El periodismo televisivo en el Perú ha experimentado este domingo uno de sus movimientos más telúricos y significativos de la última década.
En una transmisión que quedará grabada en la memoria de la audiencia nacional, Sol Carreño, la figura femenina más emblemática de los programas dominicales, confirmó su salida definitiva de “Cuarto Poder”.

Lo que comenzó como una edición ordinaria del programa informativo más influyente del país, terminó convirtiéndose en un adiós histórico que marca el fin de una era y el inicio de una etapa de incertidumbre para la prensa local en este crucial año 2026.
La noticia no solo sacudió las redes sociales, sino que generó un eco profundo en los pasillos de las instituciones políticas, donde la voz de Carreño ha sido, durante años, un termómetro de la opinión pública y un látigo contra la impunidad.
Su mensaje de despedida, cargado de una humanidad poco común en el formato rígido de los noticieros de señal abierta, fue un dardo directo a la conciencia de un país que se encuentra fracturado por la crisis económica, la inestabilidad política y una creciente desconfianza hacia sus líderes.
“Ojalá que se concentren en lo que realmente importa.
Hay que reflexionar bien y hay que informarse bien”, sentenció la periodista con una serenidad que contrastaba con la magnitud de sus palabras.
“Aprovecho para despedirme.
Yo no voy a estar acá para hacerlo con ustedes el próximo año”.
Con esta frase, Sol Carreño puso fin a meses de especulaciones, confirmando que su silla en el set de América Televisión quedará vacía justo cuando el Perú más parece necesitar voces con experiencia y temple.
El discurso de Sol no fue el típico mensaje corporativo de agradecimiento vacío.
Por el contrario, fue un llamado a la solidaridad en tiempos de carestía.
En un gesto que muchos han calificado como una lección de ética frente a las cámaras, la conductora invocó a la generosidad de los peruanos.
“Ojalá que encuentre un alma generosa si le falta algo, y ojalá que usted sea un alma generosa si es que le sobra o tiene para compartir”, expresó, aludiendo a la difícil situación que atraviesan miles de familias peruanas en este 2026, lejos del brillo del consumo y más cerca de la subsistencia diaria.
La trayectoria de Sol María Carreño Carballo es, en esencia, la historia del periodismo televisivo moderno en el Perú.
Nacida en Lima en 1965, abogada de formación por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y comunicadora por una vocación inquebrantable, Sol supo amalgamar la precisión jurídica con la agudeza periodística.
Aunque sus inicios en los años 80 estuvieron vinculados a la actuación, fue en la década de los 90 donde encontró su verdadero lugar bajo los reflectores de los sets de noticias.
Desde “Primera Edición” hasta “Buenos Días Perú”, pasando por formatos como “Sol del Mediodía”, su ascenso fue meteórico, pero cimentado en una seriedad que se convirtió en su sello personal.
Desde que asumió la conducción de “Cuarto Poder” en 2005, Carreño se transformó en la anfitriona de la cena dominical de millones de hogares.
Su estilo, caracterizado por no buscar el “show” ni el grito fácil, sino el análisis riguroso y la confrontación basada en datos, le permitió entrevistar a presidentes, ministros y figuras clave del poder con una firmeza que a menudo incomodaba al palacio de gobierno.
Sin embargo, su salida se produce en un contexto de altísima tensión.
Las constantes críticas hacia la clase política y sus denuncias sobre la corrupción parecen haber llegado a un punto de no retorno.

Aunque el titular de su despedida ha sido interpretado por muchos como una respuesta a los ataques recibidos por sectores que ella misma ha calificado de “corruptos”, Sol prefirió mantener la elegancia profesional, aunque su mensaje fue lo suficientemente elocuente como para que el país entero entendiera el subtexto.
“El próximo año es un año muy importante para nuestro país”, advirtió, refiriéndose a las inminentes elecciones y a la reconfiguración del mapa político peruano.
Al decir “yo no voy a estar acá para hacerlo con ustedes”, dejó una sensación de orfandad informativa en un sector de la población que veía en ella una garantía de equilibrio.
La emotividad alcanzó su punto máximo cuando la periodista recordó sus inicios en el canal.
“Llegué a este canal con 27 años y, uy, acabo de cumplir muchísimos”, comentó entre risas y una voz que por momentos se quebraba.
Agradeció profundamente al equipo técnico, a los reporteros que “gastan la suela” en la calle y a una audiencia que le otorgó su preferencia durante décadas.
Fue el adiós de una mujer que literalmente creció y maduró frente a las cámaras, transformándose de una joven reportera en la matriarca del periodismo de investigación en el país.
El impacto de su renuncia ha provocado reacciones inmediatas en el Ejecutivo.
Incluso se han recordado episodios recientes de tensión con el actual gabinete, donde la labor de Carreño fue cuestionada por altos funcionarios.
“Voy a conversar con el premier sobre sus declaraciones contra nuestra colega”, se escuchó decir en los pasillos de poder tras el anuncio, en un intento tardío por suavizar una relación que ya estaba rota.
La crisis política, que parece no dar tregua, ha terminado por desgastar incluso a las figuras más resistentes del espectro mediático.

La salida de Sol Carreño no es un hecho aislado.
Es un símbolo del fin de una etapa del periodismo tradicional.
En un mundo dominado por la inmediatez de las redes sociales y la polarización extrema, la ausencia de una voz analítica como la de Sol deja un vacío difícil de llenar.
¿Quién tomará su lugar? ¿Hacia dónde se dirige “Cuarto Poder” sin su guía más experimentada? Estas son las interrogantes que quedan flotando en el aire mientras la periodista se retira para, posiblemente, explorar nuevos formatos digitales o proyectos personales que le permitan seguir informando sin las ataduras de la televisión convencional.
El Perú del 2026 se enfrenta a desafíos monumentales: una economía que intenta recuperarse, una sociedad que demanda transparencia y una clase política que se resiste al cambio.
En este escenario, la despedida de Sol Carreño suena a advertencia.
“Hay que informarse bien.
No deje de hacerlo”, fue su última recomendación.
Un consejo que suena a legado y a mandato para las nuevas generaciones de periodistas que deberán recoger la posta en un ambiente cada vez más hostil hacia la verdad.
Sol se va, pero su risa, sus abrazos tras cámaras recordados por sus amigos, y sobre todo su firmeza ante el poder, quedan como un estándar.
Como ella misma dijo al recordar a los que ya no están: “A la gente que se quiere se le recuerda con alegría.
.
.
la vida se va, pero ahí está”.
Hoy, el periodismo peruano le dice adiós a una de sus mejores exponentes, mientras el público se pregunta si este retiro es definitivo o si solo es el preludio de un regreso aún más potente en una nueva plataforma.
Lo cierto es que, sin Sol Carreño, los domingos por la noche en el Perú ya no volverán a ser los mismos.
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