La noticia ha sacudido las plataformas digitales tras la emisión de “La Noche Habla”, donde Lozano no solo criticó la actitud de Tarazona ante la prensa, sino que desmanteló su comportamiento público con una severidad que pocos se atreven a ejercer en televisión nacional.
El detonante de este ataque fue un informe en el que Karla Tarazona y Christian Domínguez respondían a preguntas sobre una denuncia vinculada a Melanie Martínez.

Durante la cobertura, Lozano observó con indignación cómo Tarazona asumía un rol de defensora absoluta, impidiendo que Domínguez articulara palabra alguna frente a los micrófonos.
Tilsa Lozano fue lapidaria al describir la escena, calificando a Tarazona como una “señora un poco de Lulú” y a Christian Domínguez como un “muñeco ventrílocuo” que solo atina a mirar al piso o reírse de forma nerviosa.
Para Lozano, esta dinámica no es una muestra de apoyo, sino una falta de respeto profunda hacia la pareja, sugiriendo que Karla trata a Christian como a un niño que no tiene la capacidad de responder por sí mismo.
“¿Por qué el reportero le pone el micrófono al bebito si responde la mamá?”, cuestionó Tilsa con sarcasmo, subrayando que la actitud sobreprotectora de Tarazona solo deja en evidencia el miedo a lo que Domínguez pueda declarar.
Sin embargo, el punto más álgido del informe se centró en la “cara de tuje” (expresión rioplatense para referirse a un gesto de mal humor o soberbia) que Karla Tarazona mantiene constantemente ante las cámaras.
Tilsa Lozano criticó la “mala onda” y la actitud “a la defensiva” de una mujer que presume de tener 25 años de trayectoria en el medio televisivo.

Según Lozano, alguien con dos décadas y media de experiencia debería tener la altura suficiente para comprender que la prensa tiene el derecho de preguntar y que no todas las respuestas serán del agrado del entrevistado.
“Si tienes 25 años de carrera, compórtate a la altura; así funciona la televisión”, sentenció la opinóloga, instando a Tarazona a abandonar la actitud de víctima.
La “Vengadora” también tocó la fibra más sensible de la vida privada de Tarazona: su historial judicial.
Lozano recordó que Karla ha demandado a todos los padres de sus hijos, incluyendo al propio Christian Domínguez en el pasado, para luego volver con él en medio de un circo mediático.
La crítica de Tilsa es clara: si una figura pública expone sus conflictos familiares, los hace públicos y utiliza el sistema judicial para ventilar sus problemas, no puede escandalizarse cuando los periodistas la buscan en la puerta de su casa o en los pasillos del canal.
Para Lozano, esta contradicción es una muestra de falta de coherencia y una estrategia fallida para manejar la exposición mediática.
Christian Domínguez tampoco salió ileso de este informe pormenorizado.
Lozano reveló que encontró al cantante escuchando detrás de la puerta de su camerino lo que ella y su equipo hablaban, calificándolo de “Kiko” y acusándolo de quejarse “con su mamá” cada vez que algo no le gusta.
La anécdota, que incluye a un Domínguez gritando de sorpresa al ser descubierto, fue utilizada por Tilsa para marcar la diferencia de educación y manejo profesional entre ambos.
“Claramente usted y yo no nos manejamos igual”, disparó Lozano, dejando en claro que no permitirá que Domínguez intente censurar sus opiniones como colaboradora del programa.
Este conflicto no es aislado, sino que tiene raíces en un fuerte enfrentamiento previo entre Karla Tarazona y la joven conductora Tracy Freundt.
En aquella ocasión, Tarazona intentó desmerecer a Freundt apelando nuevamente a sus “25 años en televisión”, a lo que Tilsa respondió ahora defendiendo el derecho de las nuevas generaciones a opinar sin ser ninguneadas por su edad.

Lozano analizó que la soberbia de Tarazona al intentar “humillar” a compañeras más jóvenes por su trayectoria es una actitud que ya no tiene cabida en una televisión moderna y empática.
La reflexión final de Tilsa Lozano fue un misil directo a la línea de flotación de la dignidad de Karla: el respeto se gana con coherencia, no con años de antigüedad mal utilizados.
El impacto de estas declaraciones ha dividido a la audiencia entre quienes apoyan la crudeza honesta de Tilsa y quienes consideran que sus ataques hacia la fisonomía emocional de Karla son excesivos.
No obstante, el análisis de Lozano pone sobre la mesa un tema urgente en la farándula peruana: la responsabilidad de las celebridades sobre el contenido que ellas mismas generan y luego pretenden censurar.
Si Karla Tarazona insiste en mantener un escudo de agresividad ante la prensa mientras vive de la exposición de su vida íntima, seguirá siendo el blanco de críticas de especialistas como Lozano.
La “Noche Habla” se ha convertido así en el escenario de una de las batallas de egos más intensas del año.
Este informe concluye que el enfrentamiento entre Tilsa y Karla trasciende lo personal para convertirse en una lección sobre las reglas no escritas de la industria del entretenimiento.
La advertencia de Lozano es definitiva: cada acto público tiene un rebote mediático, y pretender controlar la narrativa con gestos de desprecio solo agrava la crisis de imagen.
Karla Tarazona se enfrenta ahora al reto de demostrar si esos 25 años de carrera le han servido para aprender a navegar la tormenta o si seguirá siendo, en palabras de Tilsa, una señora desvariante atrapada en sus propios conflictos.
Por ahora, el marcador en esta guerra de palabras parece favorecer la contundencia de la “Vengadora”.