El ascenso de Yeison Jiménez, desde los pasillos de la central de abastos más grande de Colombia hasta la cima del estrellato internacional, es una historia que hoy, jueves 15 de enero de 2026, se lee con la solemnidad de un legado que ha quedado sellado por la tragedia.
El “Aventurero”, como era conocido cariñosamente, no solo conquistó los corazones de un país con su voz melodiosa, sino que construyó un imperio empresarial que redefinió lo que significa el éxito en el género popular.

Su vida fue una paradoja de humildad extrema y una opulencia calculada, un camino marcado por la superación de una infancia violenta y el perdón hacia un padre que lo abandonó en la pobreza, pero a quien Yeison sostuvo financieramente hasta sus últimos días.
Nacido en Manzanares, Caldas, Yeison comenzó su vida en una familia que gozaba de una posición económica privilegiada debido a los negocios de su padre.
Sin embargo, un quiebre emocional y financiero llevó a su progenitor al alcoholismo y la violencia, obligando a su madre a huir con sus hijos hacia Manizales y luego a Bogotá.
Fue en la capital donde la leyenda del “niño de los aguacates” tomó forma.
Trabajando en Corabastos desde la madrugada, Yeison pasó de organizar costales a ser jefe de puesto, forjando una mentalidad de tiburón que le serviría años más tarde para administrar su fortuna.
El imperio empresarial: Más allá de los escenarios
Para Yeison Jiménez, el éxito no se medía solo en aplausos o reproducciones en YouTube (donde “El Aventurero” superó los 354 millones de vistas), sino en activos tangibles.
A diferencia de otros artistas, su enfoque fue la diversificación.
Jiménez operaba bajo la firma YJ Company SAS, la cual registraba activos superiores a los 8,250 millones de pesos.
Su nómina era masiva: cerca de 150 personas dependían de sus diversas empresas, lo que generaba gastos fijos mensuales de aproximadamente 160 millones de pesos.
Su patrimonio estaba anclado en la tierra y la infraestructura.
Yeison no solo invertía en joyas; invertía en hoteles y agroindustria.
Reportes recientes indican que avanzaba en la construcción de tres hoteles de lujo ubicados en Fusagasugá (Cundinamarca), Tolima y Fúquene (Boyacá), proyectos cuyo avalúo conjunto superaba los 14,000 millones de pesos.

Además, su finca en los Llanos Orientales era el centro de su marca Miel de la Cumbre, un negocio agroindustrial de exportación valorado en más de 6,500 millones de pesos.
La pasión por el Paso Fino y los motores
Si hubo algo que definió el estatus de Yeison Jiménez fue su criadero de caballos.
Más que un negocio, era su refugio emocional.
Sus ejemplares de Paso Fino, entre los más admirados del país, elevaban el avalúo de su criadero a unos impresionantes 16,000 millones de pesos.
La muerte de uno de sus campeones fue uno de los pocos momentos en que el público vio al artista llorar con amargura, demostrando que su riqueza tenía un componente afectivo profundo.
En cuanto a su garaje, Jiménez era un coleccionista de camionetas de alta gama con carácter.
Su colección incluía joyas automotrices como la Mercedes AMG G63 (G-Wagon), la Toyota Land Cruiser 200, y una Lexus GX460 modelo 2023 valorada en unos 240 millones de pesos.
Aunque se rumoró la compra de una Tesla Cybertruck en Miami, se confirmó que fue una estrategia mediática mediante alquiler para promocionar sus shows, demostrando su agudeza para el marketing y el manejo de su imagen pública.
El costo del éxito y la premonición final
El estilo de vida de Yeison exigía una maquinaria constante.
Una presentación privada de 40 minutos del artista podía costar alrededor de 240 millones de pesos.
Sin embargo, este éxito no lo eximió de las vicisitudes del mundo de los negocios en Colombia, sufriendo estafas en el sector de alquiler de vehículos que le costaron pérdidas de más de 800 millones de pesos.
Trágicamente, la aeronave Piper Navajo con matrícula N325FA, propiedad de su propia compañía y símbolo de su autonomía, fue la misma que le arrebató la vida el pasado sábado 10 de enero en el área entre Paipa y Duitama.
Yeison viajaba con cinco miembros de su equipo cuando la avioneta, cargada de combustible para un viaje corto, se precipitó a tierra y explotó tras el impacto.
Yeison Jiménez deja una herencia monumental no solo en dinero y propiedades, sino en un ejemplo de paternidad y redención.
Acogió a las dos hijas de su esposa Sonia como propias y dejó un bebé de apenas un año que crecerá con la leyenda de un padre que soñó su propio final en tres sueños premonitorios.
Hoy, mientras los activos de su empresa siguen registrados y sus caballos de paso fino permanecen en sus pecebreras, Colombia despide al hombre que demostró que el dinero es solo una herramienta, pero la verdadera riqueza reside en el perdón, la fe y el servicio a los demás.