En el complejo entramado de la vida, existen momentos donde el destino parece susurrar advertencias que solo el tiempo logra descifrar.
Hoy, jueves 15 de enero de 2026, mientras Colombia entera se une en un duelo nacional por la partida de Yeison Jiménez, ha resurgido un testimonio que hiela la sangre y dota de un aura mística a la tragedia ocurrida en el departamento de Boyacá.

El intérprete de “Aventurero”, el hombre que conquistó al mundo desde la humildad de las plazas de mercado, no solo fue un fenómeno musical, sino un ser humano que vivió bajo la sombra de una premonición que hoy, lamentablemente, se ha cumplido con una exactitud aterradora.
A través de archivos inéditos y entrevistas que hoy cobran un valor profético, se ha revelado que Yeison Jiménez vivió atormentado —y a la vez prevenido— por una serie de sueños recurrentes que señalaban el final de su camino.
“Yo me soñé tres veces con que íbamos a tener un accidente en el avión”, confesó el artista en una charla cargada de sinceridad.

En sus visiones, Yeison se veía a sí mismo intentando advertir al piloto sobre fallas mecánicas, una narrativa que se repetía con tal intensidad que llegó a considerar estos sueños como señales divinas que no logró captar a tiempo.
La anatomía de una premonición: “Nos habíamos matado y salíamos en las noticias”
El relato de Yeison sobre sus pesadillas es detallado y desgarrador.
No se trataba de temores vagos, sino de escenas cinematográficas donde el peligro era palpable.
“En uno de los sueños, yo sí me soñé que nos habíamos matado y que salíamos por las noticias”, relataba el cantante con una calma que hoy resulta inquietante.
Sus visiones incluían aviones que perdían las alas en pleno vuelo o motores que se incendiaban poco después del decolaje.
“Dios me dio tres señales y yo no las entendí, no las capté”, admitió en su momento, reconociendo la dificultad humana para aceptar la fatalidad como una posibilidad real.
Este presentimiento no nació de la nada.
Yeison ya había tenido un “encuentro cercano” con la muerte en una ocasión previa en Medellín.
En aquel entonces, una avioneta recién salida de mantenimiento presentó fallas críticas a los escasos 14 segundos de haber iniciado el vuelo.
Jiménez recordaba ver los indicadores de los motores en rojo (“bad left, bad right”) y sentir que el avión nunca lograba elevarse sobre las montañas antioqueñas.
“Yo decía: ‘No conocí al niño’, porque faltaban apenas 10 días para que mi hijo Santiago naciera”, confesó emocionado.
Esa vez, la pericia del capitán Camilo y lo que él llamó una “intervención divina” le otorgaron una segunda oportunidad que hoy, el destino le ha reclamado en la vereda Romita.
El peso del miedo y la lealtad al público
Vivir con la sospecha de que el final puede estar a la vuelta de un vuelo comercial o privado no es fácil.
Yeison confesó que tras su susto en Medellín sufrió de una depresión profunda que se extendió por cuatro meses.
“Me tocó ir al psicólogo porque me soñaba todas las noches con el accidente, veía a mis hijas crecer mientras yo estaba en el aire”, reveló.

Sin embargo, su compromiso con la “familia jimenista” y su deseo de llevar el género popular a niveles internacionales fueron más fuertes que su propio instinto de preservación.
El “Aventurero” era un hombre de fe inquebrantable.
“Estoy acá por Dios”, solía decir cada vez que subía a un escenario.
Su gratitud era eterna hacia aquellos que lo sacaron de la nada, especialmente su manager y su equipo más cercano, quienes también perdieron la vida en el siniestro de este inicio de 2026.
Para Yeison, el éxito no era un fin, sino una herramienta para ayudar a sus hermanos menores y asegurar el futuro de su madre y sus hijos.
Un legado de amor y responsabilidad paternal
Más allá de las premoniciones, Yeison Jiménez será recordado como el “papá responsable” que siempre puso a su familia en el centro de su universo.
En las últimas horas, testimonios de sus allegados y de su propia hija han inundado las redes, resaltando su calidad humana.
“Él no sueña solo para él, sueña para su familia y para todas las personas que lo rodean”, comentaba un familiar cercano.
Su hija, con quien mantenía un vínculo que trascendía la sangre, lo describió como “el hombre que me cambió la vida, el mejor ser humano que pueda existir”.
La tragedia de la avioneta N325 FA en la finca Marengo ha silenciado su voz física, pero ha amplificado su leyenda.
El hecho de que Yeison presintiera su partida añade una capa de respeto y admiración a su figura: él sabía el riesgo, sentía el temor, pero aun así decidió volar para cumplir su misión.
Colombia hoy no solo escucha su música; hoy el país analiza cada una de sus letras como si fueran fragmentos de un testamento escrito con el alma.
Este 15 de enero de 2026, la pregunta que queda en el aire es si el destino puede realmente ser evadido o si los sueños son simplemente el recordatorio de que somos pasajeros en un vuelo con fecha de regreso establecida.
Yeison Jiménez voló alto, tal como lo soñó, y aunque su descenso fue trágico, su ascenso a la inmortalidad de la cultura popular colombiana es ya un hecho consumado.
¿Crees que las premoniciones son una advertencia para cambiar el rumbo o una forma de prepararnos para lo inevitable? ¿Cuál es ese mensaje que le dejarías a la familia de Yeison tras conocerse que él ya presentía este final? Te invitamos a compartir tus reflexiones en los comentarios.