Alerta por la seguridad de Carlos III y Camila en Australia ante un hombre  que asegura ser su hijo ilegítimo

 

 

La figura de Simon Dorante-Day ha vuelto a irrumpir en el debate mediático internacional con una afirmación que, pese a su falta de respaldo oficial, continúa generando controversia: ser el supuesto hijo biológico de Carlos III y Camila Parker Bowles.

Su historia, difundida durante años en medios sensacionalistas y redes sociales, ha resurgido con nuevos detalles y una renovada insistencia en cuestionar el orden de sucesión al trono británico.

Dorante-Day, un ciudadano australiano de 59 años, sostiene que nació en 1966 en el Reino Unido y que fue dado en adopción siendo apenas un bebé.

Según su relato, su origen habría sido ocultado deliberadamente para evitar un escándalo en el seno de la familia real, en una época en la que la relación entre el entonces príncipe Carlos y Camila aún no era pública ni socialmente aceptada.

“Siempre supe que había algo que no encajaba en mi historia”, ha afirmado en distintas entrevistas.

“Mi identidad fue ocultada y manipulada desde el principio”.

El australiano asegura que, tras años de investigación personal, descubrió conexiones entre su familia adoptiva y entornos cercanos a la realeza británica, lo que, a su juicio, refuerza su versión.

Uno de los elementos que Dorante-Day considera clave es su certificado de nacimiento, el cual —según él— presenta inconsistencias respecto al centro hospitalario donde fue registrado.

A esto suma el hecho de que sus abuelos adoptivos trabajaron en residencias vinculadas a la familia real, un dato que ha alimentado especulaciones pero que no constituye evidencia concluyente.

 

 

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En su narrativa, el supuesto encubrimiento habría ido más allá.

“Fui sometido a procedimientos médicos para cambiar mi apariencia”, ha declarado, señalando intervenciones destinadas, según él, a evitar cualquier parecido físico con el entonces príncipe de Gales.

Entre sus afirmaciones más llamativas se encuentra un presunto cambio de color de ojos en su infancia, así como tratamientos dentales que, asegura, formaban parte de un plan para ocultar su identidad.

Sin embargo, expertos médicos y analistas han cuestionado la viabilidad de tales procedimientos en la época en que habrían ocurrido.

Las tecnologías mencionadas por Dorante-Day no estaban disponibles de forma práctica ni segura en la década de 1960, lo que debilita significativamente la credibilidad de su relato.

A pesar de ello, el australiano mantiene su postura y ha intentado en repetidas ocasiones obtener pruebas de ADN que, según afirma, confirmarían su vínculo con la familia Windsor.

“Solo pido una prueba de ADN.

Eso resolvería todo”, ha insistido.

No obstante, ninguna autoridad ni miembro de la familia real ha accedido a dichas solicitudes, y no existe proceso legal en curso que respalde sus reclamaciones.

El resurgimiento de esta historia coincide con un contexto de atención mediática sobre la salud de Carlos III y el futuro de la monarquía británica.

En este escenario, Dorante-Day ha llegado a afirmar que, de demostrarse su versión, él sería el heredero legítimo, por delante del príncipe Guillermo.

“Soy el primogénito, y eso cambia todo”, ha declarado, reforzando una narrativa que, hasta ahora, carece de sustento verificable.

 

 

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Desde el entorno oficial, no ha habido respuesta.

La Casa Real británica mantiene su política habitual de no comentar rumores o teorías sin fundamento.

Analistas especializados en la monarquía coinciden en que la línea de sucesión está claramente establecida y respaldada por legislación y registros históricos, lo que hace improbable cualquier alteración basada en afirmaciones no comprobadas.

A lo largo de los años, la historia de Dorante-Day ha sido recogida ocasionalmente por tabloides británicos y programas televisivos, especialmente en Australia.

Su persistencia en los medios responde, en parte, al interés público por los secretos y controversias que rodean a la realeza.

Sin embargo, también refleja cómo teorías no verificadas pueden adquirir visibilidad en la era digital.

“Entiendo que muchos duden, pero yo sé quién soy”, ha afirmado el propio Dorante-Day, consciente del escepticismo que genera su historia.

Mientras tanto, la ausencia de pruebas concluyentes y el rechazo institucional mantienen su caso en el terreno de la especulación.

En un sistema monárquico donde la legitimidad se fundamenta en documentos, leyes y reconocimiento oficial, las afirmaciones extraordinarias requieren evidencias igualmente sólidas.

Por ahora, la historia del supuesto “hijo secreto” sigue siendo un relato sin подтверждение, más cercano a la controversia mediática que a una realidad demostrada.