Juan el Bautista fue un profeta histórico confirmado por fuentes bíblicas y por Flavio Josefo, cuya vida estuvo marcada por su relación compleja con Jesús, su mensaje de arrepentimiento y su influencia en múltiples tradiciones religiosas.

En el noreste de Jordania, en la ribera oriental del río Jordán, se encuentra un sitio arqueológico venerado desde tiempos bizantinos: Alem Macdas, el lugar donde se dice que Jesús de Nazaret fue bautizado por Juan el Bautista.
Este profeta judío, canonizado como San Juan Bautista, es una figura central en los evangelios y su historicidad está respaldada por el historiador judeo-romano Flavio Josefo.
Pero, ¿quién fue realmente Juan el Bautista y por qué su figura sigue siendo un enigma en la historia religiosa?
Juan es conocido principalmente por dos hechos: haber bautizado a Jesús y por su trágica muerte, decapitado por orden de Herodes Antipas, quien accedió a la petición de su esposa Herodías y su hijastra Salomé.
Sin embargo, su vida estuvo marcada por muchos otros eventos significativos.
Algunos historiadores sugieren que, en un tiempo, Juan y Jesús pudieron haber sido rivales.
“¿Acaso no fue Jesús un discípulo de Juan?”, se preguntan algunos.
Esta relación maestro-discípulo ha sido objeto de debate, ya que los evangelios presentan a Juan como un precursor de Jesús, mientras que algunos textos sugieren que ambos compartían un mensaje escatológico sobre el arrepentimiento y el reino de Dios.

En las palabras de Jesús, según Mateo 11:11, “De cierto os digo, entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista”.
Esta afirmación resalta la importancia de Juan en el cristianismo primitivo.
Además, su figura no solo es relevante en el cristianismo, sino también en otras tradiciones religiosas como el islam, el mandeísmo y el drucismo.
Los drusos, por ejemplo, consideran a Juan como uno de sus profetas más importantes, junto a figuras como Mahoma y Jesús.
La muerte de Juan el Bautista es un relato que ha perdurado a lo largo de los siglos.
Según los evangelios, fue encarcelado por Herodes Antipas tras reprenderlo por su matrimonio con Herodías, quien había estado casada con su hermano.
En una celebración de cumpleaños, Salomé bailó ante Herodes y, en agradecimiento, le pidió lo que quisiera.
Siguiendo el consejo de su madre, pidió la cabeza de Juan en una bandeja.
“No puedo recibir nada si no me es dado del cielo”, dijo Juan, anticipando su destino.
Este acto de traición y deseo de venganza selló su trágico final.

Pero, ¿qué pasó con sus restos? La tradición sostiene que la cabeza de Juan fue enterrada en la fortaleza de Macareo, aunque otras versiones afirman que fue llevada a Jerusalén.
En la Edad Media, se decía que su cráneo estaba en posesión de los caballeros templarios, lo que dio origen a numerosas leyendas.
Algunos relatos incluso mencionan que durante el saqueo de Constantinopla en 1204, un canónico francés encontró un cráneo que se creía pertenecía a Juan.
La mano derecha de Juan, la que bautizó a Jesús, también ha sido objeto de veneración y se dice que se encuentra en varios lugares, desde Turquía hasta Italia.
La figura de Juan el Bautista es fascinante no solo por su muerte, sino también por su vida y su mensaje.
Los mandeístas, una secta que se considera descendiente directa de sus seguidores, lo veneran como su mayor profeta.
En sus textos, Juan es descrito como un renovador de la fe y un mensajero de la verdad.
Según ellos, “Juan fue un gran maestro, poseedor del conocimiento espiritual”.
Este legado ha perdurado a lo largo de los siglos, convirtiendo a Juan en un símbolo de fe y resistencia.
En el contexto del cristianismo, Juan es presentado como un personaje que vivió en la comunidad de los esenios, una secta judía que practicaba el bautismo ritual.
Se especula que pudo haber recibido parte de su formación religiosa en esta comunidad.
“No puede descartarse que Juan el Bautista viviera un tiempo en esta comunidad”, reflexionó el Papa Benedicto XVI.
Esta conexión con los esenios añade otra capa de misterio a su figura.

A lo largo de la historia, Juan el Bautista ha sido representado de diversas maneras en el arte religioso.
En algunas representaciones ortodoxas, aparece con alas, simbolizando su condición de mensajero divino.
“El Bautista es el máximo profeta”, se dice, y esta representación artística ha perdurado a lo largo de los siglos.
Sin embargo, la razón por la que solo Juan es presentado de esta manera, mientras que otros profetas no, sigue siendo un tema de discusión entre los teólogos.
En el islam, Juan es conocido como Yahya y es considerado un profeta venerado.
“Yahya fue uno de los testigos de la palabra de Dios”, se afirma en el Corán, donde se destaca su bondad y castidad.
Esta reverencia hacia Juan en diferentes tradiciones religiosas refleja su relevancia y la complejidad de su figura.
Así, la vida y muerte de Juan el Bautista continúan siendo un tema de fascinación y estudio.
Su legado trasciende fronteras y religiones, convirtiéndolo en uno de los personajes más misteriosos y enigmáticos de la historia.
“Un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, se dice, y la historia de Juan es un recordatorio de la importancia de conocer y entender nuestras raíces.