El 19 de enero de 2026, la esfera pública peruana ha sido testigo de una de las entrevistas más reveladoras y frontales del año.
Natalia Málaga, la icónica exvoleibolista y entrenadora nacional, se presentó en el podcast de Magaly Medina para desmantelar, punto por punto, las leyendas urbanas que han rodeado su vida personal y profesional en los últimos tiempos.

Fiel a su temperamento directo y sin concesiones, Málaga no solo abordó el estado de sus procesos judiciales, sino que se sumergió en la intimidad de su hogar para revelar un capítulo hasta ahora desconocido: la difícil reacción de su hija ante los persistentes rumores de un romance entre Natalia y la “Diva del Criollismo”, Eva Ayllón.
La conversación, que ya es tendencia en todas las plataformas digitales, puso sobre la mesa el impacto que el escrutinio mediático tiene en los núcleos familiares.
Natalia confesó que su hija, Natalia Zevallos, no fue ajena a las habladurías que inundaron las redes sociales y programas de espectáculos.
Según el relato de la deportista, los comentarios llegaron a oídos de su primogénita durante su etapa universitaria, desencadenando una serie de actitudes defensivas y celos que Málaga califica hoy como fruto de la “inmadurez” de aquel entonces.
“Empezó a tener unas actitudes un poquito medias así, que se molestaba.
Ella andaba como una especie de celos”, admitió Natalia, dejando claro que el tema no fue agradable para nadie en casa.
La situación alcanzó un punto de quiebre cuando la joven, que hoy tiene 29 años y posee un carácter tan dominante como el de su madre, exigió explicaciones.
Natalia Málaga, lejos de evadir el conflicto, decidió confrontarlo con la crudeza que la caracteriza.
En una charla de “amiga a amiga”, la exolímpica utilizó un ejemplo contundente para marcar los límites: comparó la relación que su hija tenía con su novio (basada en el amor y proyectos matrimoniales) con su propio vínculo con Eva Ayllón.
“Le dije: ‘Oye, te lo estoy diciendo yo.
Tú a él lo quieres para casarte tal vez en un futuro.
Eva es mi amiga, no es mi enamorada y menos la quiero para casarme’.

O sea, que te queden las cosas bien claras”, sentenció Natalia en el podcast de Medina.
Este episodio familiar no solo resalta la brecha generacional en la percepción de los rumores, sino también la firmeza de Natalia para proteger sus amistades.
Durante la entrevista, la entrenadora insistió en que perder a una amiga por “estupideces” o habladurías ajenas es un error que puede dejar a alguien solo en la vida.
Asimismo, dejó en claro que no tiene prejuicios contra las orientaciones sexuales de los demás y que en la universidad los jóvenes suelen ver estas situaciones con total normalidad, aunque para su hija el peso del apellido Málaga hiciera la situación más compleja.
Más allá del ámbito familiar, Natalia Málaga aprovechó el espacio para dar una actualización sobre el proceso judicial que la involucra con el entorno de Eva Ayllón.
Reveló que el caso interpuesto por el hijo de la cantante ha sido archivado definitivamente por falta de pruebas.
“Él nunca tuvo pruebas para decir que fui yo”, afirmó tajante.
No obstante, precisó que aún mantiene un proceso vigente con la esposa de este, relacionado con daños a un vehículo.
Natalia explicó que está dispuesta a asumir su responsabilidad y pagar la multa correspondiente por daños y perjuicios, pero denunció que las diligencias se han postergado sistemáticamente.

Además, sugirió que la otra parte habría exigido una suma “sin razón” y demasiado alta, razón por la cual no aceptó la conciliación propuesta por el juez.
En un análisis más profundo de su amistad con Eva Ayllón, Natalia aseguró que los problemas legales, lejos de fracturar su relación, la han fortalecido.
“Se ha vuelto una amistad mucho más profunda”, confesó, admitiendo que ahora se siente con más libertad para decir lo que piensa sobre el entorno familiar de la cantante, algo que antes se guardaba por prudencia.
Magaly Medina, por su parte, no dudó en señalar que todo el conflicto judicial parece ser un síntoma de “anticuerpos” y celos previos por parte de los hijos de Eva, quienes aparentemente se sentían desplazados por el rol administrativo y cercano que Natalia y su socia Denise desempeñaban en la carrera de la artista criolla.
La entrevista también sirvió para que Natalia recordara su turbulento pasado matrimonial.
Reveló que se separó del padre de su hija cuando la pequeña tenía apenas 9 meses de nacida, tras 15 años de relación.
El desgaste, según cuenta, se debió a la incapacidad de su expareja para soportar el ritmo de vida de una deportista de élite.
“Él odiaba a Mr. Park (el legendario entrenador de vóley) porque no me dejaba.
.
.
le tenía más miedo a Mr. Park que a mi papá”, recordó con amargura.
El fin definitivo llegó con una infidelidad descarada que Natalia descubrió personalmente: “Lo ampallé.
Encontré una notita en su mesa de noche”, reveló, cerrando así un capítulo de su vida que privilegió su carrera sobre una estabilidad conyugal que ya no ofrecía respeto.
Al cierre de esta jornada del 19 de enero de 2026, Natalia Málaga se reafirma como una mujer que vive en su propia etapa, sin interés sentimental actual —”no ha llegado nadie aún”, dijo— y enfocada en su paz mental.
Su testimonio en el podcast de Magaly Medina queda como una lección de resiliencia frente a la difamación y una guía sobre cómo gestionar la comunicación familiar cuando el ruido exterior intenta derribar las paredes del hogar.
La “leyenda negra” de Natalia, como la llamó Medina, sigue escribiéndose, pero esta vez con la tinta de la verdad propia y el respaldo de una amistad que, contra todo pronóstico, se mantiene inquebrantable.