🧿 LA ÚLTIMA ADVERTENCIA: La verdadera razón por la que Yeison intentó cambiar de transporte esa mañana, pero “algo” lo obligó a subir a la avioneta revelada ahora mismo.

El mundo de la música popular en Colombia ha quedado sumido en una oscuridad profunda y en un estado de estupefacción que trasciende lo artístico para entrar en el terreno de lo místico y lo trágico.

Hoy, miércoles 14 de enero de 2026, la nación entera intenta procesar una de las coincidencias más aterradoras de las que se tenga registro en la historia del espectáculo: la muerte de Yeison Jiménez.

No es solo el fallecimiento del “Aventurero” lo que estremece, sino la precisión profética con la que ocurrió.

Apenas 21 días antes de su partida, el artista confesó en televisión nacional que había soñado con su propia muerte en un accidente aéreo exactamente tres veces.

El 20 de diciembre de 2025, durante una entrevista para el programa Se dice de mí de Caracol Televisión, Jiménez dejó helada a la audiencia al relatar sus pesadillas recurrentes.

“Yo me soñé tres veces con que íbamos a tener un accidente en el avión.

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en uno de los sueños sí me soñé que nos habíamos matado y que salíamos por las noticias”, declaró el cantante con una seriedad que hoy, a la luz de los hechos, cobra un matiz siniestro.

Sus palabras no fueron una simple anécdota; fueron el preludio de un destino que lo alcanzó el pasado sábado 10 de enero de 2026, a las 4:11 de la tarde, cuando su avioneta Piper Navajo se precipitó en un potrero cerca del aeropuerto de Paipa, Boyacá.

La anatomía de una tragedia anunciada
El siniestro no dejó margen para el milagro.

Seis personas perdieron la vida de forma inmediata, todas calcinadas por el impacto y el incendio posterior de la aeronave con matrícula N1325 FA.

Junto a Yeison, de apenas 34 años, fallecieron el piloto, el copiloto y miembros fundamentales de su equipo: su representante Jefferson Osorio, su asistente Óscar Marín y su fotógrafo Wiseman Mora.

La investigación técnica sobre las causas del accidente ha tomado un giro polémico tras la difusión de un video publicado por el fotógrafo Wiseman Mora minutos antes del despegue.

En las imágenes se observa al piloto, el capitán Hernando Torres, manipulando su teléfono celular mientras la aeronave ya estaba en movimiento en la pista.

Para los expertos en aviación, el despegue es la fase más crítica de un vuelo, requiriendo concentración absoluta y el monitoreo constante de los instrumentos de potencia y temperatura.

La distracción del piloto es hoy el eje central de las críticas y las solicitudes de justicia por parte de una fanaticada que se niega a aceptar que la vida de su ídolo se apagó por una negligencia.

El ascenso desde el barro: El niño de Corabastos
Para entender el vacío que deja Yeison Jiménez, es imperativo recordar el camino de espinas que recorrió para llegar a la cima.

Nacido el 26 de julio de 1991 en Manzanares, Caldas, su infancia estuvo marcada por la violencia doméstica.

Hijo de padres con graves problemas de alcoholismo, Yeison fue testigo de cómo su padre golpeaba sistemáticamente a su madre, Luz Mary Galeano.

La huida de la familia hacia Bogotá no trajo la paz inmediata; tras ser abandonados por un pariente que prometió ayudarlos, Yeison se vio obligado a trabajar a los 13 años en la central de abastos más grande de Colombia: Corabastos.

Allí, entre bultos de comida y madrugadas gélidas, nació el “jefe de los aguacates”.

Jiménez cargaba cajas pesadas para llevar el sustento a su hogar, pero nunca dejó de cantar.

Sus manos se llenaron de callos mientras sus cuerdas vocales se afinaban con la verdad de la calle.

Su música no era una construcción de marketing; era el eco del hambre, del abandono y del deseo feroz de sacar a su madre de la miseria.

Esa autenticidad fue la que le permitió, años más tarde, convertirse en el primer artista de música popular en llenar el Estadio El Campín de Bogotá con más de 40,000 almas coreando sus letras.

Un legado familiar y promesas cumplidas
Más allá del éxito comercial, la figura de Yeison Jiménez se cimentó sobre la integridad de sus promesas personales.

A los 22 años, conoció a Sonia Restrepo, una joven de 18 años a la que le juró tres cosas: que sería su esposa, la madre de sus hijos y que la sacaría profesional.

Cumplió las tres.

Sonia, hoy viuda a los 28 años, es contadora pública con especialización en derecho tributario gracias al apoyo incondicional de su pareja.

La tragedia deja huérfanos a tres niños que eran el centro del universo del cantante.

María Camila, de 15 años (a quien crió como propia), Taliana de 7 años y el pequeño Santiago, de tan solo 6 meses de edad.

Santiago nació en junio de 2024 y, tristemente, nunca tendrá un recuerdo vívido de su padre; crecerá conociéndolo a través de las canciones que hoy suenan en cada rincón de Colombia.

Las imágenes de Sonia Restrepo en el lugar del accidente, sostenida por sus familiares mientras gritaba frente a los restos humeantes de la avioneta, se han convertido en el símbolo del dolor nacional este 14 de enero de 2026.

El impacto en la industria y el duelo nacional

La muerte de Yeison Jiménez ha provocado una reacción en cadena en la música latina.

Artistas de la talla de Carlos Vives, Fonseca y Silvestre Dangond han manifestado su desolación.

Vives, profundamente afectado, señaló que “no es fácil salir a cantar hoy con esta tristeza en el corazón”, mientras que Dangond recordó a Yeison como un “campeón que se adelantó”.

La alcaldía de Manzanares ha decretado tres días de duelo oficial, y el país entero ha transformado sus éxitos como “Aventurero”, “Ni tengo ni necesito” y “Vete” en himnos de despedida.

El análisis periodístico de esta tragedia nos obliga a reflexionar sobre la fragilidad de la existencia y la importancia de escuchar los instintos.

Yeison Jiménez presintió su final; lo vio en sus sueños y lo compartió con el mundo, pero el destino, en su forma más cruel y mecánica, lo alcanzó en el punto más alto de su gloria.

Hoy, su segundo concierto en El Campín, programado para marzo de este año, queda cancelado físicamente, pero el legado del niño que vendía aguacates y terminó tocando el cielo permanecerá inmortal en la memoria colectiva de un país que aprendió de él que, sin importar el origen, los sueños son posibles.

La Fiscalía General y la Dirección Técnica de Investigación de Accidentes continúan en la labor de desentrañar los restos de la aeronave N1325 FA.

Sin embargo, para los millones de seguidores que hoy lloran al artista, la única verdad que importa es que se ha apagado la voz más potente del pueblo, dejando una lección final: la vida se vive hoy, se ama hoy y se agradece hoy, porque el mañana, como lo soñó Yeison, puede estar escrito en un guion que no podemos cambiar.

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