Colombia se paralizó el 10 de enero de 2026 tras la muerte de Yeison Jiménez en un accidente aéreo y su multitudinario funeral en Manzanares, Caldas.

El 10 de enero de 2026, el país entero se vistió de luto tras la trágica muerte de Yeison Jiménez, el querido “Aventurero”, quien perdió la vida en un accidente aéreo.
Este día quedará grabado en la memoria colectiva de Colombia como un momento de profundo dolor y tristeza.
En un emotivo funeral que tuvo lugar en Manzanares, Caldas, miles de personas se agolparon para rendir homenaje a un artista que llenó de música y alegría sus vidas.
La llegada del féretro fue un momento que nadie quería presenciar.
“Estamos aquí para despedir a Jason Jiménez, un amigo, un hijo, un hermano”, resonó la voz de un familiar entre las lágrimas.
El ambiente estaba cargado de una tristeza palpable, un silencio que se interrumpía solo por los sollozos de quienes se congregaron para dar su último adiós.
“Hoy Colombia no canta, hoy Colombia llora”, se escuchaba en los murmullos de la multitud.

La escena era desgarradora.
Mientras el coche fúnebre avanzaba lentamente, cubierto de flores blancas y una bandera de Colombia, el llanto colectivo se hacía eco en cada rincón.
“No hay consuelo posible”, exclamó un asistente, reflejando el sentir general.
Las imágenes de la multitud, con ojos enrojecidos y pañuelos empapados, mostraban el impacto que tuvo la pérdida de Yeison en el corazón de su gente.
Al llegar al cementerio, la familia Jiménez se unió en una cadena humana, simbolizando la unión y el apoyo en medio del dolor.
“Es un momento que nadie, absolutamente nadie, quería vivir”, comentó un periodista, capturando la esencia de la tragedia.
La madre de Yeison, Luz, se desplomó en un grito desgarrador que resonó en el aire: “¡No me dejes!”, mientras sus otros hijos intentaban consolarla, enfrentándose a la cruda realidad de perder a su padre.

Los pequeños, con rostros marcados por la confusión y la tristeza, se acercaron al féretro.
Uno de ellos, temblando, se aferró al retrato de su padre, preguntando con voz entrecortada: “¿Cuándo va a despertar papá?” Este instante, capturado por las cámaras, mostró la vulnerabilidad de la infancia ante la muerte, un recuerdo que quedará grabado en la memoria de todos los presentes.
Las figuras del mundo de la música popular no tardaron en llegar, muchos de ellos con gafas oscuras y rostros compungidos.
“La música popular está de luto”, decía uno de los colegas de Yeison, mientras intentaba contener las lágrimas.
Cada vez que sonaba una de sus canciones, la multitud estallaba en un lamento colectivo, un tributo que reflejaba el impacto que tuvo Yeison en sus vidas.
A medida que avanzaba la ceremonia, los momentos de dolor se sucedían uno tras otro.
La hermana de Yeison, en un acto de desesperación, perdió el control y tuvo que ser auxiliada por paramédicos.
Su grito resonó en el recinto: “No me dejes, hermano”, un eco que hizo que muchos hombres fuertes bajaran la cabeza en señal de respeto.
“Ver a un padre enterrar a su hijo es algo que va en contra de las leyes de la naturaleza”, comentó un asistente, reflejando la gravedad de la situación.

La solemnidad del acto fue interrumpida por el sonido de las campanas de la iglesia, marcando el ritmo de una despedida que parecía no tener fin.
“Manzanares no duerme, Manzanares solo llora”, se escuchaba entre la multitud, mientras la realidad de la pérdida se hacía cada vez más palpable.
La llegada del cuerpo de Yeison marcó el punto de no retorno, un momento que dejó a todos en un silencio sepulcral.
Finalmente, el momento más temido llegó: el cierre del sepulcro.
El silencio que se apoderó del cementerio fue interrumpido solo por el viento y los sollozos de miles de almas que se negaban a aceptar la partida de su ídolo.
“Jason por siempre”, clamaban los presentes, mientras pétalos de flores caían como lágrimas sobre el cemento.
La madre de Yeison se acercó por última vez al féretro, acariciando la madera con manos temblorosas, un gesto cargado de amor y dolor.
El vacío que deja Yeison Jiménez es incalculable, un hueco en la música popular que nadie podrá llenar.
Su voz, potente y llena de sentimiento, permanecerá grabada en el corazón de una nación que hoy, más que nunca, canta sus canciones con el corazón hecho pedazos.
Este ha sido un homenaje a un hombre que, aunque ya no esté físicamente, vivirá por siempre en la memoria de quienes lo amaron.