La historia de **Marco Antonio Solís**, conocido como “El Buki”, ha sido durante décadas sinónimo de romanticismo, baladas emotivas y millones de discos vendidos.

Sin embargo, detrás de esa imagen de poeta del amor se esconde una narrativa mucho más oscura, marcada por acusaciones graves de violencia, infidelidad, abandono y presunto despojo patrimonial, según las declaraciones públicas de **Beatriz Adriana**, su exesposa y madre de su hija Beatriz Solís.
Beatriz Adriana, nacida en 1955 en Navojoa, Sonora, fue una estrella consolidada del cine y la música ranchera mexicana mucho antes de conocer a Solís.
Con apenas 13 años firmó su primer contrato discográfico y a los 15 representó a México en el extranjero.
Para cuando tenía 25 años, había participado en más de 50 películas, acumulado discos de oro y era considerada la reina de la canción ranchera.
En contraste, Marco Antonio Solís, nacido en 1959 en Michoacán, era un músico emergente de Los Bukis, un grupo regional sin gran proyección nacional ni recursos económicos significativos.
Fue Beatriz Adriana quien contrató a Los Bukis para uno de sus eventos.
Según sus propias palabras, Solís llegó sin carro, sin fama y sin estabilidad, y ella le abrió las puertas: lo presentó a productores, lo integró en sus proyectos y le brindó apoyo emocional y financiero.
En 1981 comenzaron a vivir juntos y en 1983 se casaron en dos ceremonias, una en Estados Unidos y otra en México.
Beatriz Adriana ya tenía un hijo de una relación anterior, Leonardo, y pronto quedó embarazada de su hija en común, Beatriz Solís.

Sin embargo, la relación se deterioró rápidamente.
Beatriz Adriana ha afirmado en múltiples entrevistas que Solís mantuvo una relación paralela con la cantante **Marisela**, a quien conoció cuando ella tenía 14 años y él 20.
Esta relación, que Marisela confirmó años después en televisión, se prolongó varios años y coincidió con el matrimonio de Solís.
En 1984, Solís produjo el álbum debut de Marisela, “Sin él”, un éxito masivo de millones de copias.
La canción “La pareja ideal”, interpretada a dúo en programas como Siempre en domingo, se convirtió en un himno romántico, aunque Beatriz Adriana asegura que fue escrita originalmente para ella.
Las infidelidades públicas y privadas culminaron en una acusación particularmente grave: Beatriz Adriana ha relatado que, al confrontarlo por su relación con Marisela, Solís la amenazó con una pistola en la cabeza.
Esta declaración, repetida en entrevistas de los años 90 y reforzada en 2023, nunca ha sido respondida ni desmentida por Solís, quien ha optado por el silencio absoluto ante estas graves imputaciones.
El matrimonio terminó en divorcio en 1987-1988 por infidelidades y diferencias irreconciliables.
Aunque hubo un intento de reconciliación —Solís incluso declaró en 1989 que volvería a casarse con ella y dedicó “Chiquilla bonita” a su hija recién nacida—, la unión no se concretó.
Beatriz Solís creció durante diez años sin contacto con su padre, un abandono que ella misma describió públicamente como doloroso.
La tragedia más profunda llegó en julio de 2000.
Leonardo Martínez, el hijo mayor de Beatriz Adriana, de 21 años, viajó a Tijuana para un negocio de autos.
Fue secuestrado junto a un supuesto amigo, Aquiles Bergis, quien según investigaciones debía una deuda millonaria de drogas a narcotraficantes.
Los captores exigieron 800 mil dólares de rescate.
Beatriz Adriana reunió dinero con ayuda de colegas como Maribel Guardia y Joan Sebastian, pero los secuestradores no esperaron: ejecutaron a ambos jóvenes con un disparo en la cabeza y los abandonaron en un terreno baldío.
Mientras tanto, Marco Antonio Solís se encontraba de gira en Alemania, cantando baladas de amor.
Aunque envió apoyo económico, no interrumpió su agenda ni viajó para acompañar a la madre de su hija en ese momento de devastación.
En 2005, Beatriz Adriana presentó una demanda en la Corte Superior de California para disolver el matrimonio estadounidense que nunca se había invalidado formalmente (el divorcio mexicano de 1988 no cubrió completamente el registro en EE.
UU.
), reclamar manutención retroactiva para su hija y apoyo pendiente.
El caso reveló una situación de bigamia técnica: Solís se había casado con Cristi Salas en 1993 sin haber disuelto legalmente el vínculo anterior.
El juez validó el divorcio mexicano, rechazó las pretensiones principales y obligó a Beatriz Adriana a pagar costas, un revés económico y emocional.
En agosto de 2023, Beatriz Adriana rompió un largo silencio en entrevistas televisivas.
Acusó a Solís y a su esposa actual de haber transferido a su nombre propiedades que ella poseía antes del matrimonio —incluyendo casas y un estudio de grabación— sin su firma ni consentimiento.
Afirmó que no los denunció penalmente para evitar que su hija creciera con el estigma de haber enviado a su padre a prisión, aunque cada traspaso irregular podría haber acarreado hasta cinco años de cárcel.
Reveló haber firmado documentos en un momento de grave enfermedad cardíaca (cuatro infartos), y lanzó una advertencia escalofriante: “Si algo me llegara a pasar, ya saben a quiénes tienen que investigar”, refiriéndose directamente a Solís y Cristi Salas.
Solís no ha emitido respuesta directa a estas acusaciones.
Su esposa publicó en redes una frase indirecta sobre preferir “un culpable arrepentido que a una víctima que busca retribución”.
Él, por su parte, continuó con publicaciones motivacionales y su gira “Más cerquita de ti”.

Hoy, Beatriz Solís mantiene una relación reconciliada con su padre desde 2010 y ha producido música con él, aunque evita opinar públicamente sobre el conflicto entre sus padres.
Beatriz Adriana, radicada en California, prepara un libro autobiográfico para contar su versión completa.
Marisela, por su parte, ha expresado frustración por no poder interpretar “La pareja ideal” junto a Solís debido a restricciones de su entorno actual.
Las baladas de Marco Antonio Solís —”Si no te hubieras ido”, “Amor eterno”, “La pareja ideal”— siguen sonando en bodas y radios, pero para quienes conocen esta historia, las letras adquieren un matiz distinto.
El hombre que canta sobre el abandono y el dolor ajeno es, según estas testimonios, quien lo provocó en las vidas más cercanas.
Las palabras pueden ser poesía, pero las acciones —o su ausencia— revelan una verdad que ninguna melodía puede ocultar.