María Félix, conocida como “La Doña”, es una de las figuras más emblemáticas del cine mexicano.

Su vida estuvo marcada por el glamour y el éxito, pero también por secretos oscuros y tragedias que han permanecido ocultos durante décadas.
Uno de los episodios más enigmáticos de su vida es la muerte de su primer esposo, Enrique Álvarez a la Torre, un evento que ha suscitado numerosas especulaciones sobre las verdaderas circunstancias que rodearon su fallecimiento.
El 21 de octubre de 1938, a las 4:15 de la mañana, Enrique Álvarez a la Torre, un empresario de 34 años, falleció en el Hospital Francés de la Ciudad de México.
Su muerte fue atribuida a una neumonía aguda, pero su familia y muchos otros han cuestionado esta versión.
Enrique, hijo de una de las familias más ricas de Jalisco, había estado casado con María Félix durante siete años, un matrimonio que, aunque inicialmente prometedor, se tornó en una pesadilla para la actriz.
La reacción de María al enterarse de la muerte de su esposo fue sorprendentemente fría.
En lugar de mostrar dolor, simplemente pidió que cremaran el cuerpo al día siguiente, lo que dejó atónitos a los médicos y a la familia de Enrique.
Carlos Álvarez, el hermano de Enrique, exigió una autopsia, pero María se opuso rotundamente, afirmando que ella tenía la última palabra como esposa.
Este comportamiento generó sospechas sobre su implicación en la muerte de Enrique.
María y Enrique se casaron en 1931, pero su relación rápidamente se deterioró.
Enrique era un hombre celoso y posesivo, lo que llevó a María a vivir en un ambiente de control y abuso.
A lo largo de su matrimonio, ella sufrió maltrato físico y emocional, lo que la llevó a contemplar el divorcio.
Sin embargo, Enrique se negó a dejarla y la amenazó con destruir su reputación si intentaba dejarlo.

A pesar de su sufrimiento, María se sintió atrapada en un matrimonio que no deseaba.
En un giro dramático, conoció a Fernando Palacios, un ingeniero que le ofreció la esperanza de una vida diferente.
Su romance con Fernando la llevó a tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre: decidió que debía liberarse de Enrique, incluso si eso significaba que debía asesinarlo.
Durante un año, María planeó la muerte de Enrique.
Investigó sobre venenos y decidió usar arsénico, un veneno común en la época que causaba síntomas que podían confundirse con neumonía.
El 18 de octubre de 1938, María preparó una cena especial para Enrique, en la que, según las sospechas, agregó el veneno al té que le sirvió.
Esa noche, Enrique comenzó a sentirse mal, presentando síntomas de intoxicación.
A pesar de los esfuerzos de los médicos, su condición se deterioró rápidamente, y finalmente murió en la madrugada del 21 de octubre.
La causa oficial de su muerte fue neumonía, pero la familia Álvarez comenzó a cuestionar esta versión, sospechando que había algo más detrás de su repentina muerte.
La negativa de María a permitir una autopsia y su insistencia en la cremación inmediata del cuerpo despertaron aún más sospechas.
La familia de Enrique se dio cuenta de que había algo extraño en la forma en que María manejó la situación.
Los testimonios de empleados que trabajaban en la casa de la pareja también apuntaron a comportamientos sospechosos de María, quienes notaron que había despedido a los empleados horas antes de la cena en la que Enrique fue envenenado.

A medida que se recopilaban más pruebas, la familia de Enrique se convenció de que María había asesinado a su esposo para liberarse de un matrimonio abusivo y comenzar una nueva vida con Fernando.
Sin embargo, a pesar de las sospechas, nunca se llevó a cabo una investigación formal sobre la muerte de Enrique, y María continuó con su vida, mudándose a la Ciudad de México y comenzando su carrera en el cine.
Después de la muerte de Enrique, María Félix se convirtió en una de las estrellas más grandes del cine mexicano.
Su vida personal, sin embargo, estuvo marcada por la sombra de su primer matrimonio.
Aunque logró construir una exitosa carrera, siempre existieron rumores sobre su implicación en la muerte de su esposo.
María nunca habló públicamente sobre este episodio de su vida, manteniendo el secreto que la acompañó hasta su propia muerte en 2002.
A lo largo de los años, la familia de Enrique continuó buscando respuestas, convencidos de que María había tenido un papel en su muerte.
Carlos Álvarez, el hermano de Enrique, llegó a declarar en entrevistas que siempre supo que María había envenenado a su hermano, pero que no pudieron hacer nada debido a la falta de pruebas y al poder que María ejercía en la sociedad.
La historia de María Félix y la muerte de Enrique Álvarez es un recordatorio de cómo el glamour y el éxito pueden ocultar secretos oscuros.
A pesar de ser admirada por su belleza y talento, María vivió una vida llena de contradicciones y tragedias.
La falta de una investigación formal sobre la muerte de Enrique ha dejado muchas preguntas sin respuesta, y su historia sigue siendo un tema de especulación y debate.
Hoy, más de 80 años después, la pregunta persiste: ¿realmente murió Enrique de neumonía, o fue víctima de un crimen cuidadosamente planeado? La vida de María Félix, con todos sus éxitos y fracasos, es un testimonio de las complejidades de la fama y el costo emocional que puede conllevar.
A medida que se desenterran los secretos de su vida, es fundamental recordar que detrás de cada figura icónica hay historias que merecen ser contadas y recordadas.