🔥 ¡CAOS EN EL ÚLTIMO ADIÓS! Las 13 revelaciones que empañaron el funeral de Yeison Jiménez hoy.

El 19 de enero de 2026 quedará marcado en la historia de la cultura popular colombiana como el día en que el país se detuvo para rendir el último tributo a su máximo ídolo del despecho, Yeison Jiménez.

Lo que se vivió en el Movistar Arena de Bogotá no fue un simple funeral masivo, sino una manifestación de amor, dolor y misticismo que desbordó cualquier protocolo previsto.

Entre cánticos, lágrimas y sucesos que muchos calificaron de sobrenaturales, la despedida del “Aventurero” dejó trece hitos que hoy analizamos desde la perspectiva periodística, revelando la intensidad de una jornada que paralizó a la nación.

Uno de los momentos más impactantes y que rápidamente se viralizó en las plataformas digitales ocurrió durante la intervención de Sebastián Ayala.

Mientras el joven artista intentaba articular palabras de agradecimiento y dolor frente al féretro, las cámaras captaron una mariposa que comenzó a sobrevolar el escenario de manera inusual.

El pequeño insecto terminó posándose justo frente al cantante, un evento que para los presentes no fue una coincidencia, sino una señal espiritual del propio Yeison Jiménez despidiéndose de sus colegas.

Este suceso místico contrastó fuertemente con la realidad terrenal a las afueras del recinto, donde el desespero por ingresar al homenaje gratuito provocó desórdenes y enfrentamientos con la fuerza pública, demostrando que el fervor por el artista rozaba la devoción descontrolada.

La familia del intérprete de “Bendecida” fue, como era de esperarse, el centro de la carga emocional.

Sonia Restrepo, la viuda del artista, protagonizó una de las imágenes más desgarradoras de la velada cuando, en un acto de amor profundo, se acercó al ataúd y colocó sobre su cabeza el sombrero popular de Yeison.

Fue un gesto simbólico de protección y herencia, una forma de decir que, aunque él ya no estuviera, su esencia y su legado permanecían con ella.

Esta tristeza se extendió a los invitados internacionales, como el mexicano Luis Ángel “El Flaco”.

El autor de “Mi último deseo” intentó interpretar la canción que compartía con Jiménez, pero el llanto le impidió completar las estrofas.

Solo pudo tararear algunas partes mientras Pipe Bueno, en un acto de hermandad, lo abrazaba en la tarima para consolarlo ante el aplauso de miles de “Jimenistas” que completaron la letra a todo pulmón.

Sin embargo, no todo fue armonía en esta despedida de Estado.

La controversia también hizo acto de presencia, personificada en Luis Alberto Posada.

El veterano de la música popular protagonizó una discusión en plena tarima con los músicos de la orquesta.

Posada insistía en cantar un tema fuera del repertorio establecido, y ante la negativa de la dirección musical por cuestiones de tiempo y protocolo, decidió interpretar la canción a capela, desafiando la organización del evento.

Además, el “Maestro” rompió el estricto código de vestimenta; mientras todos los artistas lucían rigurosos smokings negros, él apareció de blanco y jeans, un detalle que generó críticas divididas entre quienes lo vieron como una falta de respeto y quienes defendieron su rebeldía característica.

En el plano de los anuncios significativos, Luis Alfonso dio un paso al frente con un gesto de solidaridad empresarial y humana que fue ovacionado.

El cantante aseguró públicamente que no dejará desamparado al equipo de trabajo de Yeison Jiménez.

Prometió que todos los empleados del fallecido artista ahora formarán parte de su nómina, reconociendo que detrás de la estrella había decenas de familias que dependían de su carrera y que hoy enfrentan la incertidumbre económica.

Este anuncio fue el preludio para el lanzamiento oficial de “El aventurero en el cielo”, un homenaje musical escrito exclusivamente para esta ocasión e interpretado por más de diez figuras del género, consolidándose como el nuevo himno de la música regional colombiana.

Pero, sin duda alguna, el momento número once fue el que terminó por quebrar la entereza de los asistentes.

Taliana Jiménez, la hija menor de Yeison, de apenas 7 años, subió al escenario vestida de blanco.

Con una madurez impropia de su edad, la pequeña tomó el micrófono para pedir a los niños presentes que valoraran a sus padres.

“El sueño de mi papá era verme crecer, y aunque no lo hará en la pista, sé que lo hará desde el cielito”, pronunció Taliana, pidiendo una oración colectiva por su padre.

Sus palabras no solo fueron un tributo, sino una lección de resiliencia que dejó al auditorio en un silencio absoluto, solo roto por sollozos contenidos.

La ceremonia cerró con la participación de los músicos de planta de Yeison Jiménez.

Frente al féretro de su jefe y amigo, tocaron por última vez “Soy el mejor”, la canción que siempre utilizaban para cerrar sus presentaciones.

Fue el adiós de sus compañeros de carretera, de aquellos que compartieron hoteles, aviones y madrugadas.

Finalmente, la madre de Yeison, doña Luzmery Galeano, se paró al lado del féretro para lanzar una promesa pública de unidad: juró que siempre protegería a la esposa de su hijo y a sus nietas, cerrando el círculo de una familia que, a pesar de la tragedia, se muestra más unida que nunca.

Hoy, 19 de enero de 2026, la partida de Yeison Jiménez ha dejado de ser un luto privado para convertirse en un fenómeno sociológico.

Estos trece momentos resumen la complejidad de un hombre que salió de Corabastos para conquistar el mundo y que, en su despedida, logró unir a detractores y seguidores bajo una misma bandera: la de la música que sale del corazón.

El aventurero ha emprendido su vuelo final, pero los ecos de esta noche en el Movistar Arena resonarán por décadas en la memoria de Colombia.

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