LA SEGUNDA AMANTE DE MARIO PINEIDA APARECE MUERTA TRAS EL FUNERAL

La muerte de Mario Pineida no solo conmocionó al mundo deportivo, sino que abrió una cadena de acontecimientos violentos que hoy mantienen en vilo a la opinión pública.

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Lo que inicialmente fue presentado como el asesinato de un futbolista reconocido, con el paso de los días se transformó en una historia oscura de traiciones, venganzas y silencios inquietantes.

La aparición sin vida de una mujer identificada como Karen Grunauer, señalada como la segunda amante del jugador, tras haber asistido a su funeral, elevó el caso a un nivel mucho más perturbador.

 

Karen tenía 39 años y su nombre comenzó a circular horas después del entierro de Mario Pineida.

Nadie reparó en ella durante la ceremonia fúnebre.

Vestida de luto, discreta, sin protagonismo, caminó entre coronas, lágrimas y rezos como una asistente más.

Sin embargo, su presencia no era casual.

Según versiones que surgieron tras su asesinato, Karen mantenía una relación sentimental secreta con el futbolista, una historia paralela que se había desarrollado lejos de la familia oficial y de los reflectores públicos.

 

El funeral transcurrió con aparente normalidad.

Mientras el féretro descendía y los asistentes se despedían del jugador, Karen permanecía en silencio, consciente de que su presencia no pasaría desapercibida para todos.

Al finalizar la ceremonia, abandonó el cementerio sin imaginar que ese adiós también sería el suyo.

Quién fue Mario Pineida? Futbolista de Ecuador
Minutos después, el vehículo en el que se trasladaba fue interceptado.

Los disparos fueron precisos, directos, sin margen de error.

No se trató de un robo ni de un ataque al azar.

Fue una ejecución.

 

Este nuevo asesinato encendió todas las alarmas.

Primero Mario Pineida, luego la mujer que lo acompañaba al momento de su muerte, después un ataque fallido contra su madre y finalmente la segunda amante abatida tras el entierro.

Demasiadas coincidencias para ser ignoradas.

Las autoridades comenzaron a considerar que no estaban frente a crímenes aislados, sino ante una secuencia cuidadosamente planeada.

 

Las teorías no tardaron en multiplicarse.

Una de las más comentadas apunta a una venganza personal motivada por la traición.

De acuerdo con versiones extraoficiales, la esposa de Mario Pineida habría vivido durante años una relación marcada por rumores, ausencias y humillaciones.

Aunque públicamente el jugador proyectaba una imagen familiar, en privado su matrimonio estaría profundamente deteriorado.

La revelación de múltiples amantes habría sido un golpe devastador.

Asesinan a Mario Pineida, jugador de Barcelona SC - 92.5 FOREVER Radio

El detalle que muchos consideran clave es la presencia de Karen en el funeral.

Para algunos fue un acto de despedida sincera; para otros, una provocación.

Para una mujer traicionada, reconocer a una amante en el entierro de su esposo pudo haber sido el punto de quiebre.

Desde ese momento, la esposa desapareció del foco público.

No dio entrevistas, no apareció ante cámaras, no emitió mensajes.

Su silencio, lejos de calmar las sospechas, las intensificó.

 

Mientras tanto, la investigación avanzó hacia un elemento decisivo: el teléfono celular de Karen.

Según fuentes cercanas al caso, el dispositivo presentaba sistemas de seguridad avanzados, bloqueo biométrico y encriptación, algo poco habitual para una persona común.

Cuando finalmente se logró acceder a su contenido, lo que encontraron fue inquietante.

Mensajes eliminados, contactos con pseudónimos, llamadas borradas y una red de comunicaciones que conectaba con otros nombres ya bajo observación.

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Uno de los hallazgos más perturbadores fue un mensaje incompleto enviado horas antes del funeral.

En él, Karen advertía: “Si me pasa algo, ya sabes quién fue”.

El destinatario nunca apareció.

El nombre había sido borrado.

Esa sola frase cambió el enfoque del caso.

La segunda amante no solo era una víctima colateral, también podía ser una testigo incómoda que sabía demasiado.

 

Además, el celular registraba llamadas perdidas justo después del entierro, provenientes de números desconocidos.

Minutos más tarde ocurrió el ataque.

Esto reforzó la hipótesis de que Karen estaba siendo seguida o monitoreada en tiempo real.

Nada parecía improvisado.

Todo indicaba planificación, recursos y una estructura capaz de ejecutar órdenes con precisión.

 

Otro dato inquietante surgió tras la intervención del teléfono de uno de los sicarios abatidos en un operativo relacionado con el caso.

En ese dispositivo aparecieron registros de pagos y ubicaciones que coincidían con los contactos del celular de Karen.

No había nombres completos ni fotos claras, pero sí patrones repetidos.

Horarios, zonas y códigos que sugerían la existencia de una red organizada.

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Ante este escenario, la figura de la esposa volvió al centro de las sospechas.

No como autora material, sino como posible detonante.

Algunas teorías sostienen que no disparó ni dio órdenes directas, pero permitió que otros actuaran.

Que no ensució sus manos, pero dejó pistas suficientes.

Otras versiones aseguran que no actuó sola y que habría contado con apoyo externo para ejecutar una limpieza emocional.

 

Las autoridades mantienen silencio.

No confirman ni desmienten.

Sin embargo, continúan analizando cámaras, llamadas, movimientos bancarios y rutas de escape.

Hasta ahora no hay detenidos clave ni una versión definitiva.

Solo preguntas que se acumulan.

¿Quién dio la orden inicial? ¿Quién decidió que Mario Pineida debía morir? ¿Por qué silenciar a la segunda amante después del funeral?

Lo único claro es que este caso dejó de ser un simple expediente policial para convertirse en un reflejo social de infidelidades, traiciones y venganzas.

Karen, la mujer que muchos señalan como la segunda amante, quedó atrapada en una guerra que no le pertenecía.

Su muerte no cerró la historia, la amplió.

 

Hoy, el miedo se respira en silencio.

Teléfonos apagados, mensajes borrados, miradas que evitan cruzarse.

Porque cuando los crímenes se encadenan y el silencio se vuelve norma, la verdad suele tener un precio alto.

Y en el caso Mario Pineida, todo indica que aún faltan nombres, faltan voces y falta una verdad que alguien no quiere que salga a la luz.

 

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