La historia de Bronco, uno de los grupos más emblemáticos de la música grupera mexicana, es también una crónica marcada por el éxito, la tragedia, las disputas legales y las fracturas personales.
Detrás de los estadios llenos y los millones de discos vendidos, se esconde un recorrido complejo que transformó para siempre la vida de sus integrantes, especialmente la de su líder, José Guadalupe Esparza Jiménez, conocido mundialmente como Lupe Esparza.

Lupe nació el 12 de octubre de 1954 en Hermenegildo Galeana, Durango, en un contexto de pobreza extrema.
Creció sin la presencia de su padre y en condiciones materiales muy limitadas.
Desde niño trabajó para ayudar a su madre, desempeñando labores en el campo y realizando pequeños encargos.
En medio de esas carencias descubrió su voz.
Cantaba en fiestas del pueblo y celebraciones religiosas, y pronto comenzó a escuchar que la música podía ser su camino para salir adelante.
Esa convicción se convirtió en el motor de su vida.
En 1979 se trasladó a Apodaca, Nuevo León, en busca de trabajo.
Allí, mientras laboraba en una fábrica con turnos extenuantes, conoció a Javier Villarreal, José Luis Villarreal “Choche” y Eric Garza.
Los cuatro compartían el sueño de vivir de la música.
Ensayaban después del trabajo en un garaje y ese mismo año fundaron Los Broncos de Apodaca.
Poco después simplificaron el nombre a Bronco.
Los primeros años fueron difíciles.
Tocaban en bares, bailes y cantinas por pagos modestos que apenas alcanzaban para subsistir.
Sin embargo, su perseverancia dio frutos.
A finales de los años ochenta comenzaron a consolidarse como un fenómeno regional y luego nacional.
En 1989 el tema “Que no quede huella” vendió millones de copias, y canciones como “Sergio el bailador” se convirtieron en himnos populares en fiestas y celebraciones por todo México.
El ascenso culminó en 1997 cuando Bronco llenó el Estadio Azteca ante 100 mil personas, convirtiéndose en el primer grupo grupero en lograrlo.
Aquella noche representó la cima absoluta.
No obstante, el éxito ocultaba tensiones internas acumuladas tras casi dos décadas de convivencia intensa, giras constantes y presiones económicas.
Un mes después del histórico concierto, el grupo anunció su separación.
En noviembre de 1997 ofrecieron su última presentación como formación original en televisión nacional.
Las imágenes de Choche llorando durante la despedida reflejaron la carga emocional de la ruptura.
Lo que parecía un descanso temporal se prolongó durante años y abrió la puerta a conflictos más profundos.
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Tras la separación, surgió un problema legal crucial: el control del nombre “Bronco”.
El mánager Óscar Flores había registrado la marca a su nombre personal.
Cuando los integrantes intentaron retomar actividades, descubrieron que no podían utilizar el nombre que ellos mismos habían construido.
Durante 14 años Lupe Esparza y sus compañeros tuvieron que presentarse como “El Gigante de América” mientras litigaban para recuperar la marca.
No fue sino hasta 2017 cuando finalmente lograron restituir legalmente el nombre Bronco.
Pero mientras se desarrollaban esas batallas legales, el destino golpeó con fuerza a dos de los fundadores en 2012.
El primero fue Eric Garza, quien había dejado el grupo en 1986 para dedicarse al negocio familiar de autopartes.
El 3 de febrero de 2012 fue secuestrado en Nuevo León.
Su familia reunió y pagó el rescate exigido, pero días después su cuerpo fue encontrado sin vida.
El caso se enmarcó en un periodo de intensa violencia vinculada al crimen organizado en la región.
Los responsables no fueron identificados públicamente y la familia quedó marcada por la pérdida.

Meses después, el 30 de septiembre de 2012, falleció José Luis Villarreal “Choche” a los 55 años.
Oficialmente murió por insuficiencia cardíaca asociada a cirrosis hepática.
Sin embargo, familiares señalaron que la cirrosis habría tenido origen en una infección de hepatitis C contraída tras una transfusión de sangre durante una cirugía a corazón abierto años antes.
Su muerte generó controversia y dolor entre seguidores y allegados, que lamentaron no solo la pérdida del músico, sino también las circunstancias médicas que la rodearon.
Con dos de los cuatro fundadores fallecidos, la historia de Bronco tomó un matiz aún más sombrío.
A pesar de ello, Lupe Esparza continuó trabajando para mantener viva la agrupación.
Javier Villarreal también permaneció vinculado al proyecto.
Sin embargo, las tensiones no desaparecieron.
En septiembre de 2019, Ramiro Delgado —acordeonista que se había incorporado en 1986 y que además era compadre de Lupe— presentó una demanda en su contra.
Las acusaciones incluían presunto mal manejo de recursos y conflictos relacionados con la empresa que administraba los ingresos del grupo.
La disputa derivó en el congelamiento temporal de cuentas y evidenció una fractura personal y profesional profunda.
Ramiro declaró públicamente que, aunque eran compadres, deseaba “devolverle sus 20 pesos”, frase que simbolizó la ruptura de una relación de más de tres décadas.

Ramiro ofreció su última presentación con Bronco en marzo de 2019 y posteriormente se apartó del grupo.
Desde entonces no ha habido una reconciliación pública entre ambas partes.
Hoy, a los 70 años, Lupe Esparza continúa al frente de Bronco.
La agrupación sigue presentándose y cantando los clásicos que marcaron generaciones.
Sin embargo, la formación ya no es la original y el peso de las ausencias es inevitable.
Eric Garza y Choche ya no están; Ramiro Delgado tomó otro rumbo; y el largo litigio por el nombre dejó cicatrices.
La trayectoria de Bronco ilustra cómo el éxito masivo no inmuniza frente a tragedias personales, disputas legales o contextos sociales adversos.
De llenar el Estadio Azteca a enfrentar pérdidas irreparables, la historia del grupo refleja tanto la fuerza transformadora de la música como la fragilidad de los lazos humanos cuando intervienen intereses económicos y circunstancias externas.
Lo que comenzó como el sueño de cuatro trabajadores de fábrica en 1979 se convirtió en un fenómeno nacional.
Pero también terminó siendo una historia atravesada por muerte, controversia y desencuentros.
Aun así, las canciones permanecen en la memoria colectiva, y el legado musical de Bronco sigue resonando, recordando tanto su grandeza como el alto costo que acompañó su camino.