La Tamalera de Tepito: ¿Venganza Silenciosa o Justicia que Nunca Llegó?
En el corazón de Tepito, un barrio conocido por su violencia y la ley del más fuerte, una mujer de 47 años transformó su puesto de tamales en un arma silenciosa de venganza.
Rosa García, con su masa de maíz y salsa verde, se convirtió en la responsable de la caída de 12 hombres de la Unión Tepito, todo sin disparar una sola bala.
En esta historia, exploraremos el camino que llevó a Rosa a convertirse en una figura controvertida, cuestionada por muchos: ¿era una asesina serial o la única justicia que Tepito conocería jamás?

Rosa María García Méndez llegó a la Ciudad de México a los 19 años, con una maleta de cartón y la receta de tamales de su abuela oaxaqueña.
Era 1992, y Tepito aún permitía que la gente honesta se ganara la vida sin pagar tributo a nadie.
A medida que pasaron las décadas, el barrio se tornó más peligroso, pero Rosa continuó levantándose a las 4 de la mañana para preparar su masa y vender tamales.
Conocida como doña Rosita, vendía entre 180 y 200 tamales al día, mientras cumplía con las reglas de supervivencia en Tepito: pagar a tiempo, no hacer preguntas y mantener la cabeza baja.
Rosa vivía en un departamento modesto en la calle Toltecas, donde las paredes estaban adornadas con fotos de sus dos hijos y su esposo, Armando, un mecánico que la acompañó durante 29 años.
Sin embargo, en septiembre de 2020, todo cambió cuando Armando fue asesinado en un ataque a su taller mecánico.
Este evento devastador marcó el inicio de una transformación en Rosa.
Armando no era un santo, pero era un hombre trabajador que soñaba con abrir un local de tamales.
Su muerte dejó a Rosa con un vacío profundo y una sed de venganza.
En un mundo donde la justicia parecía inexistente, Rosa decidió tomar el asunto en sus propias manos.
Rosa había estudiado enfermería durante tres semestres en la UNAM antes de convertirse en madre.
En una de sus clases, había aprendido sobre la risina, una toxina letal extraída de las semillas de la planta de risino.
Con esta información en mente, Rosa comenzó a planear su venganza.
Durante semanas, estudió cómo extraer la toxina y la utilizó para envenenar a aquellos que creía responsables de la muerte de su esposo.
El primer objetivo fue El Chino, un cobrador de la Unión Tepito.
Rosa preparó tamales especiales, mezclando la risina en la masa y marcándolos con hilo rojo.
El Chino murió, y con él, la primera pieza de su venganza se consumó.

A medida que los asesinatos continuaron, Rosa se volvió más metódica.
Usó su puesto de tamales como fachada, alimentando a los hombres de la Unión mientras eliminaba a aquellos que habían causado su dolor.
En total, 12 hombres cayeron, todos con síntomas de intoxicación alimentaria, y la policía no sospechó de la mujer que había alimentado a Tepito durante años.
La vida de Rosa se convirtió en una rutina; vendía tamales durante el día y planeaba su venganza durante la noche.
Sin embargo, la policía comenzó a notar un patrón en las muertes.
La agente Minerva Castillo tomó el caso y, tras investigar, se dio cuenta de que algo no estaba bien.
Las muertes estaban relacionadas con la Unión Tepito, y la investigación llevó a Rosa.
El 30 de diciembre de 2019, Rosa fue arrestada en su hogar.
La policía encontró evidencias de su crimen: frascos de risina, un cuaderno con los nombres de sus víctimas y detalles sobre sus muertes.
Durante el interrogatorio, Rosa confesó lo que había hecho, explicando que su venganza era la única forma de justicia que conocía.
La noticia de su arresto se propagó rápidamente, y Rosa se convirtió en una figura controvertida en los medios.
Algunos la veían como una heroína que había tomado justicia por su propia mano, mientras que otros la consideraban una asesina serial.
La opinión pública se dividió, y el caso de Rosa García se convirtió en un tema candente en la sociedad mexicana.

El juicio de Rosa García comenzó en 2020.
La fiscalía presentó pruebas contundentes, incluyendo su confesión y la toxicología de las víctimas.
Rosa fue condenada a 180 años de prisión por 12 homicidios calificados.
La sentencia fue vista como un mensaje claro: la justicia no se puede tomar en manos propias, incluso en un lugar como Tepito.
Mientras tanto, la vida en Tepito continuó.
La Unión Tepito se reorganizó, y la violencia no disminuyó.
Rosa se convirtió en una leyenda, un símbolo de la desesperación y la lucha por la justicia en un entorno donde la ley parecía ausente.
La historia de Rosa García es un recordatorio de las complejidades de la justicia en un mundo donde la violencia y la impunidad son la norma.
Su venganza, aunque comprensible desde su perspectiva, abrió un debate sobre la moralidad y las consecuencias de tomar la justicia en manos propias.
¿Era Rosa una asesina serial o una mujer que buscaba justicia en un sistema que no se la ofrecía? La respuesta puede ser tan compleja como la vida misma.