Descubrimientos como Nazaret del siglo I, el cilindro de Ciro, Nínive, Ur de los caldeos, Caifás, Poncio Pilato y la estela de Tel Dan respaldan la precisión histórica de numerosos relatos bíblicos.

Durante siglos, la existencia de personajes, ciudades y objetos mencionados en la Biblia ha sido objeto de controversia y escepticismo.
Muchos han cuestionado la veracidad de estas narraciones, alimentados por la rivalidad religiosa y la falta de evidencias tangibles.
Sin embargo, hallazgos arqueológicos recientes han desmentido varios de estos mitos, revelando que lo que alguna vez se consideró ficción puede tener un fundamento histórico sólido.
Uno de los mitos más persistentes es el de Nazaret.
Se decía que este pueblo no existía en tiempos de Jesús, lo que se utilizaba como argumento para cuestionar su existencia como figura histórica.
Bart Ehrman, un erudito estadounidense, refuta esta afirmación al señalar: “Si Jesús existió, pero Nazaret no, simplemente vino de otro lugar”.
La evidencia arqueológica ha demostrado que Nazaret ya era un lugar poblado en el primer siglo de nuestra era.
Excavaciones en 1969 revelaron objetos helenísticos y romanos, así como una vivienda del siglo I que sugiere que Jesús pudo haber crecido allí.
Otro personaje cuya existencia fue puesta en duda es Ciro el Grande.
Entre 1876 y 1882, el arqueólogo Hormuzd Rassam descubrió el cilindro de Ciro en Babilonia, una proclamación que se considera la primera declaración de derechos humanos.
Este cilindro no solo atestigua la existencia de Ciro, sino que también narra su política de respeto hacia los pueblos conquistados, incluyendo a los judíos, a quienes liberó de su cautiverio en Babilonia.
La ciudad de Nínive, mencionada en la Biblia, también fue considerada legendaria hasta que sus ruinas fueron redescubiertas en el siglo XIX por Austin Henry Layard.
Esta antigua ciudad, capital del imperio neoasirio, fue una de las más grandes y ricas del mundo antiguo.
La Biblia menciona a Nínive en el contexto de la historia de Jonás, quien predicó en su territorio.
Los hallazgos arqueológicos han confirmado su existencia y su importancia histórica.

Ur de los caldeos, la patria de Abraham, fue vista como una mera leyenda hasta que el arqueólogo John George Taylor descubrió sus ruinas en el siglo XIX.
Ur, una ciudad-estado sumeria, data de aproximadamente 3800 a.C.
y ha proporcionado una gran cantidad de artefactos que demuestran su riqueza y relevancia en la antigüedad.
Leonard Woolley, en las décadas de 1920 y 1930, encontró un cementerio real en Ur que rivaliza con el de Tutankamón, confirmando así la existencia de esta ciudad bíblica.
El sumo sacerdote Caifás, mencionado en los evangelios, fue considerado un personaje literario hasta que se descubrió su tumba en Israel en 1990.
El osario encontrado, ornamentado y conteniendo restos óseos, podría pertenecer a José Ben Caifás, el principal antagonista de Jesús en los relatos evangélicos.
Este descubrimiento ha llevado a muchos a reevaluar la historicidad de los personajes bíblicos.
Asimismo, el estanque de Betesda, donde Jesús sanó a un paralítico, fue considerado ficticio hasta que se excavó en el siglo XIX y se identificó como un lugar real.
La piscina, con cinco pórticos, fue finalmente confirmada como una estructura existente, lo que refuerza la narrativa evangélica.
El término “politarchas”, utilizado por Lucas en el libro de Hechos, fue criticado por ser anacrónico.
Sin embargo, inscripciones descubiertas en Tesalónica han confirmado que este título era efectivamente utilizado en la época de Lucas, respaldando la precisión histórica de su relato.

Galeón, mencionado en Hechos 18, fue considerado un personaje ficticio hasta que se encontró una inscripción en Delfos que confirma su existencia como procónsul de Acaya.
Este hallazgo no solo valida la narrativa bíblica, sino que también proporciona un marco cronológico para la vida del apóstol Pablo.
La figura de Poncio Pilato, el prefecto romano que ordenó la crucifixión de Jesús, fue objeto de escepticismo durante mucho tiempo.
Sin embargo, la inscripción de la piedra de Pilato, descubierta en 1961, confirma su existencia y su rol en la historia de Judea.
Joan E.Taylor, historiadora, afirma que esta inscripción “confirma la existencia y el cargo de Pilato”.
Finalmente, la estela de Tel Dan, hallada en 1993, proporciona la evidencia más antigua sobre el rey David, un personaje que muchos consideraban mítico.
Esta inscripción aramea menciona la “casa de David”, corroborando así su existencia histórica.
Estos descubrimientos no solo refuerzan la veracidad de la Biblia, sino que también invitan a la reflexión sobre la importancia de la historia y la arqueología en la comprensión de las narrativas sagradas.
Como se dice, “un pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”.
La historia de estos mitos y verdades nos recuerda que la búsqueda de la verdad es un viaje continuo, lleno de sorpresas y revelaciones.
