Un cohete colosal comienza a moverse y con él despierta un sueño enterrado durante décadas: la NASA avanza hacia el regreso definitivo de la humanidad a la Luna 🌑🔥🚀

Artemis 1: Why NASA wants to return to the moon before sending humans to  Mars | CNN

La escena parece casi irreal.

Un cohete gigantesco, más alto que un edificio de varios pisos, avanza lentamente sobre una plataforma móvil diseñada para soportar fuerzas que desafían la intuición humana.

No hay llamas, no hay estruendo ensordecedor, pero el significado de este movimiento es profundo.

Es el Sistema de Lanzamiento Espacial, el SLS, desplazándose desde el Edificio de Ensamblaje de Vehículos hacia la rampa de lanzamiento.

Cada metro recorrido marca un punto de no retorno para el programa Artemis y para el futuro de la exploración lunar.

El SLS no es solo otro cohete.

Es el vehículo más potente jamás construido por la NASA, superando incluso al Saturno V que llevó a los astronautas del Apolo a la Luna hace más de medio siglo.

Su propósito no es simbólico.

Está diseñado para llevar astronautas, módulos de carga y tecnología crítica más allá de la órbita terrestre, hacia la Luna y, eventualmente, más lejos.

El hecho de que este cohete esté rodando significa que años de diseño, pruebas, retrasos y críticas han convergido en un solo momento tangible.

El programa Artemis, que durante mucho tiempo pareció una promesa distante, ahora se manifiesta en acero, combustible y sistemas activos listos para operar.

El movimiento del cohete hacia la plataforma de lanzamiento es una de las fases más delicadas de toda la misión.

El transporte se realiza mediante un gigantesco crawler, una máquina lenta pero increíblemente robusta, capaz de mover miles de toneladas con precisión milimétrica.

No es un simple traslado logístico.

How NASA is getting ready to launch its moon rocket | Popular Science

Es una prueba integral de que todos los sistemas pueden soportar vibraciones, tensiones estructurales y condiciones reales previas al lanzamiento.

Para los ingenieros de la NASA, este momento representa algo más que progreso técnico.

Es la validación de una visión.

El programa Artemis no busca solo repetir lo que se hizo en el pasado.

Su objetivo es establecer una presencia humana sostenida en la Luna, construir infraestructura, aprender a vivir y trabajar en otro mundo y usar ese conocimiento como trampolín hacia Marte.

El cohete SLS es la columna vertebral de esta estrategia.

En su configuración actual, puede generar un empuje brutal al despegar, impulsado por motores RS-25 derivados del programa del transbordador espacial y enormes propulsores laterales de combustible sólido.

Esta combinación permite transportar la nave Orion, diseñada para llevar astronautas en misiones de larga duración más allá de la órbita baja terrestre.

Orion no es una cápsula cualquiera.

Es una nave pensada para sobrevivir al vacío profundo, a la radiación cósmica y a reentradas atmosféricas a velocidades nunca antes experimentadas por una nave tripulada moderna.

Su misión es clara: llevar seres humanos de vuelta a la órbita lunar y, en futuras fases, a la superficie misma del satélite.

El regreso a la Luna no es solo una cuestión de nostalgia o prestigio nacional.

Para la NASA y sus socios internacionales, la Luna es un laboratorio natural.

Allí se probarán tecnologías de soporte vital, hábitats, sistemas energéticos y técnicas de exploración que serán esenciales para misiones mucho más largas y peligrosas, como el viaje a Marte.

Además, la Luna ofrece recursos estratégicos.

El hielo de agua detectado en regiones permanentemente sombreadas podría convertirse en combustible, oxígeno y agua potable.

Aprender a extraer y utilizar estos recursos marcaría un antes y un después en la exploración espacial, reduciendo la dependencia de suministros enviados desde la Tierra.

El hecho de que el cohete ya esté en movimiento también tiene un peso psicológico.

Durante décadas, la exploración humana del espacio profundo pareció estancarse.

La órbita baja terrestre se convirtió en un límite invisible.

Estaciones espaciales, satélites y telescopios, sí, pero ningún ser humano volvió a alejarse realmente de la Tierra.

Ahora, esa barrera comienza a romperse.

Humans may return to the Moon in the coming year

Cada cable conectado, cada sistema activado, cada prueba superada acerca el momento en que el rugido del SLS llenará el cielo y la historia cambiará de dirección.

Porque una vez que la humanidad regrese a la Luna, ya no será un destino lejano.

Será un lugar de trabajo, de aprendizaje y de preparación para lo que viene después.

La imagen del cohete rodando no es solo una fotografía técnica.

Es un símbolo.

Representa el punto exacto en el que la intención se transforma en acción.

Donde el futuro deja de ser una diapositiva y se convierte en una máquina real avanzando sobre el concreto.

La NASA sabe que el mundo está observando.

Sabe que este programa será juzgado no solo por sus éxitos, sino por su capacidad de sostenerse en el tiempo.

Pero también sabe que ningún gran salto se da sin riesgos.

Y aun así, el cohete avanza.

El regreso a la Luna ya no es una pregunta.

Es un proceso en marcha.

Y cuando este gigante finalmente despegue, no llevará solo astronautas y tecnología.

Llevará consigo la confirmación de que la humanidad aún está dispuesta a mirar hacia arriba, a construir lo imposible y a volver a lugares que una vez parecieron inalcanzables.

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