El panorama televisivo peruano ha recibido un sismo de alta intensidad este jueves 15 de enero de 2026.
Lo que comenzó como un rumor en los pasillos de la avenida Arequipa se ha transformado en una realidad innegable: Beto Ortiz, el periodista más polémico y divisivo de la pantalla nacional, ha quedado oficialmente fuera de Panamericana Televisión.

Su salida no ha sido silenciosa; por el contrario, ha venido acompañada de críticas feroces hacia la nueva gestión del canal, hoy bajo la influencia administrativa y creativa de figuras ligadas a Gisela Valcárcel y liderada directamente por Susana Umbert.
El cierre de la etapa de Ortiz en la “antena de los grandes éxitos” marca también el final definitivo de El Valor de la Verdad.
Aunque el programa regresó hace pocos meses con una temporada que pretendía revivir la gloria de los confesionarios, lo cierto es que el formato se desgastó ante una audiencia que exige nuevas narrativas.
Sin embargo, detrás de la cancelación del espacio se esconde una guerra de poderes, egos y líneas editoriales que Beto Ortiz no ha dudado en exponer, calificando la situación actual del canal como decadente.
El desplante en la preventa: La firma que nunca llegó

Uno de los detalles más impactantes de esta ruptura fue revelado recientemente por la exproductora Patti Lorena.
Según su testimonio, Panamericana Televisión tenía planeado un relanzamiento ambicioso para este 2026, que incluía un spot publicitario donde Beto Ortiz compartiría pantalla con el humorista Jorge Benavides (JB).
Ortiz llegó incluso a grabar el material para la preventa, pero en un giro dramático y de último minuto, decidió no firmar el contrato de renovación y no aparecerse en el evento oficial del canal.
Este desplante dejó a la administración de Susana Umbert con un vacío imposible de llenar y un “show” arruinado.
Fuentes cercanas al periodista aseguran que Beto se sintió “paseado” por la gerencia, quienes supuestamente le habían prometido el cargo de Gerente de Prensa para tener el control total de la línea informativa del canal.
Al notar que el nombramiento se dilataba y que, en realidad, se pretendía que su trabajo estuviera bajo la supervisión directa de Umbert, Ortiz decidió dar el paso al costado.
Para un periodista de su perfil, trabajar bajo el ala de quien muchos llaman “la mataprogramas” era una condición innegable para el fracaso.
El regreso al búnker: Wilax Televisión y el factor electoral
La noticia de su salida de Panamericana fue rápidamente opacada por la confirmación de su próximo destino.
Rodrigo González y Gigi Mitre, conductores de Amor y Fuego, fueron los encargados de anunciar que Beto Ortiz ya tiene un pie —y prácticamente todo el cuerpo— en Wilax Televisión.
“Qué bueno que Beto regrese a hacer lo que mejor sabe”, comentó González, resaltando que la televisión peruana recupera a un periodista incisivo justo a puertas de una etapa electoral crucial.
El retorno de Beto a Wilax no es casualidad.

En Panamericana, se rumoreaba que los dueños del canal, específicamente el señor Schuller, tenían un temor creciente hacia el perfil investigador y confrontacional de Ortiz.
“Beto es un imán de problemas judiciales”, se escuchó decir en los círculos de poder del canal.
Ante el miedo de que sus denuncias incomodaran a sectores políticos vinculados a los intereses empresariales del medio, la administración de Gisela y Susana habría optado por un estilo de televisión más “blanco”, tibio y centrado en el espectáculo menos comprometido.
Magaly Medina también se sumó a las críticas, señalando que en sus últimas emisiones de El Valor de la Verdad, Beto ya no mostraba la severidad de antes.
Según la “Urraca”, el periodista solo estaba “cumpliendo de mala gana” los días que le quedaban por contrato, entrevistando a personajes que no estaban a la altura del formato, como ocurrió en la reciente edición con la tarotista Agatha Lys.
Una administración bajo la lupa: ¿Escrúpulos o empoderamiento?
La crítica de Ortiz y sus aliados va dirigida al corazón del nuevo modelo de Panamericana.
Se cuestiona duramente que, mientras el canal habla de “empoderamiento de la mujer” bajo la dirección de Susana Umbert, se sigan explotando formatos que muchos consideran decadentes.
La participación de Tilsa Lozano en el programa de Beto fue el punto de quiebre que evidenció la falta de herramientas creativas de la nueva gestión.
“Panamericana no necesita un cambio, sino una revolución”, sentenció Ortiz.
Con esta frase, el periodista deja claro que la estructura actual, influenciada por la productora de Gisela Valcárcel, está condenada a repetir fórmulas que ya no conectan con la realidad política y social del país.

Beto se aleja de una televisión que él define como hipócrita para buscar un espacio donde su voz no tenga que adecuarse a lineamientos corporativos temerosos.
Este 15 de enero de 2026, el tablero de la televisión peruana se reconfigura.
Mientras Panamericana intenta encontrar un norte sin su figura más mediática, Wilax se prepara para recibir al “Niño Terrible” en un año donde la política promete ser el plato fuerte.
Beto Ortiz sale de un canal que, según él, le quedó pequeño en ambiciones, para regresar al lugar donde la controversia es el pan de cada día.
¿Crees que la salida de Beto Ortiz afectará significativamente el rating de Panamericana Televisión? ¿Es Susana Umbert realmente la responsable de la “decadencia” de los programas que dirige? Tu opinión es fundamental para nosotros, déjanos tu comentario y comparte este artículo para seguir analizando el futuro de nuestra televisión.
Esta noticia sigue en desarrollo, pero mientras el mundo del periodismo arde, la farándula no se queda atrás.
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