Bajo un cielo gris que parecía acompañar el sentimiento de los cientos de seguidores, familiares y amigos presentes, la madre de Dennys, la señora Eufemia, tomó el micrófono para dedicarle unas últimas palabras a su hijo.

Con la voz quebrada por el llanto, pero con una firmeza que solo otorga el amor maternal, relató los inicios de un genio que nació con la música grabada en el cerebro.

Un talento que nació del esfuerzo

Doña Eufemia recordó con nostalgia cómo su hijo, sin haber pisado jamás un conservatorio o una escuela de música formal, demostró un don extraordinario desde los cinco años.

“Él no fue a un colegio de música.

Él solito aprendió conforme cantaba y componía”, narró ante la multitud.

Los presentes escucharon conmovidos cómo el pequeño Dennys improvisaba instrumentos con latas de atún y botellas de aceite, imitando los sonidos de agrupaciones como Corazón Serrano, a quienes escuchaba con tal devoción que se quedaba dormido “poniéndole oído” a cada nota.

El “látigo rondero” y la lucha por un futuro

Uno de los momentos más impactantes del discurso fue cuando la madre confesó la dureza con la que tuvo que criar a Dennys para asegurar su futuro.

En un relato que identifica a miles de madres luchadoras de la zona rural, admitió que llegó a usar un “látigo rondero” para castigarlo cuando él prefería irse a tocar con orquestas como San Orteña o San Caricia en lugar de estudiar.

“Yo lo pegaba porque quería que mi hijo salga adelante.

No sabía que la música era un respaldo que daba para que sobrevivan.

Lo levantaba a las tres de la mañana con un mechón para que estudie, y yo ahí cuidándolo”, confesó entre sollozos.

La perseverancia de doña Eufemia dio frutos: Dennys no solo se convirtió en una estrella de la cumbia, sino que cumplió la promesa que le hizo a su madre: graduarse como profesional en Contabilidad, ocupando los primeros puestos en la universidad.

“Mamita, voy a cumplir tus deseos, voy a terminar mi carrera, pero la música no la voy a dejar nunca”, le dijo él en vida, un juramento que cumplió con creces.

La promesa final frente al féretro

Antes de que los restos del líder de Zafiro Sensual descendieran a su morada definitiva, su madre hizo una promesa que estremeció a los presentes y que ahora se convierte en su razón de vivir.

Dirigiéndose a la viuda de Dennys y a sus pequeños hijos, doña Eufemia juró que no los dejaría solos.

“Mi querido Dennys se fue, pero ahí quedan con su madre, que tiene que hacer el papel de papá y mamá.

No vamos a permitir que sus hijos no logren nada en la vida.

Tienen que ser profesionales como su padre para que nadie los humille”, sentenció con determinación.

El sepelio concluyó con un aplauso ensordecedor que se mezcló con los acordes de las canciones que Dennys Quevedo compuso y que hoy son parte del patrimonio emocional de su pueblo.

Doña Eufemia finalizó pidiendo a Dios salud y vida para ver a sus nietos convertidos en hombres y mujeres de bien, honrando así el legado de un hombre que, aunque partió antes de tiempo, logró unir la disciplina de los libros con la magia de los escenarios.