Dulce: La voz más dulce de México y su batalla por el perdón y la reconciliación

Dulce, cuyo nombre real era Berta Elisa Neigerath Cárdenas, fue una de las voces más emblemáticas de México durante más de cinco décadas.

Nacida el 29 de julio de 1955 en Matamoros, Tamaulipas, Dulce se convirtió en un símbolo de elegancia, fuerza y pasión a través de su música, que marcó a toda una generación con baladas inolvidables como *Heridas*, *Tu muñeca*, *Déjame volver contigo* y *Lobo*.

Mexican singer known as Dulce La Cantante dies at 69, family says - ABC7  New York
Su estilo teatral y su interpretación sentida la hicieron una figura casi confesional en el escenario, admirada por su autenticidad y resiliencia femenina.

 

Desde pequeña, Dulce encontró en la música un refugio.

Creció en un hogar con raíces alemanas por parte paterna y mexicanas por parte materna, lo que le brindó una visión cultural amplia que luego se reflejaría en su capacidad para conectar con diversos públicos.

Su carrera artística comenzó en 1974 cuando se unió al grupo Toby y sus amigos, pero fue gracias al apoyo del legendario José José, “el príncipe de la canción”, que Dulce se lanzó como solista y logró consolidar su nombre artístico.

 

En 1978, Dulce alcanzó un punto de inflexión en su carrera al ganar el Festival de Mallorca, donde fue reconocida no solo como mejor cantante sino también como la más bella del evento.

Su interpretación de *Señor Amor*, compuesta por Armando Manzanero, la catapultó a la fama internacional y le abrió las puertas a una trayectoria llena de éxitos.

 

A pesar del éxito y la admiración pública, la vida personal de Dulce estuvo marcada por dificultades y heridas profundas.

Crió a su hija Romina en solitario, enfrentándose a relaciones sentimentales tormentosas y breves. Su intensidad para amar y sufrir dejó cicatrices que se reflejaron en sus vínculos más cercanos.

Mexican singer Dulce Passes Away at 69 due to health complications

En sus últimos años, Dulce enfrentó problemas de salud graves, especialmente relacionados con complicaciones pulmonares que requirieron múltiples cirugías.

Pero no solo la salud física la afectó; las tensiones familiares, en particular la relación conflictiva con su hija Romina, se convirtieron en una fuente de dolor constante.

 

Uno de los capítulos más difíciles en la vida de Dulce fue la relación de su hija Romina con el empresario Giovanni Medina.

Lo que comenzó como una historia de amor juvenil terminó en una pesadilla para Dulce, quien denunció públicamente a Medina por presuntas amenazas, maltrato psicológico y control excesivo sobre Romina.

 

La cantante intentó mantener la distancia y respetar la privacidad de su hija, pero cuando los rumores de abuso comenzaron a circular, no pudo quedarse callada.

Sus declaraciones públicas provocaron una escalada de tensiones que llevó a un distanciamiento emocional entre madre e hija.

Romina defendía a su pareja y se mudó a Europa con su hijo, el nieto de Dulce, sin dar explicaciones a su madre.

 

Este alejamiento fue una herida profunda para Dulce, que sentía que había perdido a su única hija y la posibilidad de ver crecer a su nieto.

En varias entrevistas confesó su dolor y su desesperación por proteger a Romina, pero también la impotencia ante la distancia emocional.

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Otro aspecto complejo de la vida de Dulce fue su relación con José José, quien fue fundamental para su carrera pero con quien mantuvo una relación ambigua.

Dulce dejó entrever en más de una ocasión que se sintió utilizada o dejada de lado en ciertos momentos, especialmente cuando su carrera comenzaba a despuntar y parecía amenazar el protagonismo del “príncipe de la canción”.

 

Aunque nunca expresó estas tensiones de manera directa, sus silencios y comentarios sugerían un sentimiento de desilusión que marcó una etapa importante en su vida profesional y personal.

 

Tras su triunfo en Mallorca y el ascenso a la fama, Dulce se encontró atrapada en un mundo donde todo debía ser perfecto, incluso cuando por dentro se sentía rota.

En entrevistas posteriores reconoció que hubo momentos en los que quiso renunciar a todo, pero que la música era lo único que le daba sentido a su existencia.

 

Sin embargo, en sus últimos años, el público comenzó a cuestionarla.

Se preguntaban por qué había dejado que su hija se alejara, por qué no regresaba a los escenarios con la misma fuerza, y algunos medios incluso la acusaron de haberse vuelto fría e indiferente.

 

Detrás de esas críticas había un dolor profundo, miedo y cansancio. Dulce enfrentó el juicio ajeno mientras lidiaba con la soledad y la pérdida de su vínculo más sagrado: el de la familia.

Mexican Singer Dulce La Cantante Dies at 69: She Leaves a 'Legacy that  Makes Us Vibrate and Reflect'

Durante años, Dulce vivió una guerra silenciosa contra el olvido, la indiferencia y el juicio público.

Su círculo íntimo se redujo, y aunque algunos amigos intentaron acompañarla, ella levantó muros difíciles de traspasar.

 

En medio de esta batalla, ocurrió un giro inesperado. Apenas semanas antes de la Navidad de 2024, Dulce recibió una llamada de su hija Romina, rompiendo años de silencio.

Fue un momento de reconciliación íntima y privada, donde madre e hija se abrazaron y comenzaron a sanar heridas que parecían irreparables.

 

Romina llegó con su hijo en brazos, y Dulce, con lágrimas en los ojos, acarició el rostro de su nieto y susurró palabras de amor y esperanza.

Este reencuentro fue un bálsamo para el alma de Dulce, quien en sus últimas semanas mostró una paz interior que muchos creían imposible.

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Dulce falleció el 25 de diciembre de 2024, rodeada de su hija y su nieto, con una sonrisa tranquila que reflejaba la paz alcanzada tras años de lucha.

No dejó cartas públicas ni grandes despedidas, solo su música y una historia de heridas que encontraron al final un alivio inesperado.

 

Su vida nos recuerda que detrás de la voz más dulce puede esconderse un eco de dolor y que el perdón, aunque difícil, es una necesidad para vivir en paz.

La historia de Dulce no es solo la de una artista que brilló en los escenarios, sino la de una mujer que amó con intensidad, sufrió con valentía y finalmente encontró el camino hacia la reconciliación.

 

Nos invita a reflexionar sobre la importancia de valorar a quienes amamos, de no juzgar sin conocer el dolor oculto y de tener el coraje para sanar heridas antes de que sea demasiado tarde.

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