El mundo del espectáculo en el Perú ha vivido una de sus noches más tensas y reveladoras este miércoles, 14 de enero de 2026.
El reconocido cantautor venezolano Guillermo Dávila se sentó en el polémico sillón rojo de El valor de la verdad, donde, frente a las preguntas de Beto Ortiz, desglosó sin filtros los capítulos más oscuros de su relación con su hijo, Vasco Madueño.

Lo que muchos esperaban que fuera un acto de contrición, se convirtió en una cruda exposición de honestidad que ha vuelto a encender el debate sobre la paternidad, la responsabilidad y las sombras detrás de la fama.
Dávila no eludió la pregunta más espinosa de la noche: si realmente consideraba el nacimiento de Vasco como un “accidente”.
Con una frialdad que dejó al set en silencio, el artista confirmó que sí.
Según su versión, la concepción del joven fue producto de una falla en un método anticonceptivo.
“Hubo un accidente en algún método.
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algo se rompió”, explicó el intérprete de Solo pienso en ti, asegurando que la prensa malinterpretó su intención original, aunque admitió sin matices que en aquel momento de su vida “claro que no” estaba planificado volver a ser padre.
La confesión más impactante, sin embargo, llegó cuando se le cuestionó si se arrepentía de haber negado a su hijo durante décadas.
La respuesta fue un rotundo “No”.
Dávila justificó su postura argumentando que actuó desde la confusión y la intriga de ser un personaje público.
Aseguró que, al ser abordado inicialmente por la prensa, no comprendía la magnitud de la noticia.
“Yo me negaba a aceptar algo que estaba sucediendo porque no lo podía relacionar conmigo, yo siempre fui muy cuidadoso”, sostuvo, apelando a que siempre fue cauteloso en sus encuentros íntimos, lo que le impedía creer que Jessica Madueño estuviera realmente embarazada de él.

Este distanciamiento y la prolongada negación de la paternidad no solo afectaron su vínculo con Vasco, sino que dinamitaron su relación con el resto de su familia.
Guillermo reveló un detalle doloroso: una de sus hijas, residente en el extranjero, se distanció por completo de él hace aproximadamente ocho años debido al resentimiento por el caso Madueño.
“Mi hija está brava conmigo por lo de Vasco”, admitió, confirmando que la última vez que intentó contactarla fue hace casi una década, sin obtener respuesta.
El clímax de la noche ocurrió cuando la producción presentó la “pregunta wow”, formulada nada menos que por el propio Vasco Madueño a través de una pantalla.
“Papá, ¿estás orgulloso de mí?”, preguntó el joven con una serenidad que contrastó con la reacción inicial de Dávila.
El cantante, visiblemente incómodo y exaltado, respondió inicialmente con una confrontación: “¿Qué se cree este peludo? ¿Tú qué crees, que vas a cantar conmigo porque me pagaste?”.
No obstante, tras la tensión inicial, terminó admitiendo con la voz cargada de emoción: “Estoy muy orgulloso de ti y quisiera poderte ayudar el resto de mi vida”.
Dávila destacó que, tras conocer finalmente a Vasco, descubrió a un ser humano maduro, sensible y con una esencia muy parecida a la suya, especialmente en su amor por la naturaleza.
Atribuyó los conflictos pasados a la manipulación de terceras personas y a la presión mediática, aunque reconoció que tuvo que “dibujar el rostro” de su hijo en su imaginación durante años antes de atreverse a enfrentarlo en la realidad.
La participación de Guillermo Dávila en el programa no solo ha reabierto heridas familiares, sino que ha generado un terremoto en la televisión peruana, coincidiendo con la noticia de que Beto Ortiz habría quedado fuera de Panamericana TV tras lanzar críticas contra la administración de Gisela Valcárcel.
Mientras el público se debate entre la indignación por la falta de arrepentimiento del artista y la esperanza de una reconciliación genuina, Vasco Madueño sigue demostrando una madurez que, según su propio padre, supera la de muchos jóvenes de su edad.