📰 Cilia Flores enfrenta proceso judicial en Estados Unidos mientras resurgen señalamientos sobre su influencia en el poder venezolano

Cilia Flores enfrenta un proceso judicial en Estados Unidos y se declaró no culpable durante su comparecencia ante un tribunal, permaneciendo recluida en una cárcel en Brooklyn mientras recibe atención médica.

 

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Cilia Flores, abogada, dirigente política y esposa del presidente venezolano Nicolás Maduro, atraviesa uno de los momentos más complejos de su trayectoria pública tras ser presentada ante un tribunal en Estados Unidos, donde enfrenta un proceso judicial y permanece recluida en una cárcel en Brooklyn.

Su situación ha reavivado el debate sobre el papel que desempeñó durante años dentro del engranaje de poder del chavismo y sobre el alcance real de su influencia en la estructura del Estado venezolano.

Durante décadas, Flores fue una figura central en el proyecto político iniciado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro.

No ocupó un rol meramente protocolario.

“Cilia Flores no es una primera dama, Cilia Flores es una militante política”, han señalado analistas que siguieron de cerca su trayectoria.

Antes y después de la llegada de Maduro a la Presidencia en 2013, desempeñó cargos de alto nivel, incluyendo la presidencia de la Asamblea Nacional, lo que consolidó su peso dentro del oficialismo.

Quienes han observado el funcionamiento interno del chavismo coinciden en que su participación iba más allá de la representación simbólica.

“No respondía a una figura ornamental dentro del chavismo”, sostienen voces críticas, que la describen como parte activa en decisiones estratégicas.

Desde el aparato comunicacional oficial se la promovía como la “primera combatiente”, una mujer firme y leal al proyecto revolucionario.

Sin embargo, opositores la han señalado como una operadora clave tras bastidores, con influencia directa en nombramientos y estructuras administrativas.

 

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Uno de los aspectos más controvertidos ha sido la presencia de familiares suyos en cargos públicos.

Según diversas denuncias, personas vinculadas a su entorno habrían ocupado posiciones estratégicas en entidades estatales.

Un experto en temas venezolanos afirmó que “la familia de Cilia Flores siempre ha estado en cargos estratégicos, lógicamente cargos que no son tan visibles, pero que administran recursos”.

Entre los nombres mencionados se encuentran parientes que desempeñaron funciones en áreas financieras de instituciones públicas, así como en fundaciones con manejo de presupuestos significativos.

El señalamiento de nepotismo se intensificó cuando se recordó que, durante su presidencia en la Asamblea Nacional, habría incorporado a decenas de familiares en distintos cargos.

“Estamos hablando de una cosa realmente desmedida”, expresó uno de sus críticos al referirse a esa etapa.

Estas acusaciones han sido parte de la narrativa que la oposición ha utilizado para cuestionar la transparencia del aparato estatal venezolano.

Uno de los episodios más delicados que tocó de manera indirecta a Flores fue el caso conocido como el de los “narcosobrinos”.

Dos familiares suyos fueron condenados en Estados Unidos por delitos relacionados con narcotráfico.

“Esos son sus sobrinos consentidos”, afirmó en su momento un opositor, subrayando la cercanía familiar.

Con el paso del tiempo, ambos recuperaron la libertad tras una negociación entre los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos, lo que volvió a poner el foco sobre las conexiones políticas y diplomáticas alrededor del caso.

 

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En el plano judicial actual, Cilia Flores fue presentada ante un tribunal estadounidense el 5 de enero de 2026 para la lectura de cargos.

En esa audiencia se declaró “no culpable”.

Observadores que estuvieron presentes describieron su estado físico como visiblemente afectado.

“Estaba golpeada… tenía cara de dolor, de dolor físico”, relató una fuente conocedora del proceso.

Según esa misma versión, el juez ordenó que recibiera atención médica, solicitud que fue aceptada por la fiscalía, y desde entonces ha sido trasladada en varias ocasiones a servicios médicos para tratar lesiones.

Respecto a su actitud en la audiencia, se señaló que no mostró una postura desafiante.

“Ella no estaba retadora.

Quien sí estuvo retador fue Nicolás Maduro”, afirmó la misma fuente.

También se destacó su formación como abogada penalista, lo que le permitiría comprender con detalle la estrategia de defensa.

“Sabe lo que está haciendo y puede tomar ventaja de cualquier cosa que se presente como beneficio”, se añadió.

En paralelo, sectores críticos continúan describiéndola como una figura de gran peso político.

“La persona que comanda, la persona que le da las instrucciones a Nicolás Maduro es ella”, sostuvo un opositor, quien la calificó como “mucho más peligrosa, calculadora” que el propio mandatario.

Estas afirmaciones forman parte del debate político que ha rodeado su figura durante años y que ahora se intensifica con su proceso judicial.

 

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Mientras tanto, el Gobierno venezolano no ha emitido declaraciones extensas sobre su situación personal, más allá de insistir en que se trata de un proceso con motivaciones políticas.

En el ámbito internacional, su caso se observa como un episodio de alto impacto en la compleja relación entre Caracas y Washington.

Para algunos analistas, Cilia Flores fue una de las primeras damas con mayor poder efectivo en América Latina durante la última década.

Para otros, representó la consolidación de una estructura cerrada en la que las decisiones clave se tomaban en círculos reducidos.

Lo cierto es que su nombre, antes habitual en actos oficiales y cumbres internacionales, hoy aparece vinculado a expedientes judiciales y a una disputa legal que podría redefinir su futuro político y personal.

Desde una celda en Brooklyn, su figura sigue generando interpretaciones contrapuestas.

Mientras sus detractores la presentan como símbolo de corrupción y concentración de poder, sus allegados sostienen que enfrentará el proceso con las herramientas legales a su alcance.

En cualquier caso, su situación marca un capítulo significativo en la historia reciente de Venezuela y añade un nuevo elemento a la compleja trama política que ha caracterizado al país en los últimos años.

 

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