Comentarios de Camila Zuluaga en Blu Radio elogiando lo “pegajoso” del jingle de Cambio Radical generaron una fuerte polémica en redes sociales.

La discusión sobre los jingles políticos volvió al centro del debate público en Colombia, esta vez por cuenta de los comentarios realizados en Blu Radio por la periodista Camila Zuluaga acerca de una pieza musical de campaña del partido Cambio Radical.
Lo que comenzó como un análisis ligero sobre la efectividad de las canciones electorales terminó generando una ola de cuestionamientos sobre la neutralidad periodística en tiempos de campaña.
Los jingles han sido históricamente una herramienta recurrente en la propaganda política.
Su objetivo es claro: fijar un mensaje en la memoria colectiva a través de melodías simples, repetición y ritmos pegajosos que apelan a la emoción del electorado.
En Colombia, diferentes partidos han recurrido a esta estrategia, adaptando ritmos populares para conectar culturalmente con sus audiencias y reforzar consignas electorales.
En medio de ese contexto, durante una emisión radial se comentó el jingle de Cambio Radical que incluye frases como:
“No, no, no, no. Otra vez con el pacto no, no prometieron cambio y fue improvisación. Petro y Cepeda mandando otra vez, por favor. No, no, no, no. Otra vez con el pacto. No, no. En el Congreso, Cambio Radical fue la muralla contra los peores proyectos”.
La pieza, claramente orientada a contrastar con el Pacto Histórico, se convirtió en tema de conversación en cabina.
Zuluaga expresó al aire: “Yo no sé, hemos hablado de los jingles (…) pero creo que el jingle más pegajoso, Óscar, dígame si usted lo ha oído, hasta el momento me ha parecido el de Cambio Radical”.
Añadió entre risas que incluso podría implicarles un cobro publicitario: “Acá nos van a cobrar la cuña, pero es que de verdad me parece que dentro de lo pegajoso, esto es lo más pegajoso que hemos escuchado hasta el momento en campañas políticas”.

En otro momento comentó: “Yo la bailo esta mañana. Yo estaba con mi muchachita arreglándola para el colegio y ella bailaba, no porque no me importe el mensaje, sino porque de verdad me parece la más pegajosa hasta el momento. Cumple con el propósito de que no se lo olvida uno, o sea, se le queda en el oído, o sea, pega y pega y pega”.
La periodista insistió en que su valoración se centraba en la efectividad musical y no en el contenido político.
Sin embargo, los comentarios fueron interpretados por varios usuarios en redes sociales como una promoción indirecta de la campaña.
El partido compartió fragmentos del momento radial en sus plataformas digitales, destacando que su jingle era “muy pegajoso” y retomando las palabras pronunciadas en la emisora.
Las reacciones no tardaron.
El comunicador Hernán Muriel escribió: “Qué deprimente, muéstrenlo en las universidades a las y los estudiantes de periodismo. Es un claro ejemplo de cómo no hacerlo”.
Por su parte, el creador de contenido Wally, conocido por sus críticas a medios tradicionales, cuestionó la escena señalando que evidenciaba una falta de distancia entre información y propaganda.
Otro usuario agregó: “¿Qué boleta será que el periodismo aún puede descender más? He visto más objetividad en dos marranos peleando por un plato de comida. Camila Zuluaga, un mínimo de pudor, por favor”.

El episodio reavivó el debate sobre los límites entre el análisis mediático y la difusión involuntaria de mensajes de campaña.
En época electoral, la legislación colombiana establece reglas claras sobre la publicidad política pagada y la responsabilidad de los medios frente a la equidad informativa.
Aunque en este caso no se trató de un espacio contratado por el partido, la percepción pública se convirtió en el eje de la controversia.
Más allá del caso puntual, el episodio refleja cómo las estrategias de comunicación política han evolucionado hacia formatos cada vez más emocionales y virales, donde la línea entre entretenimiento y proselitismo puede difuminarse rápidamente.
Los jingles, diseñados para “pegarse” en la memoria, cumplen precisamente esa función: ser repetidos, comentados y compartidos.
La discusión deja sobre la mesa una pregunta de fondo sobre la responsabilidad editorial en tiempos de polarización y campañas intensas.
Mientras algunos defienden que se trató de un comentario espontáneo sobre mercadeo político, otros consideran que la escena expuso una cercanía indebida con un mensaje partidista.
En un entorno mediático hiperconectado, cada palabra al aire puede convertirse en tendencia y cada reacción en combustible para un nuevo debate público.