Artemis II inicia el viaje hacia la Luna tras pasar un día alrededor de la Tierra - Yahoo Noticias

 

 

La exploración tripulada más ambiciosa de las últimas décadas vuelve a situar a la humanidad frente a la Luna.

La misión Artemis II representa el primer viaje con astronautas más allá de la órbita terrestre desde la era del programa Apolo, y supone un hito técnico, científico y simbólico que redefine el rumbo de la exploración espacial.

A bordo de la nave Orion viajan cuatro astronautas: Reid Wiseman, comandante de la misión; Victor Glover, piloto; Christina Koch, especialista de misión; y Jeremy Hansen, representante de la Agencia Espacial Canadiense.

“Cada sistema ha sido ensayado hasta que las respuestas se convirtieron en reflejos”, explicó uno de los responsables del entrenamiento, reflejando el nivel de preparación alcanzado antes del despegue.

El viaje comienza con el lanzamiento del cohete Space Launch System (SLS), el más potente jamás construido por la NASA.

Con casi 100 metros de altura y un empuje superior al del histórico Saturno V, el SLS impulsa la nave fuera de la atmósfera terrestre en cuestión de minutos.

“No es solo potencia, es precisión”, destacan los ingenieros encargados de su desarrollo.

Una vez en órbita baja terrestre, la tripulación inicia una fase crítica de verificación.

Durante aproximadamente 48 horas, cada sistema es evaluado al detalle.

“Si algo no está dentro de los parámetros, no continuamos”, es la norma que rige este momento decisivo.

Tras confirmar que todo funciona correctamente, el módulo de servicio europeo ejecuta la maniobra clave: la inyección translunar.

 

 

Misión Artemis II de la NASA, hoy en directo: última hora de Orión, los astronautas y primera fotografía de la cara oculta de la Luna

 

 

 

Ese encendido marca el punto de no retorno.

La nave abandona la órbita terrestre y se dirige hacia la Luna en una trayectoria de retorno libre.

“La física orbital es nuestra red de seguridad”, explican los especialistas, en referencia a una ruta que permitiría el regreso automático en caso de fallo total de propulsión.

Durante los cuatro días de tránsito, los astronautas viven en un espacio de apenas nueve metros cúbicos.

En microgravedad, actividades cotidianas como dormir o alimentarse se convierten en procedimientos cuidadosamente planificados.

“Aquí nada cae, todo flota”, describen los propios tripulantes, aludiendo a las dificultades de la vida en ausencia de gravedad.

Más allá de la comodidad, el mayor desafío es invisible: la radiación.

Fuera de la protección de la magnetosfera terrestre, la tripulación está expuesta a partículas de alta energía procedentes del espacio profundo.

Cada astronauta porta dosímetros que registran datos fundamentales para futuras misiones de larga duración.

Al aproximarse a la Luna, Orion no entra en órbita baja como en las misiones Apolo.

En su lugar, realiza un sobrevuelo a unos 8.

000 kilómetros de altitud.

Desde esa distancia, la superficie lunar se presenta imponente, mientras la Tierra aparece como una pequeña esfera azul suspendida en la oscuridad.

“Es el punto más lejano al que ha llegado un ser humano”, subrayan los responsables de la misión.

Durante el paso por la cara oculta de la Luna, las comunicaciones se interrumpen por completo.

“Estamos solos”, resume uno de los momentos más intensos del viaje.

La señal no puede atravesar el cuerpo rocoso del satélite, dejando a la tripulación incomunicada durante varios minutos que evocan los silencios históricos del programa Apolo.

Tras completar el sobrevuelo, la gravedad lunar actúa como catapulta natural, enviando la nave de regreso a la Tierra.

El trayecto de vuelta dura otros cuatro días, durante los cuales la tripulación continúa recopilando datos y evaluando sistemas.

Pero el momento más crítico aún está por llegar: la reentrada.

 

Artemis II de la NASA: ¿Qué harán los astronautas durante los 10 días de la misión lunar? | EL COMERCIO PERÚ

 

 

La cápsula entra en la atmósfera a unos 40.

000 km/h, generando temperaturas cercanas a los 2.

700 grados Celsius.

“El escudo térmico no resiste el calor, lo absorbe y se sacrifica”, explican los ingenieros sobre el material ablativo que protege a la nave.

Para reducir el impacto, Orion realiza una reentrada en salto, rebotando parcialmente en las capas superiores de la atmósfera antes del descenso final.

Finalmente, los paracaídas se despliegan sobre el océano Pacífico, donde equipos de recuperación esperan a la tripulación.

El amerizaje marca el final de un viaje de diez días que, más allá de su duración, simboliza el inicio de una nueva era.

“Esto no es el final, es el comienzo”, afirman desde la NASA.

Artemis II no solo demuestra la capacidad de enviar humanos al espacio profundo, sino que allana el camino para futuras misiones que buscarán establecer una presencia sostenida en la Luna.

Más de cinco décadas después de que el ser humano abandonara su último rastro en la superficie lunar, el regreso ya no es una promesa.

Es una realidad en marcha.