¡Impactante! La Alcaldesa de Acapulco en la Mira: ¿Un Collar de 227,000 Pesos en Plena Crisis de Pobreza?
Abelina López Rodríguez, nacida el 23 de septiembre de 1965 en Santa María Tonameca, Oaxaca, ha tenido una carrera política que se extiende por más de dos décadas.
Desde sus inicios como activista estudiantil, ha escalado posiciones hasta convertirse en presidenta municipal de Acapulco, pero su ascenso ha estado marcado por la controversia.
Fue regidora municipal entre 1999 y 2002, diputada local en dos ocasiones y, en 2018, dio el salto a la política federal como diputada por el distrito 4 de Guerrero.
En 2021, ganó la alcaldía de Acapulco y en 2024 logró la reelección.
Sin embargo, su trayectoria no está exenta de escándalos.

En 2020, durante su tiempo como diputada federal, hizo una confesión impactante: admitió haber pagado un soborno de 20,000 pesos para facilitar un proceso judicial.
A pesar de las críticas y las demandas de investigación, el escándalo se desvaneció sin consecuencias, y López Rodríguez continuó su carrera política.
Sin embargo, su historia tomó un giro inesperado cuando, en octubre de 2023, el huracán Otis devastó Acapulco, dejando a miles de familias sin hogar y causando daños millonarios.
La ciudad necesitaba un liderazgo fuerte y transparente, pero en su lugar, recibió a una alcaldesa con un historial problemático.
En junio de 2025, la Auditoría Superior del Estado de Guerrero presentó una denuncia formal contra López Rodríguez por negarse a comprobar 898 millones de pesos en recursos federales destinados a la reconstrucción de Acapulco tras el huracán.
Su respuesta desafiante, “A mí me audita la federación, no el Estado, porque en Guerrero todo se puede”, se volvió viral, simbolizando la impunidad que rodea a su administración.
El collar que llevó puesto durante una sesión de cabildo se convirtió en el símbolo de esa impunidad.
Cuando las imágenes del collar comenzaron a circular, la indignación fue inmediata.
¿Cómo podía la alcaldesa lucir una joya de 227,000 pesos en un contexto de crisis y pobreza extrema? Las preguntas sobre la procedencia del collar comenzaron a surgir.
López Rodríguez intentó justificar su posesión del collar diciendo que se lo había regalado una vecina de la colonia Simón Bolívar, una de las áreas más marginadas de Acapulco.
Sin embargo, la idea de que alguien de esa colonia tuviera 227,000 pesos para regalar una joya de lujo resultaba absurda.
Días después, cambió su versión, afirmando que el collar no era de oro, sino de acero y que no valía esa cantidad, lo que solo generó más sospechas.

La naturaleza del collar y su alto valor lo convierten en un posible caso de cohecho, un delito que implica que un servidor público acepte bienes de valor relacionados con su función.
Según el Código Penal de Guerrero, esto puede resultar en una pena de 6 a 16 años de prisión.
La Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción de Guerrero abrió una carpeta de investigación en respuesta a la denuncia presentada por Ramiro Solorio Almazán, excandidato a la alcaldía de Acapulco.
La evidencia es contundente: las imágenes de López Rodríguez luciendo el collar durante la sesión de cabildo son públicas y han sido ampliamente difundidas.
Además, la identificación del collar como una pieza auténtica de Cleef & Arpels, con un diseño específico y un valor claro, refuerza las acusaciones en su contra.
La inconsistencia en sus declaraciones y la falta de una explicación clara sobre la procedencia del collar han debilitado cualquier defensa que pudiera presentar.
El contexto financiero también es clave.
Con un salario mensual de 150,000 pesos, es prácticamente imposible que López Rodríguez pudiera adquirir una joya de tal valor sin afectar gravemente sus finanzas personales.
Si el collar formara parte de una colección más amplia de Cleef & Arpels, estaríamos hablando de una suma mucho mayor, lo que plantea aún más preguntas sobre la procedencia del dinero.
La fiscalía ha comenzado a reunir pruebas adicionales y ha solicitado documentación para determinar si López Rodríguez era presidenta municipal en el momento en que recibió el collar.
Este aspecto es crucial para configurar el delito de cohecho.
Dos testigos presenciales han comparecido ante la fiscalía, confirmando que el collar fue exhibido públicamente en un contexto oficial.
La reacción pública ha sido de indignación generalizada.
La imagen de la alcaldesa luciendo una joya de lujo mientras su ciudad enfrenta una crisis humanitaria ha generado un clamor por justicia.
Los ciudadanos de Acapulco, que luchan por sobrevivir tras el huracán, no pueden entender cómo su alcaldesa puede permitirse tal ostentación.

La historia de Abelina López Rodríguez es un reflejo de la corrupción y la impunidad que plagan la administración pública en México.
La narrativa de victimización que ha adoptado, alegando persecución política, no ha logrado ocultar las acciones concretas que la involucran en prácticas corruptas.
El futuro de López Rodríguez es incierto.
La fiscalía debe decidir si presenta cargos o archiva el caso.
Si se procesa, enfrentará resistencia legal.
Si no se procesa, la señal será clara: en Guerrero, todo se puede.
La opinión pública está atenta, y el collar de 227,000 pesos se ha convertido en un símbolo de la lucha por la justicia en un sistema que a menudo parece permitir que los poderosos se salgan con la suya.
La historia no termina aquí.
La investigación sigue, y los ciudadanos exigen respuestas.
¿Se hará justicia en este caso, o se convertirá en otro ejemplo de impunidad? El collar de López Rodríguez podría ser la clave que determine su destino y el de Acapulco.