Tenía una pequeña taquería en Acapulco, pero una pérdida familiar lo empujó a tomar una decisión que nadie imaginó
En Acapulco, donde la violencia y la extorsión son moneda corriente, Manuel López Ruiz nunca imaginó que su taquería en la costera Miguel Alemán se convertiría en el escenario de una venganza meticulosa.
A sus 38 años, padre de familia y dueño de un negocio honesto, la vida de Manuel dio un giro inesperado cuando los sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) asesinaron a su hermana Claudia frente a las cámaras de un hotel, y el sistema judicial archivó el caso sin investigar.
Fue entonces cuando algo se quebró en su interior.

Manuel nació en 1984 en Chilpancingo, Guerrero, y se mudó a Acapulco en busca de una vida mejor.
Desde joven, trabajó arduamente para mantener a su familia.
Su taquería, “Los Tacos de Manu”, se convirtió en un lugar de reunión para los locales y turistas, donde su especialidad, el taco al pastor, atraía a cientos de clientes.
Pero su vida tranquila se desmoronó cuando su hermana fue asesinada.
Claudia, de 32 años, trabajaba como recepcionista en el hotel El Cano.
Su vida fue truncada en un acto de violencia que dejó a Manuel devastado.
La fiscalía no hizo nada para investigar su muerte, archivando el caso y dejando a la familia sin respuestas.
Este abandono por parte del sistema judicial fue el catalizador que llevó a Manuel a tomar la justicia en sus propias manos.
Entre septiembre y diciembre de 2022, Manuel decidió que los responsables de la muerte de su hermana debían pagar.
Conocía a los miembros del CJNG que frecuentaban su taquería, y usando su conocimiento sobre plantas tóxicas, comenzó a envenenar a los extorsionadores que llegaban a su negocio.
En total, 12 sicarios cayeron muertos tras consumir los tacos que Manuel les había servido, y nadie sospechó de la señora del delantal.
La noticia de las muertes de los sicarios comenzó a circular, pero el temor reinante en Acapulco mantenía a la gente en silencio.
Manuel continuó con su rutina, atendiendo a sus clientes y sirviendo tacos, mientras el sistema seguía ignorando la violencia que lo rodeaba.

El 28 de diciembre de 2022, la policía ministerial rodeó la taquería de Manuel.
Mientras él preparaba salsas como cada mañana, los agentes llegaron a la puerta.
Al abrir, Manuel se entregó sin resistencia, sabiendo que el tiempo de su venganza había llegado a su fin.
Las evidencias encontradas en su taquería, incluyendo un frasco de raticida y una libreta con los nombres de sus víctimas, fueron suficientes para que lo arrestaran.
La noticia de su arresto se propagó rápidamente, convirtiéndolo en una figura controvertida en los medios.
Algunos lo consideraban un héroe que había tomado justicia por su propia mano, mientras que otros lo veían como un asesino serial.
La opinión pública se dividió, y el caso de Manuel López se convirtió en un tema candente en la sociedad mexicana.
El juicio de Manuel comenzó en 2023, y la fiscalía presentó pruebas contundentes de su culpabilidad.
Manuel fue condenado a 240 años de prisión por 12 homicidios calificados.
Durante el juicio, su abogado intentó argumentar que Manuel había actuado bajo un estado de emoción violenta tras la muerte de su hermana, pero el tribunal no aceptó esta defensa.
Manuel aceptó su condena sin mostrar remordimiento.
Durante su declaración final, explicó que había tomado justicia en sus propias manos porque el sistema no lo había hecho.
Sus palabras resonaron en la sala del tribunal y en el corazón de muchos que escucharon su historia.

La historia de Manuel López Ruiz es un reflejo de las complejidades de la justicia en un entorno donde la violencia y la impunidad son la norma.
Su venganza, aunque comprensible desde su perspectiva, plantea preguntas sobre la moralidad y las consecuencias de tomar la justicia en manos propias.
¿Era Manuel un asesino serial o un hombre que buscaba justicia en un sistema que no se la ofrecía?
La vida de Manuel, marcada por la tragedia y la venganza, nos recuerda que, en un mundo donde el dolor y la pérdida son comunes, algunas personas eligen actuar, aunque eso signifique cruzar límites que nunca pensaron que romperían.
La pregunta que queda es: ¿qué harías tú si el sistema te fallara?