Tecnología LIDAR reveló en la selva de Petén una megalópolis maya con unas 60.000 estructuras, calzadas monumentales y sistemas urbanos que alojaron a millones de personas.

Bajo la densa selva del norte de Guatemala, en el departamento de Petén, emerge una megalópolis maya que ha permanecido oculta durante siglos.
Con la ayuda de tecnologías avanzadas como LIDAR y drones, un consorcio de científicos ha revelado lo que antes se consideraba invisible: una vasta red urbana de la civilización maya, con templos colosales y calzadas ocultas.
Este descubrimiento no solo transforma nuestra comprensión del pasado, sino que también reescribe la historia de Mesoamérica.
Imagina un océano de vegetación, donde el calor alcanza los 40º a la sombra y la humedad roza el 100%.
Durante décadas, este territorio fue visto como un bastión de la naturaleza, un lugar donde la civilización maya vivía en armonía con el entorno.
Sin embargo, la realidad es mucho más compleja.
“Lo que parecía naturaleza pura resultó ser una cubierta, un camuflaje que escondía los restos de una civilización monumental”, explica el Dr.
Thomas Garrison, uno de los investigadores principales del proyecto.

En 2016, un avión equipado con tecnología militar despegó sobre la jungla, utilizando LIDAR para “deshojar” la vegetación y cartografiar el relieve oculto.
Cuando los datos fueron procesados, los científicos se encontraron con una metrópolis que se extendía a lo largo de cientos de kilómetros, revelando 60,000 estructuras humanas, desde palacios y pirámides hasta canales y canteras.
“Nunca imaginamos que la población maya en esta región pudiera ser tan masiva”, dice la arqueóloga Francisca Estrada Beli.
“Los datos sugieren que allí vivían entre 10 y 15 millones de personas”.
Los mapas generados por LIDAR mostraron caminos rectos que atravesaban el terreno irregular, conocidos como sacbeob, que antes se pensaban simples avenidas ceremoniales.
“Estos eran caminos monumentales, pavimentados con piedra, que conectaban ciudades a distancias de decenas y cientos de kilómetros”, comenta el Dr.Garrison.
“Eran rutas de desplazamiento rápido para ejércitos y tributos, un sistema circulatorio de un poder centralizado”.
Además, la tecnología reveló un sofisticado sistema de ingeniería hidráulica.
En un entorno donde no hay grandes ríos, los mayas transformaron el paisaje para gestionar el agua.
“Construyeron canales, embalses y esclusas que recogían cada gota de lluvia”, dice el ingeniero hidráulico Dr.James O’Connor.
“Esto les permitió sostener a una población numerosa en un clima que alterna entre lluvias torrenciales y sequías extremas”.

Contrario a la creencia de que los mayas practicaban una agricultura de tala y quema, LIDAR mostró extensas superficies pantanosas organizadas mediante canales y chinampas elevadas.
“Crearon islas artificiales fértiles y poblaron los canales con recursos acuáticos”, explica la arqueóloga Ana María López.
“Esto les permitió cosechar hasta cuatro veces al año, funcionando como una fábrica agroindustrial”.
Sin embargo, este sistema operaba al límite.
La Tierra estaba explotada casi al 100%, y cualquier fallo, como sequías o conflictos, podía desestabilizar todo el sistema.
“La civilización maya no solo fue avanzada, sino que también fue vulnerable”, advierte el Dr.Garrison.
“Cuando la población alcanzó su punto máximo y el clima cambió, la violencia estalló.
Vecinos se masacraron por una mazorca de maíz”.
Los mapas de LIDAR también revelaron fortificaciones y muros de defensa que antes se consideraban inexistentes.
“Esto muestra que las guerras no eran rituales, sino conflictos por recursos”, señala la arqueóloga Estrada Beli.
“Las ciudades que parecían tranquilas eran en realidad nodos de una red de guerra”.

El descubrimiento de la megalópolis maya no solo ilumina el pasado, sino que también plantea preguntas sobre nuestro futuro.
“Estamos repitiendo patrones que resonarán con fuerza en nuestra era”, advierte el Dr.Garrison.
“Las civilizaciones son mortales, y cuanto más compleja es una sociedad, más espectacular puede ser su caída”.
Mientras la selva vuelve a cerrarse sobre las huellas de esta civilización, el desafío es preservar el legado que ha sido descubierto.
“Hemos abierto la caja de Pandora y ahora debemos proteger su contenido”, concluye el Dr.Garrison.
“La historia de los mayas es un espejo que refleja nuestras propias luchas con el medio ambiente y la sostenibilidad”.
Este hallazgo en Guatemala no es solo un relato del pasado; es una advertencia sobre los límites que no debemos cruzar y las lecciones que debemos aprender.