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La presencia de Reina Sofía en la Semana Santa de Cartagena ha marcado uno de los momentos más comentados del calendario religioso de 2026.

Acompañada por sus hijas, la Infanta Elena y la Infanta Cristina, la emérita fue recibida con aplausos, vítores y muestras de afecto por parte de cientos de asistentes que abarrotaban las calles.

El acto tuvo lugar durante la tradicional procesión del silencio, uno de los eventos más solemnes de la Semana Santa en Cartagena.

Con la ciudad sumida en la oscuridad y el recogimiento, la llegada de la reina emérita no pasó desapercibida.

“¡Viva la Reina! ¡Viva España!”, se escuchaba entre el público, en una escena que muchos calificaron como histórica.

Vestidas de riguroso negro, tal como marca la tradición, las tres figuras de la familia real mantuvieron una actitud cercana y serena durante todo el recorrido.

La imagen de unidad entre madre e hijas fue interpretada por numerosos asistentes como un gesto de respaldo en un año especialmente delicado para la emérita, marcado por la reciente pérdida de su hermana, Irene de Grecia.

“Ha sido emocionante verla aquí, tan cercana, tan implicada”, comentaba una vecina tras el paso de la comitiva.

“Representa una parte muy importante de nuestras tradiciones”.

 

 

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Sin embargo, la jornada también estuvo marcada por ausencias notables.

Ni el rey Felipe VI ni la reina Letizia Ortiz participaron en los actos religiosos, una circunstancia que no ha pasado desapercibida y que ha reavivado el debate sobre el papel de la monarquía en este tipo de celebraciones.

Desde 2019, la presencia de la reina Letizia en eventos de Semana Santa ha sido esporádica, lo que contrasta con la continuidad mostrada por la reina emérita.

“Las tradiciones forman parte de la identidad cultural del país”, señalaban algunos asistentes, que lamentaban la ausencia de los actuales monarcas en un evento de tanta relevancia.

El contraste entre la ovación a la emérita y la ausencia de los Reyes ha alimentado interpretaciones diversas.

Para algunos analistas, se trata de una muestra del arraigo que aún conserva la figura de Sofía entre determinados sectores de la sociedad.

Para otros, refleja una evolución en la forma en que la actual jefatura del Estado gestiona su presencia pública, priorizando otros ámbitos institucionales frente a los actos de carácter religioso.

Durante su estancia, la reina Sofía también visitó el templo de Santa María y presenció la salida del Santísimo Cristo de los Mineros desde un balcón emblemático de la ciudad, acompañada en todo momento por sus hijas.

La escena, marcada por el silencio y la solemnidad, fue uno de los momentos más destacados de la noche.

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La implicación de la emérita en este tipo de actos no es nueva.

A lo largo de los años, ha mantenido una presencia constante en celebraciones religiosas y culturales, reforzando una imagen de continuidad con las tradiciones históricas de España.

En esta ocasión, su aparición volvió a despertar simpatías y reconocimiento entre el público.

En paralelo, la ausencia de la princesa Leonor de Borbón y de la infanta Infanta Sofía también ha sido objeto de comentarios, en un contexto en el que la familia real parece mantener agendas diferenciadas.

Más allá de las interpretaciones, lo cierto es que la escena vivida en Cartagena ha dejado una imagen potente: la de una reina emérita arropada por sus hijas y por el cariño popular en uno de los momentos más simbólicos del calendario religioso español.

“Es una figura que sigue despertando respeto”, resumía un asistente.

Mientras tanto, el debate sobre el papel y la presencia pública de la monarquía en este tipo de actos continúa abierto, alimentado por contrastes que, como el de esta Semana Santa, no pasan desapercibidos.