🧊🌍 El abismo blanco que desafía a la ciencia: un agujero del tamaño de Suiza se abre en el hielo antártico, reaparece tras décadas y obliga a los científicos a replantearse cómo respira el océano oculto del fin del mundo

Resuelto el misterio del agujero que se abre y se cierra en el hielo de la  Antártida. Tiene el tamaño de Suiza

La Antártida es el reino del hielo.

En verano, cuando el continente “se libera”, el hielo marino se reduce a unos 2,7 millones de kilómetros cuadrados.

En invierno, sin embargo, se expande hasta unos 18 millones de kilómetros cuadrados, cubriendo cerca del 4 % de toda la superficie terrestre.

Un desierto helado que, en teoría, debería ser sólido, continuo e impenetrable.

Pero no siempre lo es.

En 1974, los satélites detectaron algo desconcertante en el mar de Weddell: un enorme agujero de agua abierta rodeado de hielo marino compacto.

Lo llamaron la Polinia de Maud Rise.

No estaba cerca de la costa, donde los vientos pueden empujar el hielo y crear aperturas temporales.

Estaba en mar abierto, en el corazón del invierno polar, donde ese tipo de fenómeno no debería existir.

Y entonces desapareció.

Durante años, la polinia jugó a las escondidas.

Aparecía una temporada, luego se esfumaba durante décadas, para regresar con otro tamaño, otra forma, otra intensidad.

Los científicos sabían que las polinias costeras eran relativamente comunes, creadas por vientos fríos que separan el hielo.

Pero esta era diferente.

Más profunda.

Más obstinada.

Más inquietante.

Misterioso agujero del tamaño de Suiza en la Antártica finalmente es  resuelto tras 50 años sin explicación - La Tercera

El misterio alcanzó su punto máximo en 2016 y 2017.

Ese invierno, la Polinia de Maud Rise no solo reapareció: explotó en tamaño.

Superó los 30.000 kilómetros cuadrados y permaneció abierta durante semanas en plena noche polar.

Era la mayor polinia observada en esa región desde la década de 1970.

En un momento en que el hielo marino del océano Austral estaba disminuyendo, este agujero parecía una anomalía imposible.

La pregunta era inevitable: ¿qué estaba rompiendo el hielo desde abajo?

Para encontrar la respuesta, los científicos se sumergieron en una avalancha de datos.

Satélites, sensores flotantes, boyas oceánicas e incluso información recolectada por animales marinos equipados con dispositivos de medición.

Décadas de observaciones comenzaron a encajar como piezas de un rompecabezas oscuro.

La clave estaba en el océano.

Bajo el hielo del mar de Weddell circula una poderosa corriente circular conocida como el giro de Weddell.

En 2016 y 2017, este giro fue inusualmente fuerte.

Ese empuje adicional permitió que agua profunda, más cálida y mucho más salada, ascendiera hacia la superficie.

La polinia se forma justo sobre una montaña submarina llamada Maud Rise.

Durante esos años extraordinarios, la corriente intensificada hizo que el agua salada rodeara este pico sumergido.

En la superficie, los vientos generaron un efecto de sacacorchos que arrastró esa agua densa hacia arriba.

La sal fue el detonante final.

El agua más salada tiene un punto de congelación más bajo.

Al llegar a la superficie, impidió que el océano se congelara incluso bajo temperaturas extremas.

Así, el hielo no solo se rompió: no pudo volver a formarse.

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El agujero nació, creció y se mantuvo abierto, alimentado desde las profundidades del planeta.

Este fenómeno no es solo una curiosidad visual.

Las polinias cumplen un papel crucial en el sistema climático de la Tierra.

En estos agujeros, el agua se enfría, se vuelve extremadamente densa y se hunde, viajando miles de kilómetros a través del océano global.

Es parte del motor invisible que regula corrientes, distribuye calor y afecta el clima en todo el mundo.

En otras palabras, lo que ocurre en este rincón remoto de la Antártida no se queda allí.

La Polinia de Maud Rise es una ventana directa al océano profundo, un respiradero planetario que conecta capas que normalmente están aisladas durante el invierno.

Su aparición prolongada podría alterar la formación de aguas profundas antárticas, con consecuencias que aún se están estudiando.

Y, como suele ocurrir en la Antártida, este misterio no está solo.

Bajo kilómetros de hielo se esconden lagos subglaciales donde prospera vida microbiana que nunca ha visto la luz del Sol.

Cascadas rojas como sangre fluyen desde glaciares, teñidas por hierro oxidado.

Cordilleras antiguas, tan viejas como mil millones de años, permanecen intactas bajo el hielo, desafiando toda lógica geológica.

Incluso el hielo canta: enormes plataformas vibran con el viento, produciendo una melodía sísmica que los científicos usan como sistema de alerta temprana.

La Antártida no es un desierto muerto.

Es un mundo oculto, dinámico y profundamente activo.

La Polinia de Maud Rise es un recordatorio brutal de ello.

Un agujero que aparece cuando no debería, que se abre en la noche eterna y revela que el océano bajo el hielo está vivo, en movimiento, empujando contra su prisión helada.

Hoy, los científicos creen entender por qué se forma.

Pero no pueden asegurar cuándo volverá a abrirse… ni qué tan grande será la próxima vez.

Porque en la Antártida, incluso el hielo guarda secretos.

Y algunos de ellos son lo suficientemente grandes como para verse desde el espacio.

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