
Eric del Castillo sigue trabajando en televisión a los 91 años, actualmente en la telenovela Vivir de Amor, una producción de Televisa Univisión que lo mantiene activo y visible.
En el set, su presencia no impone por soberbia, sino por historia.
Es el único actor con más de cinco décadas de trayectoria continua, un sobreviviente de la época dorada del cine y la televisión mexicana.
Aunque se siente fuera de sintonía generacionalmente, no hay resentimiento.
Al contrario, agradece seguir siendo aceptado por jóvenes actores que le recuerdan sus propios inicios.
Sin embargo, bajo esa gratitud hay una tristeza persistente.
Eric es consciente de que es uno de los últimos de su generación.
Las muertes recientes de colegas como Ignacio López Tarso, Andrés García y Fernando Almada lo han dejado con una sensación de soledad que ya no intenta ocultar.
“Mis amigos se han ido”, confiesa, y esa frase pesa más que cualquier aplauso.
A esta soledad se suman los estragos físicos del tiempo.
La degeneración macular le ha robado uno de sus mayores placeres: la lectura.
Ya no puede leer guiones ni libros, depende del teleprompter y de grabaciones que escucha una y otra vez hasta memorizar sus líneas.
Tras una cirugía de espalda, permanece sentado la mayor parte del tiempo.
Aun así, nunca llega sin prepararse.
La disciplina sigue intacta.
La familia es su ancla emocional.
La distancia con sus hijas, especialmente con Kate del Castillo, le pesa profundamente.
Habla con serenidad sobre las decisiones de ambas, incluso cuando no las comparte.
Respeta la independencia de Verónica, su decisión de no tener hijos y sus prácticas espirituales, como el reiki, que aunque no comprende del todo, admite que lo hacen sentir mejor.
Pero la verdadera sacudida llega cuando Eric decide mirar atrás sin idealizar su pasado.
Su infancia estuvo marcada por el miedo, la pérdida y la huida constante.
Su padre biológico, bombero, murió heroicamente en un incendio, una tragedia que lo marcó para siempre.
La relación con su padrastro fue tensa, casi insoportable, especialmente por diferencias religiosas que desembocaron en rupturas emocionales profundas.
A los 13 años, Eric fue encarcelado.
Pasó semanas en un centro para menores tras ser detenido mientras viajaba ilegalmente en tren.
Vivió intimidaciones, encierro y miedo.
En uno de esos episodios, incluso recibió un disparo mientras intentaba escapar, y más tarde tuvo que pagar el costo de la bala que lo hirió.
Creció demasiado rápido, aprendiendo lecciones que ningún niño debería enfrentar.
En una confesión que sorprendió al público en 2025, Eric admitió abiertamente que durante su adolescencia vivió lo que hoy reconoce como un complejo de Edipo.
Estaba profundamente unido emocionalmente a su madre y no soportaba a su padrastro.
Esa tensión lo llevó a escaparse de casa más de diez veces.
Para él, no fue una anécdota psicológica, sino el núcleo de su rebeldía y de muchas decisiones que marcaron su vida adulta.
Su camino hacia la actuación no fue planeado.
Consideró incluso el sacerdocio, pero el encierro volvió a perseguirlo.
Fue una intuición silenciosa, que él describe como la voz de su madre, la que lo llevó a estudiar actuación.
Al entrar a la academia de Andrés Soler y ver las imágenes de leyendas como María Félix y Pedro Armendáriz, supo que había encontrado su lugar.
Con más de 300 películas, décadas de teatro y telenovelas, Eric nunca se vio a sí mismo como galán.
Se ve como un trabajador del arte, alguien que encontró en la actuación una forma de resistir el aburrimiento, la tristeza y la soledad.
Hoy interpreta personajes sabios, nobles, figuras que dan visibilidad a los adultos mayores, y encuentra en ello un propósito.

Las controversias que rodearon a Kate del Castillo fueron uno de los momentos más duros para la familia.
Eric ha sido claro: lo único que le importó fue la verdad y la seguridad de su hija.
Agradeció públicamente que, pese a todo, ella fuera respetada.
No habla desde el juicio, sino desde el alivio de verla viva, libre y feliz.
En el amor, Eric habla con gratitud.
Su matrimonio de más de cinco décadas sobrevivió crisis, separaciones e incluso intentos de divorcio.
Hubo un momento en que vivió en una tienda de campaña en Cuernavaca, pero el dolor en el rostro de sus hijas lo hizo regresar.
Hoy, dice que con una sola mirada él y su esposa se entienden.
A los 91 años, Eric del Castillo no se presenta como un héroe perfecto.
Se muestra como un hombre que sobrevivió al miedo, al encierro, a la pérdida y a sus propios demonios.
Su confesión final no destruye su leyenda, la humaniza.
Y quizás por eso, resulta mucho más impactante de lo que cualquiera esperaba.