La tragedia aérea que cobró la vida del ídolo de la música popular, Yeison Jiménez, y de cinco miembros de su equipo en las inmediaciones del Aeropuerto Juan José Rondón de Paipa, ha dado un giro inesperado y alarmante.

Este miércoles, 14 de enero de 2026, lo que inicialmente se manejaba como un fatídico accidente por fallas mecánicas ha escalado a una denuncia pública por presuntas irregularidades administrativas y falta de control operacional.

Juan José Navia, director de AeroBoyacá, empresa con amplia trayectoria en la zona, rompió el silencio en una entrevista exclusiva para La W, lanzando una sentencia que hoy retumba en todo el país: “Esta tragedia se pudo evitar”.

Navia, quien además es piloto activo, desglosó con precisión técnica los factores que convirtieron el despegue de la aeronave Piper Navajo en una trampa mortal.

Según el experto, el aeropuerto de Paipa presenta desafíos geográficos y térmicos que no permiten margen de error.

La altitud del terminal, sumada a la altitud por densidad —un cálculo que combina temperatura, humedad y presión—, exigía que el avión operara bajo restricciones severas de peso.

No obstante, las hipótesis preliminares de Navia y sus colegas sugieren que la aeronave despegó con un sobrecupo evidente y los tanques de combustible llenos para cumplir con su ruta hacia Medellín y su aeropuerto alterno.

Uno de los puntos más críticos de la denuncia radica en la ausencia total de protocolos de control documental y físico antes del despegue.

Navia reveló que el avión de Yeison Jiménez no fue sometido a una verificación de “peso y balance”, un requisito indispensable para cualquier operación segura.

“El avión de Yeison Jiménez llegó y absolutamente nadie hizo un control antes de despegar”, afirmó con gravedad, señalando que AeroBoyacá, a pesar de estar certificada por la Aeronáutica Civil para prestar estos servicios, ha enfrentado constantes impedimentos por parte de la administración local del aeropuerto para ejercer sus funciones de supervisión.

Respecto a las teorías que circulan en redes sociales sobre un mensaje de alerta “BATP PRB” en el panel de control antes del impacto, Navia ofreció una aclaración técnica.

Explicó que este tipo de mensajes suelen aparecer cuando el motor está en “mínimas” (ralentí) debido a los sensores que monitorean la mezcla de combustible y aire.

Aunque muchos lo señalan como la causa principal, Navia considera que es un factor descartable, centrando la atención en el fallo de potencia de uno de los motores durante la fase de ascenso, una situación que, combinada con el exceso de peso, hace que el Piper Navajo sea “extremadamente celoso” y difícil de maniobrar.

La denuncia de Navia no se detiene en el caso de Jiménez; el director de AeroBoyacá asegura que se está destapando una “caja de Pandora” sobre la seguridad aérea en Boyacá.

Expuso que aerolíneas como Satena estarían operando en el aeropuerto de Paipa utilizando agencias de viajes no certificadas por la autoridad aeronáutica para el despacho y recibimiento de vuelos comerciales.

Según su testimonio, existe una falta de conocimiento técnico en el personal encargado de la gestión documental, lo que pone en riesgo diario a cientos de pasajeros en otros municipios como Quípama y Tunja.

Hoy, 14 de enero de 2026, el país no solo llora a un artista excepcional, sino que exige respuestas contundentes a la Aeronáutica Civil y a la administración local de Paipa.

La revelación de que existían advertencias previas sobre las deficiencias en los controles operativos transforma el duelo nacional en una demanda de justicia.

Mientras las autoridades periciales analizan los restos calcinados de la aeronave con matrícula N1325 FA, queda claro que la investigación no podrá limitarse a los fierros retorcidos, sino que deberá escudriñar los despachos administrativos donde, al parecer, se ignoró la seguridad en favor de la burocracia o la desidia.

El legado de Yeison Jiménez, aquel niño que vendió aguacates y llenó El Campín, hoy se ve empañado por la sospecha de que su partida fue el resultado de un sistema que falló en su responsabilidad más básica: proteger la vida.

La industria de la aviación privada en Colombia enfrenta hoy su juicio más severo, mientras las familias de los seis fallecidos esperan que esta “caja de Pandora” finalmente traiga la verdad sobre por qué se permitió que ese vuelo despegara hacia el desastre.