestos diarios relacionados con células del CJNG y otras organizaciones criminales.

El verdadero indicador del golpe estratégico está en lo que se incautó: 419 armas de fuego aseguradas, fusiles de asalto, pistolas de alto calibre, lanzagranadas, municiones por miles.

Cada arma confiscada es un arma que no se usará en un enfrentamiento, en un bloqueo o en un ataque contra civiles.

570,000 dosis de drogas retiradas de circulación, cristal, cocaína, marihuana, fentanilo.

La cadena de distribución del CJNG en Guanajuato no solo se encargaba del tránsito hacia otros estados, también había convertido a ciudades como León y Celaya en mercados de consumo local con redes de narcomenudeo profundamente infiltradas en colonias populares.

El 24 de julio de 2025, un operativo coordinado entre autoridades estatales y federales culminó con la detención de uno de los distribuidores de drogas más importantes del CJNG en la región.

El operador, cuyo nombre no fue revelado públicamente por razones de investigación en curso, controlaba la distribución de narcóticos en la zona metropolitana de León.

Al ingresar a su ubicación, el hallazgo confirmó el nivel de armamento con el que operaban estas células: lanzagranadas, fusiles de asalto, chalecos tácticos y sistemas de comunicación encriptada.

La captura no fue fortuita; fue el resultado de meses de trabajo de inteligencia, seguimiento de comunicaciones, vigilancia de movimientos y análisis de patrones financieros.

Este tipo de investigación requiere coordinación entre múltiples agencias y paciencia estratégica.

Pero este no fue el único golpe de alto perfil.

Apenas dos meses después, en septiembre de 2025, autoridades de Jalisco detuvieron en Puerto Vallarta a José Manuel Né, alias “El Viejón”, jefe operativo de la barredora, célula del CJNG responsable de ejecuciones y levantones en la región.

La escala del despliegue de fuerzas revela algo crucial.

Las autoridades no estaban apostando por redadas improvisadas; estaban ejecutando operaciones de precisión con respaldo militar significativo.

Los golpes de alto perfil son importantes, pero la verdadera desarticulación de una organización criminal ocurre cuando se desarma toda la estructura operativa.

Entre enero y julio de 2025, las autoridades de Guanajuato ejecutaron una cacería de narcos que resultó en 60 detenciones de integrantes del CJNG en el estado.

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Los homicidios en las zonas donde se implementó esta estrategia cayeron un 56.1%.

En un estado que durante años encabezó las listas nacionales de violencia, esta disminución representa un cambio estructural.

La reducción no fue uniforme en todo el estado.

Las zonas donde se concentraron los operativos, como León, Celaya e Irapuato, mostraron las caídas más pronunciadas.

Las colonias donde operaban redes de narcomenudeo vinculadas al CJNG reportaron menos ejecuciones, menos enfrentamientos armados y menos violencia relacionada con disputas territoriales.

Esto no significa que la violencia desapareciera; significa que la presión sostenida sobre la estructura criminal del CJNG empezó a erosionar su capacidad para operar con la misma impunidad de años anteriores.

Sin embargo, la respuesta del CJNG a la presión operativa fue predecible: una escalada de violencia.

En abril de 2025, carreteras en Guanajuato, Jalisco y Michoacán amanecieron bloqueadas con tráileres incendiados.

Este tipo de tácticas de terror masivo no son signos de fortaleza, sino de vulnerabilidad estratégica.

Guanajuato no resolvió el problema del crimen organizado.

Ningún Estado mexicano puede hacerlo solo, pero demostró que es posible presionar a estas organizaciones hasta reducir significativamente su capacidad operativa.

No las eliminó, pero las obligó a replegarse.

Y esa diferencia, aunque parezca pequeña, es monumental para los millones de habitantes que recuperaron un fragmento de seguridad cotidiana.

 

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La historia de Guanajuato debe servir como un modelo para otros estados que enfrentan el mismo desafío.

La clave no estuvo en un megaoperativo mediático diseñado para la fotografía presidencial, sino en la acumulación silenciosa de cientos de operativos coordinados durante 18 meses.

Es un recordatorio de que la lucha contra el crimen organizado requiere un enfoque sostenido, inteligencia profesional, coordinación institucional y, sobre todo, una voluntad política firme.

Las familias de Guanajuato merecían paz hace años, y todas las familias de México la merecen ahora.

Cada paso hacia la recuperación del control es un paso hacia la esperanza de un futuro más seguro.

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