La nación colombiana se encuentra sumida en un estado de conmoción y profundo pesar tras confirmarse una de las noticias más devastadoras para el mundo del entretenimiento y la cultura popular en los últimos años.
Este martes 13 de enero de 2026, las autoridades aeronáuticas y los cuerpos de socorro han ratificado el fallecimiento de Yeison Jiménez, el máximo exponente de la música popular contemporánea, en un trágico accidente aéreo ocurrido en las inmediaciones del municipio de Paipa, en el departamento de Boyacá.

El siniestro, que tuvo lugar durante las primeras horas de la jornada, no solo apaga la voz de un artista excepcional de apenas 34 años, sino que deja un vacío irreparable en el corazón de un país que veía en él un ejemplo de superación, humildad y talento inagotable.
Los hechos se desencadenaron cuando la aeronave privada en la que se transportaba el artista, con destino a la ciudad de Medellín, se disponía a realizar las maniobras de despegue desde la pista del aeropuerto local en Paipa.
Según los reportes preliminares y los testimonios de los operarios de la torre de control, el avión no logró alcanzar la sustentación necesaria para elevarse de manera correcta.
En un giro trágico de los acontecimientos, la aeronave perdió el control, desviándose violentamente de la franja de despegue al ganar velocidad.
Las imágenes captadas por cámaras de seguridad y dispositivos móviles de testigos en la zona muestran el angustiante momento en que el aparato se sale de la pista e impacta de forma estrepitosa contra el terreno de una finca ubicada en Romitas, específicamente en el sector conocido como Merengo.
A bordo de la aeronave viajaban seis personas en total, incluyendo al carismático intérprete.
El impacto fue de tal magnitud que las posibilidades de supervivencia fueron nulas para varios de sus ocupantes.
El equipo de rescate que llegó al lugar de la tragedia se encontró con una escena desoladora, donde el amasijo de hierros retorcidos marcaba el final del viaje de un hombre que se encontraba en el pináculo de su carrera artística.
La noticia empezó a circular como un rumor doloroso en redes sociales hasta que, finalmente, las fuentes oficiales confirmaron la identidad de las víctimas, situando el nombre de Yeison Jiménez a la cabeza de esta lamentable lista que hoy enluta a toda Colombia.
Yeison Jiménez no era solo un cantante; era un fenómeno sociológico.
Nacido en el corazón del pueblo, su ascenso a la fama fue el resultado de un esfuerzo titánico que comenzó desde su más temprana adolescencia.
Desde aquellos días en los que ayudaba en la plaza de mercado, su pasión por el canto fue su motor y su refugio.
Su carrera despegó de manera meteórica con el éxito rotundo de su tema “Te deseo lo mejor”, una canción que se convirtió en un himno de las cantinas, los hogares y las fiestas de todo el territorio nacional.
Con una discografía que superaba las 70 canciones propias, Jiménez había logrado amalgamar el sentimiento profundo del género popular con una producción moderna y una voz inconfundible que resonaba con la misma fuerza tanto en los pueblos más remotos como en los grandes escenarios internacionales.
Su trayectoria estuvo marcada por una disciplina férrea y un respeto sagrado por su público.
A lo largo de los años, conquistó los corazones de millones de fanáticos, no solo por la calidad de sus composiciones como “Aventurero”, “Bendecida” o “Ni tengo ni necesito”, sino por su capacidad para conectar con la realidad del colombiano de a pie.
Su carisma era natural, su sonrisa genuina y su historia de vida servía de inspiración para miles de jóvenes que veían en él la prueba de que los sueños, con trabajo duro, pueden hacerse realidad.
Para este inicio de 2026, el artista tenía programada una ambiciosa gira nacional que prometía ser el evento musical del año, un recorrido por las principales ciudades del país para celebrar sus logros y agradecer el apoyo incondicional de su “familia”, como él solía llamar a sus seguidores.
La pérdida de un talento de esta magnitud resulta difícil de asimilar.
Colombia hoy llora a un hijo que supo interpretar sus penas, sus alegrías y sus despechos.
Las calles de Paipa y los alrededores de la finca en Romitas se han convertido en centros de peregrinación improvisados donde los seguidores, aún en estado de shock, se acercan para depositar flores, encender velas y entonar, entre lágrimas, las estrofas de las canciones que Yeison hizo inmortales.
El impacto de su partida trasciende las fronteras, pues su música había logrado penetrar mercados internacionales, llevando la identidad colombiana a escenarios de Estados Unidos, Europa y gran parte de América Latina.

El legado que deja Yeison Jiménez en la música colombiana es incalculable.
Fue el puente entre la vieja guardia de la música guasca y popular y las nuevas generaciones.
Supo dignificar un género que durante mucho tiempo fue estigmatizado, llevándolo a las listas de éxitos más importantes del mundo y colaborando con artistas de diversos géneros, demostrando una versatilidad que pocos poseen.
Sus letras, cargadas de vivencias reales, amores truncados y triunfos sobre la adversidad, seguirán resonando en cada rincón del país, asegurando que su voz nunca se apague del todo.
Las autoridades de la Aeronáutica Civil han iniciado una investigación exhaustiva para determinar las causas exactas del accidente en el sector Merengo.
Se analizan factores climáticos, posibles fallas mecánicas o errores humanos que pudieron haber llevado a que la aeronave no lograra el despegue.
Mientras los expertos realizan su labor técnica, el país entero se une en un solo clamor de solidaridad para con la familia de Jiménez, sus amigos cercanos y los familiares de las otras cinco personas que perdieron la vida en este fatídico evento.
Este 13 de enero quedará marcado en la historia negra de la música nacional.
Es el día en que perdimos a un aventurero que, en el punto más alto de su vuelo, fue llamado por el destino a la inmortalidad.
La tristeza es profunda, casi tangible en el aire.
Las redes sociales se han inundado de mensajes de colegas artistas, figuras públicas y ciudadanos del común que no logran aceptar que el intérprete de 34 años ya no estará físicamente para entregar su energía en los escenarios.

Sin embargo, como suele suceder con los grandes ídolos, su partida física es apenas el comienzo de su leyenda.
El vacío que deja Yeison Jiménez en la industria es inmenso.
No solo se va un cantante, se va un empresario, un mentor y una voz que representaba la resiliencia del pueblo colombiano.
Sus 70 composiciones quedan como un testamento de su ingenio y su sensibilidad.
Hoy, mientras los restos de la aeronave son custodiados en Boyacá, el eco de su voz parece recorrer las montañas de Antioquia, los valles del Cauca y las llanuras del oriente, recordándonos que, aunque la vida sea efímera como un vuelo truncado, el arte tiene el poder de vencer a la muerte.
Es difícil creer que un talento tan grande se haya ido tan pronto, precisamente cuando sus planes para este 2026 eran los más ambiciosos de su historia.
La gira que estaba por comenzar no será más que un recuerdo de lo que pudo ser, pero sus fanáticos se encargarán de que cada una de sus letras sea coreada con más fuerza que nunca.
Colombia se despide de su ídolo popular, de aquel joven que salió de las dificultades para conquistar el mundo y que, irónicamente, encontró el final de su camino en la misma tierra que tanto amó y a la que siempre regresaba.
¿Qué legado deja realmente Yeison Jiménez en la música colombiana? Deja la certeza de que la humildad es el camino al éxito, de que las raíces no se olvidan y de que una canción bien cantada puede sanar el alma de un pueblo entero.
Su nombre quedará grabado junto al de los grandes mitos de nuestra cultura.
Mientras la investigación avanza y los detalles técnicos intentan explicar lo inexplicable, el país se detiene para rendir homenaje a una estrella que brilló con luz propia y que, tras este trágico accidente en Paipa, se ha convertido en una luz eterna en el firmamento musical de Colombia.
Descanse en paz, Yeison Jiménez.
Su música seguirá siendo el bálsamo para los corazones heridos y el brindis obligado en cada reunión donde se celebre la vida, la pasión y el sentimiento.
El 13 de enero de 2026 será recordado siempre como el día en que la música popular perdió su corona, pero ganó una leyenda que vivirá por siempre en el aire, en las radios y en el alma de cada colombiano que alguna vez cantó a grito herido sus canciones.